Editorial
Dos meses escasos para que termine 2017 y se puede decir que en Europa hemos parado el golpe. La política monetaria expansiva del BCE, que muy poco a poco se va reduciendo, ha permitido mantener un cierto crecimiento económico. Francia y Alemania han frenado los populismos. La UE ha ganado peso por su firmeza en la negociación del Brexit y se ha hecho imprescindible para que la crisis de Cataluña fuera encauzada de forma razonable. No podemos ni imaginar lo que hubiera significado para España la pretendida secesión sin el auxilio de la Comisión o en el Parlamento europeo. Puigdemont, el expresidente catalán fugado de la justica, solo ha encontrado cierto eco en Bruselas porque Bélgica es un país separado por un muro, el que divide al nacionalismo flamenco del nacionalismo valón.
La inteligencia tiene nombre de encuentro
05.11.2017
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