Grandes esperanzas

Cultura · Víctor Alvarado
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2 abril 2013
Charles Dickens es una de las más importantes figuras de la literatura universal del siglo XIX. Sus obras han recibido multitud de adaptaciones cinematográficas, sobre todo, su célebre cuento de Navidad. En esta ocasión, la BBC nos ha dado la oportunidad de conocer una de sus creaciones más personales, según los expertos en el tema, ofreciéndonos la cuarta versión de Grandes esperanzas.

Esta película cuenta las peripecias de Pip, un chico de campo que ayuda a un delincuente hambriento, que se encuentra en una situación desesperada. Este generoso gesto  será recompensado  por el citado ladrón, que intentará redimirse, colaborando con una asignación económica para que ese muchacho se convierta en un caballero y conquiste al amor de su vida.

Mike Newell, conocido por sus trabajos en Cuatro bodas y funeralLa sonrisa de Mona Lisa y por Harry Potter y el cáliz de fuego, se ha atrevido con todo un clásico, intentando ser fiel al estilo "dickensiano", tratando de explicar las notables diferencias sociales como consecuencia de la revolución industrial. No nos ha parecido mal su fidelidad, pero creemos que  debía haber pensado más en el espectador, ya que Grandes esperanzas (2012) carece de dinamismo y, probablemente, habrá reflejado el modo de vivir de la época. Sin embargo, la iluminación deja mucho que desear y tanta oscuridad termina por resultar insoportable, quitándole enteros, que no le permiten superar el aprobado, aunque los giros argumentales te permiten mantener el interés a ratos.

El reparto está compuesto por Jeremy Irvine, recordado por su trabajo en War horse, Ralph Fiennes y una irritante Helena Bonham Carter que más que un personaje del escritor, recuerda a cualquiera de sus participaciones en las películas de Tim Burton.

Esta producción se sustenta en una serie de valores universales y perfectamente  entendibles para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Llama la atención la sencilla manera en la que los comensales bendicen la mesa. El personaje que encarna Ralph Fiennes se ve reflejado en el chico y se supera a sí mismo, convirtiéndose en el padre adoptivo de ese muchacho.

Tampoco nos podemos olvidar de que esta cinta conserva la esencia  del autor, mediante un mensaje que propone romper las barreras de una sociedad como la británica en la que las clases sociales estaban y están tan marcadas. No obstante si me tuviera que quedar con alguna escena, elegiría los momentos en los que aparece el cuñado  y amigo del protagonista, pues  es el que tiene más claro, donde se encuentra la verdadera felicidad, que no está en lo material, sino en algo más profundo como la amistad sincera sin prejuicios de ningún tipo.

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