Contención y paciencia

España · Lola Martínez
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17 octubre 2019
Torra no es creíble cuando condena a última hora, tras tres noches de disturbios, la violencia. Los radicales están en la calle, incendian las ciudades catalanas, provocan sufrimiento y desorden. Difícilmente el independentismo puede afirmar que la guerrilla callejera es consecuencia de grupos infiltrados. Hay guerrilla porque se ha alimentado un determinado discurso. Los Mossos, la Policía Nacional, con su contención, con su equilibrio están ganando una batalla esencial para el futuro: no hay soluciones milagrosas para Cataluña y desenmascarar la violencia independentista es un gran paso.

Torra no es creíble cuando condena a última hora, tras tres noches de disturbios, la violencia. Los radicales están en la calle, incendian las ciudades catalanas, provocan sufrimiento y desorden. Difícilmente el independentismo puede afirmar que la guerrilla callejera es consecuencia de grupos infiltrados. Hay guerrilla porque se ha alimentado un determinado discurso. Los Mossos, la Policía Nacional, con su contención, con su equilibrio están ganando una batalla esencial para el futuro: no hay soluciones milagrosas para Cataluña y desenmascarar la violencia independentista es un gran paso.

Estamos hablando mucho de la ley de Seguridad Nacional pero no se puede pensar que esa ley sea un instrumento que de forma milagrosa resuelva todos los problemas, quizás haya que usarla y sea conveniente usarla, pero no resolvería todos los problemas. Todos, especialmente los catalanes, que están sufriendo la violencia de los radicales, querríamos que esa violencia se acabase pronto. Pero las cosas no son tan fáciles, no se soluciona necesariamente todo incrementado la fuerza usada por el Estado, de hecho un uso de la fuerza desmedido puede ser contraproducente. Porque aquí es necesario ganar no una batalla sino una guerra a largo plazo, es necesario restar adhesiones al independentismo unilateral.

La ley de Seguridad Nacional es una especie de bisturí jurídico que permite que sea el Estado quien coordina, es decir, quien tiene la dirección política sobre la seguridad nacional. El control directo de cualquier órgano de cualquier administración, funcionarios o policías, estaría en manos de la Administración General del Estado. Eso permitiría quitar al Torra el control de los Mossos. Se acabaría la ambigüedad de Torra pero, de momento, los Mossos están luchando contra el desorden. Hace falta seguir teniendo contención y paciencia.

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