Buscando un presidente para la República italiana

España · PaginasDigital
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18 enero 2015
Ya es oficial: Giorgio Napolitano ha dejado de ser Presidente de la República italiana y, por tanto, llega el momento de buscar a su sucesor. Una cuestión francamente peliaguda porque las dos últimas elecciones pusieron de manifiesto la importante división dentro de la clase política italiana: en 2006, Giorgio Napolitano salió adelante con una mayoría simple y no cualificada de dos tercios tras haber caído numerosos candidatos por el camino; y en 2013 ni siquiera se llegó a pactar un nuevo Presidente, por lo que hubo que pedir a Napolitano que aceptara por primera vez el que un Presidente de la República fuera reelegido a pesar de que en ese momento contaba ya con casi 88 años de edad. Ahora el flamante Primer Ministro, Matteo Renzi, tendrá que buscar un candidato de consenso, y por ello dedicaremos los ´posts´ de esta semana a señalar las cualidades que debe reunir el candidato y a señalar quiénes son los más presidenciables.

Si nos fijamos en los últimos cinco presidentes de la República que ha tenido en Italia, observamos en todos ellos un mismo denominador común: personalidades de prestigio, con un amplio bagaje político y con un respeto generalizado entre los italianos. Así sucedió con Sandro Pertini (1978-85), Francesco Cossiga (1985-92), Oscar Lugi Scalfaro (1992-99), Carlo Azeglio Ciampi (1999-2006) y Giorgio Napolitano (2006-2015).

Sandro Pertini, por ejemplo, era Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, y uno de los dirigentes más valorados del ya desaparecido Partido Socialista Italiano (PSI). Francesco Cossiga, por su parte, era uno de las principales figuras de la Democracia Cristiana (DC), había sido varias veces ministro e incluso Primer Ministro. Mientras, Oscar Luigi Scalfaro, pertenecía a la Justicia italiana como magistrado y también había ocupado cargos de gobierno. En el caso de Carlo Azgelio Ciampi, sabía lo que era tanto el mundo financiero (había ocupado todos los cargos en el Banco de Italia hasta acabar siendo Gobernardor del mismo) como en el político (fue Primer Ministro entre 1992 y 1993, en uno de los momentos más críticos para Italia como consecuencia de los numerosos casos de corrupción en lo que se conoció como Tangentopoli). Finalmente, Giorgio Napolitano también había tenido una larga vida política: miembro de la resistencia antifascista italiana en su condición de comunista, en 1992 había sido nombrado Presidente de la Cámara de Diputados, y en 1996 ministro con Romano Prodi en su primera etapa como Jefe de Gobierno (1996-98).

Y es que el Presidente de la República goza de prerrogativas fundamentales como son las de nombrar al Presidente del Consejo de Ministros, la convocatoria de elecciones cuando las considere necesarias e incluso el veto temporal a algunas leyes. Debe estar, por tanto, por encima del juego de partidos y actuar como árbitro en los momentos más críticos. Para hacernos idea de su importancia, sólo un Presidente de la República (en este caso Napolitano) ha conseguido doblar el pulso al hombre que ha dominado la vida política en los últimos años, que no es otro que el líder de Forza Italia-El Pueblo de las Libertades Silvio Berlusconi. Así sucedió en noviembre de 2011, cuando Berlusconi tuvo que presentar la dimisión para que su cargo fuera ocupado por Mario Monti.

La pregunta es: ¿tiene Italia en este momento hombres de talla suficiente para ocupar este cargo? Desde luego que sí. Sin ir más lejos, varios de los últimos primeros ministros, como es el caso de Romano Prodi, Mario Monti, Lamberto Dini o Giuliano Amato podrían hacerlo. El problema no es si tienen talla suficiente, sino si son capaces de lograr el consenso necesario entre fuerzas políticas muy enfrentadas entre sí. Por tanto, veremos en estos días cuáles son los posibles candidatos, con sus fortalezas y debilidades. Y, sobre todo, veremos si Matteo Renzi se encuentra en disposición de imponer a un candidato, en lo que le irá gran parte de su futuro político. Es la hora, ahora sí, de los líderes, y Renzi tiene ocasión de confirmar su ascendente estrella política. El tiempo lo dirá.

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