Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio

España · Víctor Alvarado
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3 octubre 2013
Hablar de Tintín es hablar de su creador Hergé sobre el que pesa una leyenda negra, que se aleja de la realidad de este dibujante al que han considerado, entre otras muchas cosas, racista, misógino...

Le acusaron de fascista cuando siempre se opuso en sus cómics, tanto a regímenes comunistas (Tintín en el país de los Soviets) como de corte fascista, como se pudo ver el álbum El cetro de Ottokar, donde aparecía un tal Mussler (la composición de Hitler y Mussolini). Por otro lado, si es verdad que tenía una visión colonialista lógica del pensamiento que imperaba en la época. El tiempo le daría la razón con las matanzas posteriores a la obtención de la independencia por parte de los países africanos.

La historia se construye, basándose en el díptico formado por El secreto del Unicornio y El Tersoro de Rackham el Rojo, editados respectivamente en 1942 y 1944. El director ha pretendido aprovechar la ocasión para presentarnos a los personajes, porque es previsible alguna que otra secuela, si funciona en taquilla.

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011) merece la pena verla, ya que su ritmo es trepidante y no te deja ningún momento de respiro, un elemento que no se ajusta demasiado a las viñetas del intrépido y valiente periodista, puesto que eran más pausadas. Una vez comentado este pequeño detalle de apreciación, el largometraje está repleto de guiños a las historietas y los personajes como Haddock, Hernández, Fernández, Milú y el protagonista mantienen el sello inconfundible de su creador, conservando ese humor del cine clásico mudo y los juegos de palabras del capitán Haddock.

La película abusa del slapstick y el guión resulta un poco flojo, aunque como lo que se cuenta está muy bien hilvanado, puede pasar desapercibido. Fue escrito por Melissa Mathison, ex mujer de Harrison Ford en 1980. Pasaron 30 años en volver a ver la luz gracias a la insistencia de Peter Jackson, que finalmente convenció a Steven Spielberg para rodarla por ordenador, mediante la captura de movimiento. Los directores han cuidado el detalle al máximo y se darán cuenta, si son observadores. También, el largometraje despide un claro aroma a Indiana Jones con la que guarda ciertos paralelismos.

Cambiando de tema, el cineasta nos ha hecho disfrutar de la relación de amistad entre Haddock y Tintín que está dispuesto a renunciar a sus vicios en pos de ser fiel a su compañero, sacrificándose cuando la situación lo requiere. En definitiva, la cinta sugiere la importancia de la reciprocidad que nos encontramos, si somos leales

Finalmente, nos quedamos con el homenaje que hace a su amigo Hergé Steven Spielberg en los primeros fotogramas de la película, pues el creador de Tintín siempre pensó que Spielberg estaba destinado a dar vida a sus personajes en una película.

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