Terremoto en Italia

¿Qué sentido tiene?

Mundo · Pigi Colognesi
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7 abril 2009
"No queremos decir nada delante del luto y las ruinas, tan trágicas que parecen superar cualquier medida posible y rechazar cualquier tipo de consuelo. Queremos comprender y acoger con silencio reverencial el grito inefable de esta pena tan amarga. Pero hay una palabra que no podemos acallar, para los corazones fuertes, para las almas buenas: ¡no desesperéis! ¡No deis la espalda al destino! Nuestra incapacidad para dar una explicación que cuadre con los esquemas habituales de nuestra breve y miope lógica no anula nuestra confianza en la misteriosa, pero siempre dispuesta y paterna, presencia de la bondad divina, que sabe resolver a nuestro favor, incluso en las desgracias más graves e incomprensibles. La Virgen nos remite a su fiat, a la paciencia, a la esperanza y también al Aleluya pascual, en nuestros labios y en nuestros corazones". Son palabras de Pablo VI, pronunciadas el 9 de mayo de 1976, pocos días después del devastador terremoto del Friuli (Italia).

¿Qué más añadir? Quizá sólo lo que el mismo Papa Montini dijo en aquella ocasión, que en este "mal que nos sacude" podamos entrever alguna luz: "El primer bien es la solidaridad; el dolor se hace comunitario y en nuestro habitual desinterés, en nuestros asuntos privados, se puede experimentar un amor desconocido. Nos sentimos hermanos, nos hacemos cristianos, comprendemos a los otros, experimentamos al fin el amor desinteresado, solidario y social. Y aprendemos a ‘vencer al mal con el bien', es decir, a sacar energía positiva de la pena que nos aflige".

Dos días después del terremoto en Irpinia (Italia) en 1980, Juan Pablo II se trasladó personalmente a la zona. Atónito frente a la tragedia, dijo: "He aquí los sentimientos, las expresiones que nacen del corazón. Como veis, nacen con dificultad porque la conmoción es mayor que la posibilidad de hablar y formular bien las ideas". Pero también cargado de esperanza: "Vengo, queridísimos hermanos y hermanas, para deciros que estamos con vosotros para daros un signo de esa esperanza que para un hombre debe ser otro hombre. Para el hombre que sufre, el hombre sano; para un herido, el médico, el enfermero, el sanitario; para un cristiano, el sacerdote. Así, un hombre para otro hombre. Y cuando sufren tantos hombres se necesitan otros tantos hombres, muchos, para estar cerca de los que sufren. No puedo llevaros más que esta presencia; pero con esta presencia se expresa todo". Con ella, de hecho, "se realiza la presencia de Cristo. Y con la presencia de Cristo el mundo, aunque marcado por la cruz, lleva en sí la esperanza de la resurrección".

Y, con esta esperanza, la tenacidad concreta de toda la ayuda operativa que se pude dar. Como la iniciativa solidaria del Banco de Alimentos.

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