Subida del IVA: las familias con hijos, más pobres

España · Teresa López López
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30 junio 2010
El envejecimiento de la población, la caída de la natalidad, la aparición de nuevas formas de convivencia que vienen acompañadas, según muestran todas las estadísticas europeas, de mayores de tasas de riesgo de pobreza, y otras causas coyunturales hacen que se acepte, casi por la totalidad de los responsables políticos, la necesidad y urgencia de arbitrar políticas de apoyo a la familia.

Pero además de estas razones de tipo coyuntural, y por tanto cambiantes en el tiempo, no debe olvidarse que la familia es una institución indispensable para la estabilidad social. Entre otras funciones, en ella se lleva a cabo una redistribución de la renta entre sus miembros, especialmente necesaria en tiempos de crisis como los que ahora vivimos. Todo ello, aun produciéndose en un ámbito estrictamente privado, repercute en la sociedad e incluso en los poderes públicos, que ven disminuir las necesidades que deben atender, especialmente desde la perspectiva económica.

Sin embargo, la realidad es clara y tozuda, y a pesar de este mayor interés que parece haberse producido en torno a la importancia de la familia, los responsables de las políticas públicas no siempre la tienen en cuenta. Es más, en ocasiones, determinadas actuaciones son totalmente contrarias a sus intereses, e incluso pueden llegar a perjudicar, de manera especialmente significativa, a las familias con mayor número de hijos. Esto es lo que ocurre con la irremediable e inmediata subida de los tipos impositivos del IVA desde el 1 de julio.

Al tratarse de un impuesto que grava el consumo, sus tipos son idénticos para los consumidores, con independencia de su nivel de renta. Pero las consecuencias de esta subida no serán iguales para todos, porque tampoco son idénticas la estructura y la composición del gasto que realizan las personas que viven solas y las que lo hacen en familia. Aquellas que tienen hijos consumen productos que normalmente no son adquiridos por una persona que vive sola, o por una pareja sin hijos: pañales, colonias infantiles, comida para bebés, más productos de limpieza, ropa infantil, etc. Cuando vemos un carrito en el supermercado es seguro que, sin equivocarnos, podemos saber cuál es el perfil de la familia que está haciendo la compra. Por ello, la subida de los tipos impositivos del IVA afectará claramente a las economías de las familias y lo harán, en mayor proporción, en aquellas con mayor número de hijos, como demuestra un estudio realizado en la Fundación Acción
Familiar disponible en la red (www.accionfamiliar.org – Documento de Trabajo 01/2010). En él se calcula el esfuerzo fiscal que realizan las familias españolas cada vez que consumen y los posibles efectos de estas subidas atendiendo a la composición de su consumo.

Los resultados del citado trabajo muestran que el hogar formado por una pareja con más de tres hijos tendrá un tipo efectivo medio de gravamen del IVA de 10,40, lo que implica 1,5 puntos de imposición más que en el hogar formado por una persona sola. Las familias españolas con mayor número de miembros serán, sin ninguna duda, las que soportarán en mayor medida este aumento en el impuesto, cuyo principal objetivo no es otro que aumentar la presión fiscal, es decir, la recaudación en relación al PIB, y que probablemente no logre al retraer el consumo.

Es evidente que la subida del IVA no sólo no constituye una política de apoyo o protección a la familia, sino todo lo contrario. No parece justo y es contrario a la equidad que tengan que ser ellas las que deban financiar esta subida de impuestos, sobre todo cuando están desempeñando un papel redistributivo entre las generaciones y actuando como un colchón de protección social que el Estado sería incapaz de asumir si éstas dejaran de hacerlo, en una situación económica como la actual, con casi 5 millones de parados. Aunque el gobierno socialista aprobó la conocida renta de emancipación para ayudar a los jóvenes a salir del domicilio de los padres, porque no les parecía bueno que padres e hijos convivieran bajo el mismo techo muchos años (¿?), esa política de ayuda a la emancipación no parece haber logrado su objetivo, ya que muchos de esos jóvenes (colectivo con una tasa de paro de más del 50%) continúan viviendo con su familia, o han tenido que volver con ella, ya que es la única institución capaz de darles la ayuda que necesitan y es quien realmente está soportando el peso de la crisis.

Esta familia es la misma a la que, además de haberle recortado las ayudas a la dependencia, eliminado el cheque bebé, rebajado los salarios cuando se trata de funcionarios, congelado las pensiones de los abuelos que ayudan en el cuidado de sus nietos… ahora deberá pagar más impuestos.

Es evidente que las familias españolas serán aún más pobres a partir de 1 de julio a no ser que dejen de gastar en comida, vestido, luz, agua, etc. Es decir, a no ser que dejen de consumir. Pero si lo hacen y sobreviven a ello, el país será aún más pobre, la salida de la crisis será más difícil, la recaudación bajará todavía más, el déficit público seguirá creciendo y entonces, cuando se evalúen los resultados de esta medida, se podrá comprobar que no era la más adecuada.

Sólo nos queda pedir a los responsables políticos un poco más de imaginación en las medidas para controlar el déficit, algo imprescindible en estos momentos. Hay que buscar repartir la carga de la crisis entre todos los colectivos sociales y no concentrarla especialmente en uno. Si seguimos presionando a la familia, quizá no sólo estropeemos todavía más la economía, sino que además lo hagamos perjudicando a la principal institución social, que es por otro lado la que más ayuda a las personas en situaciones de crisis y la más valorada por todos los españoles: la familia.

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