La misericordia se hizo carne

Cultura · Antonio R. Rubio Plo
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2 julio 2024
En "Filosofía de la misericordia" encontramos un lenguaje carnal para la misericordia. Bien podríamos decir, y pienso que el autor estaría de acuerdo, que la misericordia se hizo carne y habitó entre nosotros. Toca ahora que nuestra carne se haga misericordia.

Hay libros que atraen solo por su título, y es un acierto ponerles un determinado título en vez de otro, pues esto puede influir mucho en su difusión. Es lo que me ha llamado la atención con Filosofía de la misericordia (Ed. Encuentro) del sacerdote y teólogo Alfonso Pérez de Laborda. Cayó este libro en mis manos y busqué en él un concepto de la misericordia inspirado por el papa Francisco. Estaba equivocado, pues el libro no era ningún tratado sobre la misericordia sino una recopilación de artículos, reseñas de libros y reflexiones en lo que lo personal es teológico, y lo teológico es personal. A veces el texto me parece una exhibición de filosofía y teología poéticas, escrita por alguien diestro en el uso de la palabra, y a la vez testigo de la Palabra, pues el autor se cuenta también entre los exégetas. No es un libro de fácil lectura, pero sí es un libro que puede ser de lectura agradecida, agradecida porque me hace caer en la cuenta de un nuevo Mediterráneo: la teología cristiana o es una teología de la carne o no es nada. Por eso, descubro, sin ninguna sorpresa, que el autor también publicó hace unos años Un discurso sobre la carne (Ed. Encuentro).

Siempre he percibido una contradicción entre el materialismo que domina a muchas ciencias humanas y una teología desencarnada, “espiritualista”, muy influenciada por el idealismo alemán y sus continuadores. Esa teología se distancia del mundo real por la pretensión de resultar creíble, pero convierte el cristianismo en patrimonio de unos pocos iniciados. No era esa la teología que gustaba a Joseph Ratzinger, y menos todavía a Pérez de Laborda, porque en ese tipo de teología no es necesario ser creyente, al menos en el Verbo hecho carne, sin el cual el cristianismo es un gnosticismo más. Hace más de un siglo que surgió la figura del teólogo no creyente, el polo opuesto de esa teología “de rodillas”, recomendada por Ratzinger, citado por Pérez de Laborda en su obra. En otro momento, el buen criterio del autor nos recuerda que para filosofar no hay que dejar de creer, y para creer no hay que dejar de pensar.

Foto: Ed. Encuentro

Añado, además, como lector habitual de libros de filosofía, mi percepción de que cierta teología, no solo protestante sino también católica, ha separado radicalmente la fe de la razón, lo que contrasta con la afirmación del autor de que la fe debería ser siempre razonable. Cabe añadir que, si no es así, solo tendremos una religiosidad difusa y abstracta, que no es capaz de asumir el misterio de la Encarnación. Tampoco se valorará la Eucaristía, aunque se de mucha importancia a la predicación de la Palabra, y se reducirá a lo puramente simbólico, algo así como una bandeja en los que asistentes a una ceremonia litúrgica tomaran voluntariamente un pedacito de pan.

De una u otra manera, el discurso sobre la carnalidad es la esencia de este libro y la de las enseñanzas y la predicación de Alfonso Pérez de Laborda, que cree en la sacralidad de la carne. Hay interesantes páginas sobre la creación, la libertad y la belleza, que en esta obra aparecen como inseparables. No faltan tampoco recuerdos de distintas etapas de la vida del autor, de sus años de infancia y juventud, de sus estudios y profesorado en Lovaina, de su carrera posterior en Salamanca y Madrid… Recorro ese relato buscando alguna referencia sobre la misericordia. No he encontrado esa palabra, pero la he descubierto al final de uno de los capítulos iniciales. Una conclusión breve y certera: “entrañas de misericordia”. Una vez más, un lenguaje carnal para la misericordia. Bien podríamos decir, y pienso que el autor estaría de acuerdo, que la misericordia se hizo carne y habitó entre nosotros. Toca ahora que nuestra carne se haga misericordia.


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