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Pertinencia de un nacimiento

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20 diciembre 2014
La libertad derrotada por la crisis. La Ilustración frustrada por el fracaso del Estado del Bienestar. Esa es, según Todorov, la situación de Europa en este final de 2014. El pensador de origen búlgaro, que tanto ha hecho por crear un nuevo pensamiento positivo y por revindicar los valores ilustrados, se confesaba hace unos días en el diario El País: los ideales que cambiaron el Viejo Continente son irrealizables, al menos para los pobres. Aguda denuncia cuando la clase media desaparece.

La libertad derrotada por la crisis. La Ilustración frustrada por el fracaso del Estado del Bienestar. Esa es, según Todorov, la situación de Europa en este final de 2014. El pensador de origen búlgaro, que tanto ha hecho por crear un nuevo pensamiento positivo y por revindicar los valores ilustrados, se confesaba hace unos días en el diario El País: los ideales que cambiaron el Viejo Continente son irrealizables, al menos para los pobres. Aguda denuncia cuando la clase media desaparece. “Los individuos pobres no son libres –señalaba Todorov–. Cuando no puedes encontrar medios para tratar tu enfermedad, cuando no puedes vivir en la casa que tenías porque ya no la puedes pagar, no eres libre. La libertad no la puedes ejercer si no tienes poder y entonces se convierte solo en una palabra escrita en un papel”.

Nosotros modernos, que hicimos triunfar las revoluciones más difíciles, que levantamos un continente devastado por el estalinismo y el nazismo, que resistimos con dignidad la bota del marxismo, ahora estamos derrotados por la sumisión de la política al mercado. Pero podría ser que esta derrota tuviera raíces profundas. Si la libertad es poder hacer, a lo mejor todo empezó en el momento en el que se escribe eso que Finkielkraut llama la “verdadera Biblia de la Edad Moderna”, la “Oración por la dignidad de los hombres” de Pico de Mirándola (1482). Desde ese momento “la dignidad del hombre ya no está relacionada con la posición que se le ha asignado en el edificio cósmico. Queda abolido lo definitivo. El hombre no es un ser cuyo obrar procede del ser sino un ser cuyo ser procede del obrar”, explica el pensador francés.

500 años después nos damos cuenta de que somos gente frenética. Agitamos los abrazos en un aspaviento que no tiene fin para encontrar una identidad que siempre está más adelante: en lo que algún día seamos capaces de construir. Así la libertad de los pobres, la de todos nosotros, se hace imposible. Crece un resentimiento hacia el mundo tal y como nos es dado. La fuga a menudo se cubre con palabras santas y en la Iglesia, como ha denunciado el Papa Francisco, adquiere la forma del viejo pelagianismo.

Por eso la Navidad se presenta como un anuncio muy pertinente para resolver el gran dilema que hace unos meses planteaba Finkielkraut: “¿Nosotros, hombres modernos, estamos destinados a vivir solos en medio de nuestros productos o podemos reconocer que existe algo que se nos da? Creo que tenemos que sentirnos invitados a este tipo de conversión de la que la poesía ha hablado siempre”.

Hablemos en serio. Olvidemos por un momento la moral. ¿Hay algo a lo que haya que convertirse? ¿Ha sucedido algo por lo que merezca la pena “volverse”? La pregunta no se puede responder con prisa.

Hannah Arendt dice que sí. Hay un nuevo comienzo y nuestros actos pueden dejar de ser aspas locas, dejar oír el eco de una profecía. “Sin la capacidad de comenzar algo nuevo y sin el comienzo que entra en el mundo con el nacimiento de cada ser humano, la vida del hombre que se extiende desde el nacimiento a la muerte sería una condena sin salvación –señala Arendt–. El propio lapso de la vida, en su carrera hacia la muerte, llevaría inevitablemente a todo lo humano hacia la ruina y la destrucción. La acción, con todas sus incertezas, es como un recordatorio siempre presente de que los hombres, aunque han de morir, no han nacido para eso, sino para comenzar algo nuevo”.

Todos sabemos que cada cosa que hacemos espera calladamente un nuevo nacimiento en el que sea posible reconocerse querido, preferido, engendrado, pacíficamente abrazado, “primereado”. María, los pastores y los magos lo habían esperado, buscado, pedido, pero cuando el Niño llegó se dieron cuenta de que era totalmente diferente a lo que habían imaginado. (“El Nacimiento fue como una agonía amarga y dolorosa, como la Muerte”, dicen los magos por boca de Eliot). Eso fue lo que les hizo libres de la autonomía que esclaviza. María, los pastores y los magos están delante del Nacimiento, invadidos por la impresión de que ha comenzado algo nuevo. Dominados por la rotunda y pacífica claridad de un comienzo que hace posible todos los comienzos. Es la libertad del Niño que te hace hijo.

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