Sugar Man

España · PaginasDigital
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16 diciembre 2013
Hay veces que la música no es más que un pasatiempo, una huída de la realidad. La música tiene la capacidad de transportarnos a regiones de felicidad, de hacernos olvidarnos de los problemas.  Pero hay veces que la música es mucho más que eso.

Hay veces que la música no es más que un pasatiempo, una huída de la realidad. La música tiene la capacidad de transportarnos a regiones de felicidad, de hacernos olvidarnos de los problemas.  Pero hay veces que la música es mucho más que eso.

Uno está escuchando indolentemente música y de repente oye algo que le saca de la medianía en la que está y le transporta a otro nivel. No me refiero a otro nivel en el sentido del TOPICAZO. Me refiero a que de repente uno se da cuenta cuál es su verdadera identidad. Escuchamos una canción y es como si, de repente, encontráramos nuestro propio rostro, hasta entonces oculto.  Parece entonces como si en nuestro interior se rompiera una cadena que nos aprisionaba y que no nos dejaba respirar bien.Una cadena con la que nos habíamos acostumbrado a vivir pero que, una vez caída, nos descubre que llevábamos tiempo oprimidos por una mentira. ¿Qué es lo que hace que un artista llegue hasta lo más hondo de nuestra alma? ¿Qué mecanismos se mueven para que alguien escriba una canción, y a mil kilómetros de distancia, otra persona la escuche y sienta como si Dios le estuviera hablando solo a él? ¿Cómo es posible que una canción tenga el poder de revelar la verdad de nosotros mismos, hasta el punto de cambiar nuestro modo de mirar la vida y hacernos actuar?

Este es el efecto que, sin saberlo, consiguió Sixto Rodríguez, cantante prácticamente desconocido aún hoy, pero con una historia increíble.  Para saber el relato completo de este hombre, remito a mis lectores al documental “Searching for Sugar Man”, estrenado este año y premiado con el Óscar al mejor documental. Sixto Rodríguez era una especie de tío raro que cantaba en bares de mala muerte a principios de los setenta en la pringosa ciudad de Detroit. Le daba tanta vergüenza que tocaba de espaldas al público. Unos productores lo descubrieron una noche y quedaron fascinados por sus letras y por su forma de cantar, por lo que le propusieron grabar un disco. Estaban tan convencidos de que iba a ser un éxito que no escatimaron esfuerzos. Pero, contra todo pronóstico, el disco (llamado Cold Fact) resultó ser un rotundo fracaso. Un segundo intento (Coming from Reality) obtuvo idéntico recibimiento. El caso es que la carrera musical de Rodríguez pareció acabarse allí. Corrió el rumor de que se había suicidado de forma grotesca durante una actuación. Fuera como fuese, el caso es que desapareció. Sin embargo, los discos de Rodríguez tendrían una fecundidad inesperada en otro lugar del planeta: en Sudáfrica anterior a Mandela, herida por una complicadísima situación política. Los dos discos de Rodríguez calaron muchísimo en un sector de la sociedad sudafricana, conviertiéndose en una referencia para una generación de jóvenes. El documental narra cómo, años después, unos fans sudafricanos empiezan a investigar sobre Rodríguez y lo que descubren.

Les animo a que vean el documental si pueden, ya que, además de la historia y la música, tiene una fotografía preciosa. Pero también les advierto que la película abre bastantes más preguntas que las que resuelve. Este uno de los motivos por los que me he decidido a escribir sobre él. Otro motivo es dar a conocer a este cantante, casi desconocido en España, pero del que sus admiradores dicen que no tiene nada que envidiar a Bob Dylan.

Como  la música habla por sí sola, cierro la entrada con una canción y su correspondiente traducción (las letras son muy potentes). De las muchas que se podrían elegir, les propongo la que da título a esta entrada y a la película, Sugar Man. Según el documental, Sugar Man es el nombre que Rodríguez y sus amigos le daban al hombre que les daba el ”azúcar”. No he encontrado en youtube una versión original con subtítulos en castellano que me satisficiera, así que les copio aquí la traducción, tomada de otro vídeo con la canción en directo. La letra me parece una forma increíble de hablar de la apariencia y mentira asfixiante que muchas veces parecen definir nuestra existencia y los modos de tratar de huir de ella.

Hombre de azúcar, ¿te darás prisa? Porque estoy cansado de estas escenas

Por una triste moneda, ¿le devolverás todos esos colores a mis sueños?

En mágicos barcos plateados transportas anfetas, coca, dulce María.

Hombre de azúcar, hice un amigo falso en un solitario y polvoriento camino

Perdí mi corazón y cuando lo encontré se había convertido en un trozo de carbón.

Hombre de azúcar, eres la respuesta que hace desaparecer mis preguntas.

Hombre de azúcar, porque estoy harto de estos dobles juegos que escucho

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