Socios en el radicalismo catalán

España · M. Medina
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23 marzo 2009
Media España estaba de puente y la otra media, o la que aún seguía pendiente de la actualidad, estaba atenta al anuncio de la retirada de las tropas de Kosovo y al enfado de la OTAN y Estados Unidos. Por eso han pasado algo inadvertidos los últimos movimientos de Zapatero para conseguir superar su soledad en el Congreso de los Diputados.

Todo indica que estamos ante una de esas jugadas a varias bandas que tanto le gustan al presidente del Gobierno. El apoyo de ERC e ICV, los dos partidos con los que los socialistas gobiernan en Cataluña, le vendría de cine. Son grupo parlamentario en Madrid y si cuenta con ellos le faltarían sólo dos diputados para contar con una nueva mayoría. Así podría olvidarse tranquilamente del PNV y de CiU.

ERC e ICV necesitan estar, quieren estar, en el Gobierno catalán. Por eso Zapatero ha filtrado que podría adelantar las elecciones catalanas para contar con el apoyo de CiU en Barcelona y en Madrid. Les ha intentado amedrentar y rebajar sus pretensiones. ERC la semana pasada volvió con su "lista de la compra" que tanto les justifica ante sus electores: acuerdo de financiación ya, más competencias y una resolución favorable del Tribunal Constitucional al Estatuto de Cataluña. Ha comenzado, otra vez, el regateo de siempre, la impúdica bilateralidad. 

En la pasada legislatura a Zapatero le funcionó. En esta ya veremos. Se va a entender muy mal que el presidente del Gobierno, con una crisis de cuatro millones de parados, en lugar de acercarse al PP para alcanzar algo parecido a ese "pacto nacional" que le reclama el presidente del BBVA, Francisco González, y que tan buen resultado dio en la transición con los Pactos de la Moncloa, busque socios radicales que aumentan el ya disparado déficit.

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