Entrevista al director de Economía de AFI

´Si creamos empleo con subidas pequeñas del PIB, habremos vuelto a la catástrofe´

Mundo · Roberto de la Cruz
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4 febrero 2010
El Gobierno presenta hoy sus propuestas para la reforma laboral. Se lo han pedido de forma reiterada instituciones como el Banco de España o el Fondo Monetario Internacional. Lo hace cuando España registra ya más de cuatro millones de parados. Entrevistamos a José Antonio Herce, director de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI).

¿Qué reformas deberían tomarse en el mercado laboral para favorecer la generación de empleo en nuestro país? ¿Qué elementos de la actual regulación están lastrando esa generación de empleo?

Uno de los elementos que pueden percibirse en esta crisis global es que la economía española no es de las que más han sufrido en términos de caída del PIB. Ha caído un 3,5% en 2009, mientras que economías exportadoras como la alemana lo han hecho cerca del 6%. Sin embargo, el colapso del empleo ha sido extraordinario en nuestro país. Ello se debe a que tenemos un mercado de trabajo muy segmentado, con un núcleo relativamente bien protegido -el de los trabajadores con contrato indefinido- y una corona muy amplia de trabajadores temporales, que son los primeros que han sufrido las consecuencias de la crisis. Sus empleos no eran todo lo sólidos que debieran haber sido si hubiésemos contado con una estructura económica más avanzada.

¿Qué elementos deberían modificarse?

Junto al cambio de regulación laboral, debe reformarse la estructura económica del país para permitir a todos tener unos trabajos más estables y productivos (ésta es una tarea que llevaría años, sin embargo). El mercado de trabajo tiene que acabar con la segmentación tan descomunal que padece entre trabajadores protegidos y desprotegidos (temporales). Lo tenemos que hacer cuanto antes -ya acumulamos un gran retraso. Deberíamos prepararnos en este sentido para que cuando los vientos de la recuperación lleguen a nuestro país, tengamos la competitividad necesaria para crear empleos de calidad. Para eso hay que flexibilizar -en el buen sentido de la palabra- el mercado de trabajo. Ahora tenemos un mercado de trabajo muy flexible, pero por el lado malo, por la mala segmentación a que antes me refería. La flexibilidad es como el colesterol, es el "flexiterol". La hay de la buena y de la mala, que es la que tenemos en nuestro caso. ¿Cómo creamos la flexibilidad buena? Simplificando las formas contractuales, modificando la negociación colectiva, la estructura de la negociación colectiva -que está demasiado centralizada-, reformando las prestaciones de desempleo y la estructura de costes de despido.

¿Podría España asimilar o fijarse en algún modelo de países de nuestro entorno que estén funcionando bien?

El caso alemán, sin ser un mercado de trabajo especialmente flexible (no es un país anglosajón), ha incorporado elementos muy interesantes. Lo que en España se hace en algunos sectores, como el del automóvil, con ERES de reducción, se ha generalizado en aquel país desde hace mucho tiempo. Se practica en Alemania, Austria y otros países avanzados de la Unión Europea. Nosotros llevamos hablando meses de introducir este tipo de mejoras en nuestro mercado de trabajo pero a día de hoy todavía no tenemos nada. Como decía, sectores como el del automóvil tienen este tipo de mecanismos de flexibilidad y de ajuste en la jornada de trabajo, pero esta práctica interesante no trasciende a otros sectores. Nos parece que sólo se puede hacer en la industria y más concretamente en la automoción. Sin embargo, se podría incorporar en muchos otros sectores, incluso de servicios. Esperemos que así sea, aunque ya es un poco tarde. Lo tendríamos que haber hecho hace muchos trimestres.

¿Debería combinarse esta reforma del mercado laboral con otro tipo de medidas? ¿Cuánto tiempo transcurrirá desde la adopción de la reforma hasta que la economía pueda generar empleo?

Todavía quedan meses en los que se seguirá destruyendo empleo. Confiamos en que a mediados de este año la situación se estabilizará, puede que antes. La cuestión es cuánto tardaremos en salir adelante. Podemos evitar que se destruyan unos cuantos empleos adicionales si introducimos este tipo de medidas, pero por sí solo el ajuste de la jornada laboral no va a ser suficiente. Para absorber el exceso de parados y crear empleo de manera efectiva no tenemos más remedio que confiar en un cambio importante de nuestra estructura productiva. Eso lleva tiempo. No va a ser fácil. Si creamos mucho empleo en los próximos años a base de crecer poco habremos vuelto a las andadas. Me preocupa mucho que podamos exhibir en los próximos trimestres el que nuestra economía ya está creando empleo con un PIB creciendo al 0,2, al 0,5 o al 1 por ciento. Eso querrá decir que estaremos en el mismo modelo que nos ha llevado a esta catástrofe y con nulo avance de la productividad. Seguiremos necesitando reformas estructurales del mercado de trabajo, en los mercados de bienes para hacerlos más competitivos -y por tanto más capaces de generar actividad, valor añadido y empleo. También reformas estructurales que impulsen la productividad.

Si nos referimos a las reformas del mercado de trabajo, hay que hablar de los costes del despido, aunque no solamente. Son demasiado elevados en nuestro país en relación a los que se practican en otras economías. Creo que podemos situar decentemente estos costes en España en la media europea sin que ello suponga un menoscabo para los trabajadores. En alguna medida, se verían liberados del temor a perder un derecho adquirido si deciden abandonar sus empresas. Además de avanzar en la redefinición del nivel de los costes del despido, se tendría que segregar esa prestación de las cuentas de resultado de las empresas. Se debería situar en un nivel superior al de la empresa mediante un mecanismo de seguro como se está haciendo en otros países. Por ejemplo en Dinamarca.

España sufre un desempleo juvenil mucho mayor que el del resto de países avanzados. ¿Tiene este hecho alguna relación con la actual regulación del mercado laboral?

Esta crisis ha tumbado algunos de los logros que aún exhibíamos a mediados de 2007. El paro de larga duración se ha duplicado. El desempleo de los jóvenes, que habíamos logrado reducir a niveles casi europeos, está de nuevo disparado. No tenemos buenos mecanismos de inserción laboral para ellos. Estamos hartos de ver que licenciados universitarios acaban haciendo tareas para las que tienen una formación más que sobrada. Tenemos una legislación de salario mínimo que es relativamente inocua, protege algo a los trabajadores menos cualificados, de más edad, pero que probablemente en el caso de los jóvenes esté siendo contraproducente. Especialmente los que no están muy formados, los que se integran en el mercado de trabajo a partir de los 18-19 años o incluso mucho antes, deberían seguir esquemas de "aprendices", casi en el sentido gremial del término. Aun teniendo una remuneración limitada, aprenderían a cambio mucho sobre el puesto de trabajo. Sería la principal remuneración de unos jóvenes que, después de dos o tres años, estarían en condiciones de ganarse la vida profesionalmente mucho mejor de lo que un salario mínimo permite.

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