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España · Alejandro Llano
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2 abril 2013
El filósofo y catedrático Alejandro Llano valora para www.paginasdigital.es el fenómeno de los "escraches", las manifestaciones que se realizan ante las casas de los políticos. Llano señala que es necesario construir todo desde abajo de nuevo en nuestra democracia.

Eso del "escrache" es una palabra tan fea como lo que significa. Puestos a importar vocablos de otros idiomas, no elegimos los mejor sonantes, sino que acudimos a la papelera de los desechables.

Hasta en eso se nos nota la penuria mental, que es sin duda la causa profunda de esos fenómenos lamentables que pueblan las páginas de los periódicos. Casi se siente uno agradecido de que, entre los pocos efectos benéficos de la crisis, se encuentre la disminución de la superficie disponible en los diarios que seleccionan lo que pasa en España con tan escaso criterio estético.

Nuestro país acusa una pobreza intelectual clamorosa. No es otra la raíz profunda de nuestros pesares. Tenemos -a derecha y a izquierda- unos políticos vacíos de toda sustancia. Pero tomarlos como chivos expiatorios no se le ocurriría ni al mismísimo René Girard, porque no dan ni siquiera para eso. Políticos, economistas, escribidores de periódicos, autoridades académicas y demás supuestas minorías rectoras se caracterizan entre nosotros, mayormente, por su mediocridad. Uno se pregunta: ¿de dónde han salido? Y yo me apresuro a contestar: de nuestro sistema (público y privado) de enseñanza, desde la primaria hasta las universidades. En ninguno de estos niveles se considera, hoy por hoy, que enseñar a pensar, animar a leer libros, aprender a razonar y a discutir, o cualquier otra de las artes que tienen que ver con el uso de la razón, sea algo interesante y provechoso para niños y jóvenes. Toda la fuerza se nos va en el deporte, el mal aprendizaje de idiomas extranjeros, los viajes, la construcción de nuevos edificios… y la confección de nuevos planes de estudios.

Hasta el propio ministro Wert, que parecía una persona seria y valiente, está promoviendo una auténtica escabechina de las humanidades en la enseñanza secundaria. Sin ir más lejos, la mayoría de los estudiantes de ESO y Bachillerato estudiarán un 66% menos de Filosofía cuando se implante la LOMCE tal como está programada. Ni los más pesimistas podrían prever que añoraríamos la etapa de la educación socialista, nefasta en tantos aspectos.

Con este tipo de fundamentos mentales, lo único que se nos ocurre es protestar, y no precisamente contra los que tienen la culpa, sino contra cualquier personaje público que viva en una calle transitada y se sepa cuál es el piso y la mano donde habita.

Así las cosas, no queda más remedio que desconfiar sistemáticamente de quienes están en puestos de responsabilidad, sea cual fuere el nivel, y empezar a reconstruir la casa desde abajo. Toda auténtica renovación social y cultural se ha hecho así: sobre la base de los pequeños grupos autónomos que no se dejen manipular ni controlar por quienes son los culpables de nuestros males. Y esto vale desde la revolución francesa, hasta la revolución americana, sin excluir a los soviets. Aquí y ahora, el campo de actuación más urgente es la cultura y la educación.

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