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¿Quién eres?

Mundo · Elena Santa María
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8 junio 2017
El pasado sábado por la noche, mientras el Madrid ganaba la Champions, un nuevo ataque terrorista en suelo europeo volvió a dejarnos mudos. Esta vez en Londres, una ciudad de la que Ignacio Pereyó habla así en El Mundo: ´Durante siglos, el amor por Londres ha ido de la mano del amor por la libertad´. El autor cita las palabras de un líder conservador: ´si el Reino Unido ha sido el mayor éxito político, cultural y social de los últimos 300 años es por la convicción de que gentes con distintas historias e identidades pueden vivir juntos, y que esa diversidad hace su cultura, su economía y su política más fuertes´.

El pasado sábado por la noche, mientras el Madrid ganaba la Champions, un nuevo ataque terrorista en suelo europeo volvió a dejarnos mudos. Esta vez en Londres, una ciudad de la que Ignacio Pereyó habla así en El Mundo: ´Durante siglos, el amor por Londres ha ido de la mano del amor por la libertad´. El autor cita las palabras de un líder conservador: ´si el Reino Unido ha sido el mayor éxito político, cultural y social de los últimos 300 años es por la convicción de que gentes con distintas historias e identidades pueden vivir juntos, y que esa diversidad hace su cultura, su economía y su política más fuertes´. Y añade: ´Londres ha sido, incluso en las circunstancias más ásperas, el decantado recinto de la libertad, donde los pubs se negaron a cerrar bajo las bombas nazis no ya por la cerveza, sino por esa declinación de la libertad que es la conversación. Cada mañana, a pesar de las bombas, el transporte funciona, se reparten las cartas, el pan y la leche llegan a la puerta´.

Tras varios días de espera, la confirmación de la muerte de un español, Ignacio Echeverría, en los atentados, mientras protegía a otras víctimas ha sacudido una vez más nuestras rutinas. De nuevo, se hace evidente nuestra fragilidad. Una fragilidad que constata Leila Guerriero en su columna de El País al describir el entierro del padre de unos amigos: ´por una grieta del cielo pesado de nubes como montañas se coló la pena del mundo. Siempre es difícil ser feliz. Ese día me bastó saber que, cuando caemos, no estamos solos´. Esta fragilidad la describe de forma muy clara el exfutbolista Pedja Mijatovic en una entrevista que concede a El Mundo: ´En los años más bonitos de mi carrera viví la enfermedad de mi hijo. En esos momentos en los que crees que incluso puedes volar, cuando te sentías poderoso y notabas el calor de toda la gente, mi hijo siempre tenía crisis. Muchos días y noches en el hospital. Yo me decía: no eres nadie, ya ves que no eres nadie, no puedes hacer nada para que tu hijo mejore. Te preguntas: ¿quién eres? y la respuesta es nadie. Mi hijo ha tenido una misión en mi vida. La de salvar a su padre. Piensas que eres Dios y en realidad no eres nadie”.

El periodista Carles Capdevila, recientemente fallecido, también se enfrentaba diariamente a la fragilidad desde que le diagnosticaron su enfermedad. Con motivo de su muerte el periódico Ara ha vuelto a publicar este texto que él escribió hace unos meses: ´Tras meses de tratamiento mi pelo se ha rendido. Me lo he tenido que cortar. Es un problema pequeño, el drama auténtico es que hace tiempo que tengo que mirar la muerte de cara, y no con qué cara lo hago, pero este cambio de imagen forzado, a pesar de ser banal, superficial, anecdótico, lo he vivido como un pequeño luto. Una derrota triste. Porque no era ninguna decisión, era una nueva renuncia, una prueba más de que no tienes la vida bajo control (…) El primero en recibirme en casa fue mi hijo pequeño, de 8 años. ‘¡Pero qué guapo que quedas con la gorra, papá, qué envidia!’, exclamó con unos ojos brillantes y una sinceridad entrañable. Me cayó la lagrimita, y era de alegría. (…) La belleza está en la mirada, y no hay privilegio más hermoso que ser observado desde el amor incondicional y la alegría de vivir, como hace esta criatura dulcísima. (…) No hay ninguna inversión más segura y rentable que rodearnos de personas que nos quieren tal como somos, que nos encuentran guapísimos al margen de lo que dicte el espejo. Porque nos miran siempre con buenos ojos´.

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