¿Resistiremos?

Mundo · Juan Carlos Hernández
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31 marzo 2020
En España estamos viviendo un gran desafío para poder afrontar los altos índices de propagación del COVID19, hecho que se ve agravado por la saturación de los servicios sanitarios. Faltan respiradores y material de protección pero, más allá de eso, ¿cómo afrontar el drama de una circunstancia así?

En España estamos viviendo un gran desafío para poder afrontar los altos índices de propagación del COVID19, hecho que se ve agravado por la saturación de los servicios sanitarios. Faltan respiradores y material de protección pero, más allá de eso, ¿cómo afrontar el drama de una circunstancia así?

El exceso de información y, también, de desinformación produce una gran angustia. En estos días las portadas de los periódicos se llena de noticias sobre el coronavirus, nos llega a nuestro móvil el enésimo chiste sobre el asunto y la enésima discusión sobre la inoperancia del Gobierno, sobre la chapuza de los pedidos de los test rápidos que resultaron inútiles, si era adecuado mantener la manifestación feminista del pasado 8M… Pero todas estas discusiones se vuelven penúltimas cuando lo que surge es la pregunta sobre la vida, cuando vemos la muerte cerca, que es algo que no tenemos en cuenta en nuestro quehacer diario.

En medio de tanto “ruido” una flor se ha asomado en mi jardín. Un columnista del periódico El Mundo, Vicente Lozano, afirmaba en una interesante columna: “Esta sociedad tecnológica, la del iPhone, la del coche autónomo, la del 5G, la de los algoritmos, la del viaje a Marte puede verse paralizada. No todo está al alcance del hombre [,,,] No somos autosuficientes. Lo que nos está ocurriendo es una lección de humildad que pone en evidencia la fragilidad de la condición humana”.

En estos momentos se hace palpable lo que el gran Leopardi escribía en unos de sus poemas:

Naturaleza humana, ¿cómo

si tan frágil y vil en todo,

si polvo y sombra eres, tan alto sientes?

Una de las lecciones de este desafío, una vez más, es ver cómo la sociedad civil que se mueve desde la gratuidad construye. Y la gratuidad no es una expresión bonita pero vacía sino algo que realmente permite hacer cosas que desde el individualismo serían imposibles. Cuántas empresas grandes o pequeñas que hacen donaciones, cuántos vecinos que se han prestado a ayudarse mutuamente… Y cómo, al mismo tiempo, nos surge la contradicción de que para ayudar al otro, a ese vecino mayor que vive solo o a esa vecina embarazada a punto de dar a luz y cuyo marido no puede regresar a España porque están las fronteras cerradas, me tengo que alejar de ellos. Reconozco que esta contradicción me produce un gran desasosiego.

Al mismo tiempo la saturación del sistema sanitario tiene efectos colaterales como que otras patologías, también graves, no se estén atendiendo correctamente o como que los familiares no puedan visitar a los enfermos en los hospitales.

El gesto de espontaneidad de los aplausos a las 20:00h para agradecer a todos aquellos que cuidan de los enfermos nos ha hecho sentir como una mirada amiga a ese vecino que antes considerábamos extraño y que ahora asoma por su ventana o balcón. Y la sociedad a las 20:00h se conjura al son de Resistiré, una canción del Dúo Dinámico que ahora es la banda sonora de nuestra lucha contra el virus. Un fragmento de la canción dice así:

Cuando sienta miedo del silencio

Cuando cueste mantenerme en pie

Cuando se rebelen los recuerdos

Y me pongan contra la pared

Resistiré, erguido frente a todo

Me volveré de hierro para endurecer la piel

Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte

Soy como el junco que se dobla,

Pero siempre sigue en pie.

Sin embargo, si somos leales con nuestra experiencia, nos damos cuenta de que no somos de hierro y no nos mantenemos en pie. Más bien, verdaderamente en estos días en que nuestra humanidad está a flor de piel, estamos necesitados de una caricia del Nazareno que dé sentido al vivir.

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