Un magisterio por la paz y contra la hipocresía

Mundo · Andrea Tornielli
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7 julio 2020
Estos días el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado una resolución para el “cese inmediato de hostilidades en todas las situaciones durante al menos noventa días consecutivos) para garantizar la asistencia humanitaria a las poblaciones afectadas y verificar las devastadoras consecuencias de la expansión del Covid-19. Francisco, con su intervención al final del Ángelus, ha querido mostrar su apoyo a esta iniciativa, deseando que el alto el fuego global sea observado “efectiva y puntualmente”. Este gesto del Papa representa un nuevo paso en un largo camino. Un paso aún más urgente por la crisis provocada por la pandemia, cuyas consecuencias más devastadoras –al igual que las de las guerras– recaen sobre los más pobres.

Estos días el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado una resolución para el “cese inmediato de hostilidades en todas las situaciones durante al menos noventa días consecutivos) para garantizar la asistencia humanitaria a las poblaciones afectadas y verificar las devastadoras consecuencias de la expansión del Covid-19. Francisco, con su intervención al final del Ángelus, ha querido mostrar su apoyo a esta iniciativa, deseando que el alto el fuego global sea observado “efectiva y puntualmente”. Este gesto del Papa representa un nuevo paso en un largo camino. Un paso aún más urgente por la crisis provocada por la pandemia, cuyas consecuencias más devastadoras –al igual que las de las guerras– recaen sobre los más pobres.

El domingo 29 de marzo, el pontífice ya avanzó esta petición, apoyando el llamamiento en este sentido lanzado cinco días antes por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidiendo un “alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”, debido a la emergencia provocada por el Covid-19, que no conoce fronteras. Francisco se sumó “a todos aquellos que acojan este llamamiento” e invitó a “todos a secundarlo poniendo fin a toda forma de hostilidad bélica, favoreciendo la creación de corredores humanitarios, la apertura de la diplomacia, la atención a los que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad”.

El Papa mostró su deseo de que el compromiso conjunto contra la pandemia pudiera “llevar a todos a reconocer la necesidad de reforzar nuestros vínculos fraternos como miembros de una única familia. Espero especialmente que suscite en los responsables de las naciones y demás partes involucradas un compromiso renovado para superar rivalidades. Los conflictos no se resuelven con la guerra. Es necesario superar los antagonismos y contrastes mediante el diálogo y una búsqueda constructiva de la paz”.

En los días siguientes, Francisco volvió a deplorar el gasto en armamento y en la homilía pascual afirmó: “Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles”. El papa Bergoglio quiso volver a recordar este tema, que representa una constante en su pontificado, así como en la más larga de sus oraciones marianas, a las que invitó a los fieles al término del rezo del rosario en el mes de mayo. “Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad. Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares”.

Muchas veces y con diversos motivos el papa Francisco denunció en años pasados la “hipocresía” y el “pecado” de los líderes de esos países que “hablan de paz y venden armas para mantener estas guerras”. Palabras que volvió a repetir tras su último viaje internacional antes de la pandemia, a Tailandia y Japón. “En Nagasaki e Hiroshima permanecí en oración, me reuní con algunos supervivientes y familiares de las víctimas, y reiteré la firme condena a las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo artefactos de guerra”.

Según un informe de Oxfam, en 2019 el gasto militar global se ha situado en torno a los dos mil millones de dólares y actualmente hay dos mil millones de seres humanos atrapados en países en guerra y en situación de extrema violencia, persecución, carestía y además ahora también la emergencia que supone esta pandemia.

Vatican News

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