Planet 51

Cultura · Víctor Alvarado
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5 diciembre 2009
Últimamente se está poniendo de moda dar la vuelta a la tortilla a las historias a las que estamos habituados, es decir, contar un relato desde otro punto de vista. Éste es el caso de Planet 51 (2009), una coproducción española-británica, pero con un capital humano prácticamente nacional. Lo que en este largometraje se cuenta es la historia al revés. En vez de que un extraterrestre invada la Tierra, será un ser humano el que visite un planeta repleto de alienígenas.

La dirección corresponde a tres hombres (Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez) que resultan conocidos en el mundo del videojuego, concretamente del internacionalmente conocido por el nombre de Commandos, uno de los videojuegos más conseguidos y exitosos de la factoría española Pyro Studios. Los primerizos cineastas imprimen al largometraje un ritmo trepidante, que no cesa en ningún momento, que incluso impide que se pillen algunos de los chistes u homenajes a otras películas. La lista de guiños a otras producciones es innumerable, como a ET, el extraterrestre (1982); la carrera de vainas de Star Wars: Episodio I. La amenaza fantasma (1999); los militares de Encuentros de la tercera fase (1977); el bichito de El vuelo del navegante (1986), junto con otros que seguro que se nos escapan.

Además, esta cinta juega con el cine de serie B norteamericano y con el motor económico que supuso este género cinematográfico tan característico. Todo ello sin olvidar el fenómeno Ovni, que disfrutó de su momento álgido en los años 50. Por cierto, la citada época ha sido caracterizada magníficamente con todo lujo de detalles.

Cambiando de tema, se trata de la producción más cara de la historia del cine, pues ha costado nada más y nada menos que 42 millones de euros y la productora ha conseguido distribuirla en 3.500 salas del país de los sueños, que para dar mayor repercusión a su inversión no ha escatimado en gastos, contando para su versión doblada en inglés con un  elenco de actores inmejorables, como Jessica Biel, Gary Oldman o John Cleese.

Es digno de alabanza que el cine español del último mes haya abandonado momentáneamente la ideología tan sectaria de la que hace gala para dedicarse al cine de palomitas, demostrando que nada tiene que envidiar a la meca del cine. Se puede comprobar que, cuando hay calidad sin politiqueo, la gente aficionada a la gran pantalla no da la espalda a los realizadores españoles.

Por último, hay que reconocer que la cinta en cuestión nos parece divertida. Sin embargo, todavía no posee el trasfondo tan humano con el que dota Pixar a sus obras cinematográficas. De todas formas esperamos que mejore en ese aspecto.

Finalmente y desde el punto de vista técnico, nos quedamos con el traje del astronauta y con su mascota, un personaje que hace las delicias de los más pequeños, aunque yo me quedo con la mirada de la alienígena protagonista. ¿Me habré enamorado de una marciana?

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