Referéndum en Hungría: no todo es blanco o negro

Mundo · Carlos Uriarte Sánchez
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6 octubre 2016
El pasado día 5 de septiembre, se producía la declaración por parte del primer ministro de Hungría, Viktor Orban, que estaba preparado para llevar acabo un referéndum sobre la cuestión que afecta a los refugiados en su país.

El pasado día 5 de septiembre, se producía la declaración por parte del primer ministro de Hungría, Viktor Orban, que estaba preparado para llevar acabo un referéndum sobre la cuestión que afecta a los refugiados en su país.

La pregunta que se planteó para este referéndum era la siguiente: ¿Quiere que la Unión Europea pueda disponer, sin el consentimiento de la Asamblea Nacional sobre el reasentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?”. El objetivo del referéndum pretendía ser una respuesta a las pretensiones de la Unión Europea a imponer sobre los Estados miembros la obligatoriedad en el reasentamiento de inmigrantes. Desde luego que quienes conocemos Centro Europa y especialmente a los húngaros sabemos de su indudable europeísmo y compromiso con la democracia y la libertad. Fue precisamente en la frontera entre Hungría y Austria, cerca de Sopron, donde el 19 de agosto de 1989 se celebró el famoso “picnic paneuropeo” organizado por el los ministros de exteriores húngaro Gyula Horn y austriaco Alois Mock, en el cual más de 600 ciudadanos de la antigua República Democrática de Alemania aprovecharon para atravesar el telón de acero y cruzar al mundo libre. Toda la operación fue organizada por la Unión Paneuropea presidida entonces por el archiduque Otto de Habsburgo. Por tanto, cuando por unas decisiones políticas, más o menos acertadas, se intenta condenar a todo un país no es justo. En la campaña fruto del acaloramiento quizás no se hayan utilizado los mejores eslóganes pero desde luego el referéndum nada tiene que ver con la pertenencia de Hungría a la Unión Europea, que está fuera de cualquier duda. El debate celebrado en Hungría sería más bien una reflexión sobre qué Europa queremos construir. El gobierno húngaro quiere construir una Europa de las naciones, una comunidad política que sus ciudadanos valoren porque sus voces cuentan. Se trataría de una cuestión de principios y no tanto de reasentar a 1.230 refugiados sobre un total de unos 160.000.

Por otro lado, debemos de tener en cuenta que todavía no tenemos una verdadera política europea de inmigración y refugio y que hasta que no la construyamos entre todos, la competencia sobre el control de las fronteras exteriores de la Unión recae sobre los Estados miembros. Más aún, es obligación de los Estados miembros proteger sus fronteras que lo son también comunes a toda la Unión. Esta protección de las propias fronteras es también una muestra de solidaridad europea.

Cuando tuve la ocasión de analizar la declaración de los países del grupo de Visegrado previa a la cumbre informal de jefes de Estado y de gobierno celebrada recientemente en Bratislava, pude leer un interesante concepto relativo a cómo debe ser la política migratoria de la Unión Europea para Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría: “la solidaridad flexible”. Sería una fórmula que permitiría a los Estados decidir sobre las formas específicas de contribución teniendo presente su experiencia y potencialidad. En este sentido, en opinión del grupo de Visegrado cualquier mecanismo de distribución debería de ser voluntario. Esto no me parece una posición anti-europeísta sino plenamente en consonancia con la idea de “in necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas”, que debería de guiar el proceso de integración europea. Además el proceso de construcción de Europa se ha ido produciendo mediante sucesivas cesiones de competencias. Si esta diversidad europea no se sabe gestionar adecuadamente luego maldecimos cuando se produce un Brexit.

A pesar de la campaña del gobierno, el pasado día 2 de octubre, no se produjo una respuesta clara debido a que no participó al menos el 50% del censo electoral (la participación se situó en menos del 40%). Así, quizás en lugar de realizar una reforma constitucional en Hungría para que la Unión Europea no pueda decidir sobre cuestiones migratorias, sea más adecuado dotar a los parlamentos nacionales de un mayor papel en el control de la subsidiariedad y la proporcionalidad previa a cualquier propuesta legislativa de la Comisión Europea. El sistema de alerta temprana debería ser revisado y mejorado para que realmente sea efectivo y no cree frustración en los Estados. No debemos de olvidar que la democracia europea se construye en base a dos soberanías: los Estados y los ciudadanos. Si queremos hacer avanzar Europa debemos realmente comprometer en dicho proyecto a los Estados, las instituciones europeas y los ciudadanos, como recientemente defendió el presidente de la Comisión Europea Jean Claude-Junquer, pero al mismo tiempo esta triple determinación compartida ha de ser libre. Avances en una política común europea de inmigración y asilo son necesarios para dar respuesta a una crisis humanitaria como la que actualmente estamos viviendo en Europa. La creación de una guardia de costas y fronteras, dotar de más medios a Frontex, la operación Sofía de lucha contra las mafias en el Mediterráneo, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía y el apoyo a Bulgaria para garantizar el control de sus fronteras han sido acciones positivas de la Unión Europea encaminadas a hacer más Europa.

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