Social Card: un paso subsidiario para un bienestar moderno

Mundo · Lorezo Malagola
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17 mayo 2011
El principio de subsidiariedad viene de lejos y todavía hoy representa el camino privilegiado para construir una sociedad más humana y libre. El hecho de que fuera articulado por primera  vez por el Magisterio de la Iglesia no es una casualidad. Se trata, de hecho, de un criterio ideal y operativo que penetra, como bandera de la centralidad de la persona, en todos los ambientes de la vida y de la convivencia social.

La necesidad de explorar nuevos campos de aplicación de la subsidiariedad es, como poco, urgente a la luz de la profunda crisis que están viviendo los modelos clásicos de desarrollo y bienestar. Modernas propuestas políticas, como la de Cameron sobre la Big Society, son el fruto de una visión antropológica -y por tanto política- que está redescubriendo valores aparentemente superados y, sin embargo, totalmente actuales.

La política, entonces, está llamada a servir a la persona en sus relaciones constitutivas: la familia, el trabajo y la comunidad. El eslogan "Menos Estado, más Sociedad" recoge el corazón de la subsidiariedad para volver a despertar y sostener el protagonismo social en la respuesta a las emergentes necesidades sociales.

Recientemente, el Gobierno italiano ha introducido un nuevo instrumento de lucha contra la pobreza siguiendo el modelo del USA Food Stamp. Se trata de una tarjeta de crédito impersonal destinada a la franja de población más pobre. La prueba piloto, que recae en las 12 mayores ciudades italianas, llegará aproximadamente a 50.000 núcleos familiares y dispone de una financiación estatal de 50 millones de euros.

El punto de innovación está en la gestión de la Social Card, que se delega directamente a las asociaciones del Tercer Sector. Ya no es el Estado el que define el escenario de la necesidad, sino aquéllos que están más cercanos a la necesidad misma, como las asociaciones de voluntariado que se dedican a la lucha contra la exclusión social. El Estado, por tanto, apoya a las personas que señalan las asociaciones, a las que se les pide además que se hagan cargo de ellas a través de programas de asistencia social personalizados. Se hace pedazos así la titularidad exclusiva de la responsabilidad del Estado, reconociendo finalmente la dignidad pública de la iniciativa de la Sociedad Civil.

La Social Card es una infraestructura en la que también otros sujetos, no sólo estatales, pueden cargar provisiones financieras o de servicio social. En este sentido, esperamos poder activar la gratuidad de toda la sociedad: pensamos, por ejemplo, en la asistencia sanitaria gratuita que las asociaciones de médicos pueden ofrecer, o en las recogidas de fondos que los bancos pueden organizar a través de sus propias redes.

La Social Card cambia por completo el método de lucha contra la pobreza, poniendo al Estado al servicio de la iniciativa de la Sociedad Civil y representando un instrumento capilar para potenciar los infinitos gestos de gratuidad que los italianos tienen cada día. Si la prueba piloto tiene éxito -a tal objeto hemos predispuesto un riguroso sistema de valoración- representará un punto de no retorno en la implantación de nuestras políticas sociales, en cuanto que confirmará, también a gran escala, que la sociedad está en condiciones de responder de manera más eficiente y eficaz a las propias necesidades.

Lorezo Malagola es jefe de la Secretaría Técnica del Ministro de Trabajo y Políticas Sociales del Gobierno de Italia

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