España cesa

Cultura · Cristian Serrano
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19 junio 2014
Vista cansada, piernas agotadas y una palabra que no a pocos escandaliza: perdón. Así fue el adiós de un equipo que consiguió en seis años lo que muchos no han logrado en toda su historia. La era que comenzara con El  Sabio en 2008 cambiando músculo por clase, a la que dio continuidad El Marqués se despidió en el templo donde el fútbol se hizo eterno. Y lo hizo de forma sangrante, traumática. Fue un querer y no saber.

Vista cansada, piernas agotadas y una palabra que no a pocos escandaliza: perdón. Así fue el adiós de un equipo que consiguió en seis años lo que muchos no han logrado en toda su historia. La era que comenzara con El  Sabio en 2008 cambiando músculo por clase, a la que dio continuidad El Marqués se despidió en el templo donde el fútbol se hizo eterno. Y lo hizo de forma sangrante, traumática. Fue un querer y no saber.

Maracaná esperaba y fue testigo ante una gran masa chilena de la caída definitiva de una España que había llegado al Mundial estrenando estrella pero escaseando en lo físico y lo anímico. A esas dos carencias se les unieron las tácticas.

La selección española, como ya sucediera frente a Holanda, parecía padecer Alzheimer. Un equipo que aprendió a jugar acumulando personal de calidad en veinte metros vio como, bien fruto del miedo, bien fruto del cansancio, huyó del balón. Cada uno hacía lo que podía en un metro cuadrado y presionado por dos o tres contrarios. Y el resto a esperar a que el compañero inventase algo.

Ha pasado España muy deprisa de mandar a ser vulnerada. Hay, por tanto, un problema de fútbol. La pérdida de seguridad defensiva trasladó la inquietud a todo el combinado. El balón les abrasaba. Del Bosque volvió a ver en Diego Costa su referente. No era un Mundial para hacer pruebas y más sabiendo del estado dubitativo de los jugadores. Y sí pudo ser el campeonato de Koke, que fue el único que introdujo aire fresco, algo de alegría cuando ya todo sonaba a desdicha.

No era un sueño irracional pensar en seguir haciendo historia, pues estos tíos nos han acostumbrado a vencer en todo. Al caer, conscientes ellos de lo logrado en el último sexenio, solo les quedaba una cosa. Corazón en mano pidieron perdón. No entra en los parámetros  habituales semejante afirmación. Sin embargo, estos han roto esquemas hasta en la derrota.

Una transición nunca es cómoda. En ella está intrínseco el sufrimiento, los interrogantes, la búsqueda de responsabilidades y el vértigo ante el futuro. Es un paso de la esclavitud a la libertad. Pero partimos con ventaja, pues el fútbol español está muy vivo. Hay una generación que pide paso al grito de: ¡Volveremos!

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