Cartas a la extrema derecha

España · Javier Folgado
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25 junio 2024
Anda preocupado nuestro presidente ante el ascenso de la extrema derecha pero su estrategia parece contraproducente. Es necesario preguntarse el por qué de dicho crecimiento.

Diferentes partidos del espectro ultra derecha o extrema derecha (no nos ponemos de acuerdo en cómo llamarlos) han subido ostensiblemente su apoyo en las pasadas elecciones europeas. Es erróneo poner al mismo nivel Alternativa por Alemania (Afd) o Reagrupamiento Nacional (Le Pen) que a Vox o Hermanos de Italia de Meloni. De hecho se encuentran en diferentes partidos en el Parlamento Europeo: Identidad y democracia, los alemanes y franceses y Conservadores y Reformistas (los españoles e italianos).

Ante dicho avances más el apoyo de Milei nuestro Presidente, aparte de dedicarse a mandar cartas, se ha erigido en el adalid de la lucha contra la extrema derecha.

¿Por qué este auge? ¿Por qué suben los populistas de un signo u otro? Es complejo cerrar esta pregunta con una respuesta definitiva pero hay varios factores que me parecen pueden ayudar a entender el fenómeno.

En primer lugar los partidos que han ocupado el centro derecha y el centro izquierda se han convertido en un fin en sí mismo (son una agencia de colocación de empleo) y la “sufrida” clase media los mira con recelo. Además no han sido capaces de dar respuesta a problemas ciertamente complejos y globales (inmigración, ecología, vivienda,…) principalmente por su incapacidad para ponerse de acuerdo entre ellos y hacer políticas a largo plazo.

Un segundo aspecto es la cultura de la cancelación. El que queda fuera del discurso de lo políticamente correcto es ridiculizado y denigrado. Muchos de los que votaron a Alvise no lo confesarían en una encuesta pero sí en un voto secreto. Necesitamos una conversación real sobre nuestras preocupaciones y discrepancias donde el miedo se canalice. Un ejemplo paradigmático de esto es la inmigración donde muchos políticos sin escrúpulos lo usan para generar polarización.

Es necesario recoger lo que preocupa al votante de la derecha extrema y valorar la parte de verdad que pueda tener y desmontar con razones aquellas que son irreales y otras que pueden estar sobredimensionadas.

Sus fantasmas, más o menos reales, deben de tener el contrapunto de la realidad. Uno puede tener miedo a un inmigrante hasta que tiene la experiencia positiva de conocer a uno donde los miedos se diluyen. Como en aquella fantástica película “American History X” donde un neonazi conoce a un negro en la cárcel. Poco a poco empieza entre ellos una relación de amistad que supera sus prejuicios.

Es legítima la preocupación por la seguridad frente a la inmigración. Es cierto que si no se integran puede ser fuente de problemas y que el estado debe de poseer mecanismos de defensa que pueden implicar, por ejemplo, la expulsión de un ciudadano extranjero (como ya se hace) que ha cometido ciertos delitos. Pero no es menos cierto que es totalmente injusto criminalizar a toda una población y que hay un deber de humanidad en su acogida. Si no somos capaces de integrarlos ¿será que en el fondo no tenemos nada que ofrecerles como hipótesis cultural?

Un tercer aspecto es la falta de sujeto crítico, crece el desinterés por las noticias como ha salido en días pasados en las noticias. Nos gusta más el zasca fácil, que un razonamiento complejo. Ya se sabe que los populistas ofrecen respuestas sencillas a problemas complejos.

Y por último existe una rabia que no viene sólo de problemas económicos sino por una falta de gusto por el vivir. Hace unos días conversaba con un padre ecuatoriano del colegio de mis hijos. Ya llevaba muchos años en España y envidiaba el nivel de vida de algunos ricos para los que trabaja. Es una persona de clase media que no pasa apuros económicos incluso se va a ir unos días a la playa con su familia pero había un resquemor por no tener el nivel de vida de “los ricos”. Yo le preguntaba, ¿qué es un lujo tener un yate o un bonito día de campo con la familia y los amigos? Sin una respuesta verdaderamente humana a esta pregunta la rabia nos vencerá y como dice Moisés Naím (La revancha de los poderosos) “las masas agraviadas propulsan al poder a quienes, además de reparación, ofrecen venganza”. El periodista venezolano afirma agudamente que los dirigentes autócratas han aprendido a incitar la rabia de la gente contra las élites para utilizarla como un instrumento de su poder. No es fundamentalmente un problema de pobreza sino de rabia por una vida que no está cumplida.

Combatir a la ultraderecha o extrema derecha no pasa por menos derecha sino por mejor derecha (también valdría la frase si cambiamos derecha por izquierda). Y valga la comparación, como la solución frente al yihadismo no pasa por menos islam sino por mejor islam.

La estrategia de Sánchez da alas a la extrema derecha más aún cuando pone en el mismo saco distintos acentos que poco tienen que ver. Tiene el efecto de cerrar filas entre los suyos pero lleva a una polarización que es muy negativa para el país.


Lee también: Sánchez-Milei: el «show» debe continuar


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