Un juego que puede salir muy caro

Mundo · Robi Ronza
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2 abril 2013
Volvemos a la carga con Corea del Norte, el Estado-lager cuyos 22-24 millones de habitantes, agotados por un régimen tan autoritario como ineficaz, sobreviven en gran parte sólo gracias a la ingente ayuda alimentaria que ofrecen y distribuyen en el país algunas grandes ONG occidentales, entre las que destaca la inglesa Oxfam, especialmente desde su sede de Hong Kong.

Gobernada por un régimen paleo-marxista en las formas pero sustancialmente simplemente tiránico, Corea del Norte destina a gastos militares casi el 30 por ciento de sus escasos recursos, teniendo como principal objetivo el desarrollo de misiles nucleares. Teniendo en cuenta su grado de desarrollo y su aislamiento internacional, el arsenal con que Corea del Norte puede llegar a dotarse sería sin embargo chatarra aborigen que las defensas antimisiles no sólo norteamericanas sino también japonesas podrían destruir si fuera necesario sin la más mínima dificultad.

También es frecuente que periódicamente el gobierno norcoreano anuncie el posible lanzamiento de algún misil en dirección hacia Corea del Sur, Japón o Alaska (el límite estadounidense al que en teoría sus misiles podrían alcanzar) hasta que la promesa de un incremento en la ayuda alimentaria por parte de las mencionadas ONG pone fin al incidente. Más allá de la escasez de recursos alimentarios, otra grave consecuencia del desproporcionado gasto militar norcoreano ha sido el creciente descuido de las cuencas fluviales del país, cada vez más azotado por desastrosas inundaciones. Las últimas han provocado grandes daños agrícolas, reduciendo aún más la ya modesta productividad.

Como en anteriores ocasiones, también ahora Corea del Norte recurre a un casus belli que usa cuando le conviene, es decir, las maniobras que periódicamente realizan de forma conjunta las fuerzas armadas surcoreanas y las fuerzas norteamericanas que están presentes en Corea del Sur. Así que ha anunciado que considera las maniobras conjuntas de este año como un acto hostil hacia su país y en consecuencia ha decidido amenazar con el lanzamiento de misiles.

El objetivo real: un aumento de las ayudas "humanitarias" que recibe. Esta es la esencia de la cuestión. Nos podríamos preguntar entonces por qué Estados Unidos, Japón y Corea del Sur siguen aún este juego, fruto de una guerra fría entre EEUU y la URSS que terminó hace ya más de veinte años. El motivo es sencillo: el régimen norcoreano ha conseguido, hasta ahora con éxito, hacer perdurar con una forma nueva ese papel de "colchón" que Corea del Norte tenía en tiempos de la guerra fría. Cualquier transición del país desde su actual status quo a cualquier otro pondría en marcha un movimiento de fuerzas ahora estabilizado en el que están frente a frente, por una parte China y por otra Estados Unidos y sus principales aliados en un área crucial, como es la que va desde Taiwán, la antigua Formosa, al mar de Japón.

En resumen, esto significa que si por un lado las crisis periódicas generadas por Corea del Norte suponen farsas de por sí no peligrosas, por otro lado sin embargo se manejan con cuidado porque resultan espectáculos de malabarismo donde, en vez de bolas de colores, se juega con misiles, bombas, cabezas nucleares y naves de guerra.

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