La punta del iceberg

Cultura · Víctor Alvarado
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10 mayo 2016
Al salir de la sala tuve la impresión de que el problema de esta historia radicaba en que no resultaba verosímil, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que estaba basada en los hechos ocurridos en la Renault francesa en los años 80. No obstante, mi respeto hacia esta producción crece a medida que pasan los días tras su visionado.

Al salir de la sala tuve la impresión de que el problema de esta historia radicaba en que no resultaba verosímil, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que estaba basada en los hechos ocurridos en la Renault francesa en los años 80. No obstante, mi respeto hacia esta producción crece a medida que pasan los días tras su visionado.

Sofía es una directiva de una importante multinacional, a la que le encomiendan la difícil misión de descubrir qué se esconde detrás del suicidio de tres empleados pertenecientes a una filial de la empresa matriz.

El director novel David Cánovas ha sido el encargado de dirigir este largometraje que ha tardado dos años en estrenarse, ya que el rodaje terminó en diciembre de 2014. Este realizador adapta la obra de teatro de Antonio Tabares, transmitiendo la lógica frialdad de este tipo de corporaciones en las que el ser humano es considerado una simple pieza del engranaje que, como dice uno de los personajes, recuerdan a la célebre película de Charles Chaplin Tiempos modernos. Los diálogos resultan muy clarificadores y se mantiene la intriga hasta final. En pequeños detalles se nota la inexperiencia del director, su montaje no es del todo redondo. Sin embargo, con estos buenos mimbres, el presente y el futuro de este realizador están garantizados.

Tanto los actores secundarios como los principales, como Carmelo Gómez, están muy bien. Maribel Verdú expresa la impotencia de una gran mujer enfrentándose a una especie de Goliat que se las sabe todas. Por cierto, los citados intérpretes ya habían trabajado juntos en la tierna Canción de cuna de José Luis Garci.

Salvando las distancias, porque no está abierta a la trascendencia, esta historia recuerda a los largometrajes de Frank Capra. La punta del iceberg presenta un aroma capriano por esas personas que se enfrentan a un ente que les supera, luchando por una causa que consideran justa. Si en algunas ocasiones hemos criticado la incoherencia y la limitación de la libertad del sistema de producción comunista, esta interesante cinta es una denuncia al capitalismo feroz, que no tiene en cuenta los derechos del trabajador y la vida personal de sus empleados, olvidándose de su dignidad, puesto que solo sé fija en los beneficios económicos, deshumanizando la vida laboral. Este aspecto del buen trato es cuidado por algunos empresarios, aunque cada vez más se está entendiendo en muchos de ellos el desprecio por los trabajadores.

Finalmente, la cinta refleja las graves secuelas psicológicas que el aborto deja en las mujeres y las presiones a las que estas se ven sometidas para no quedarse embarazadas si quieren ascender, un hecho muy generalizado en la sociedad del siglo XXI.

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