Puerto Príncipe: una ciudad que se niega a morir

Mundo · Jordi Bach
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26 enero 2010
Puerto Príncipe existe, la ciudad se niega a morir. Han pasado dos semanas desde el terremoto y toda la gente sigue durmiendo en la calle o los abrigos (campos de desplazados) provisionales. El día a día es una lucha por la supervivencia. Así lo relata Jordi Bach, director de la ONG CESAL en Haití. CESAL es una de las pocas ONG españolas con presencia en el país y que tiene en marcha una campaña de emergencia. Las personas interesadas pueden colaborar con donaciones a la cuenta: Banco Santander Central Hispano. 0049-0001-56-2010058858. Emergencia Haití

Desde bien temprano hay que salir a la calle en busca de lo básico: comida, agua, dinero, materiales para hacer un cobijo, etc. En los abrigos se quedan los niños y algunas mujeres a su cargo, el resto se desparrama por la ciudad. Por la noche, cuando todo el mundo regresa, los abrigos se abarrotan y las tensiones crecen.

En medio de todo este drama, las familias nos están dando lecciones de vida. Cada día que pasa quedo más impresionado por los ejemplos de lucha, dignidad, ganas de sobrevivir, capacidad de resistencia y de desenvolverse que tienen los haitianos. Nos están enseñando ellos a nosotros, y yo doy gracias por estar aquí, por tener el privilegio de aprender de ellos. Toda la gente que llega a Puerto Príncipe con esta mirada abierta a la realidad se va conmovido y transformado. La ayuda internacional empieza a hacerse visible. En el abrigo donde trabajamos en Cité Millitaire (Parroquia Notre Dame de Lourdes) ya se ha instalado un sistema de agua potable provisional, que cubre las necesidades de las 3.500 personas.

Numerosas organizaciones están distribuyendo comida, también los militares norteamericanos. Éstos protegen el recinto con soldados. Llegan con un camión, organizan una gran fila y reparten paquetes de alimentos envasados, bajo atenta vigilancia. La presencia de los soldados armados provoca mucha tensión. Aunque la comida se reparte sin altercados, minutos después de la salida de los soldados llegan los vecinos de la zona enterados de la distribución. Han llegado demasiado tarde, los soldados partieron. Se enfadan y gritan. Esta forma de distribución es una lotería, no respeta criterios de vulnerabilidad. Si llega y estás, comes. Si no, mala suerte.

Para evitar duplicidades en la ayuda, se están definiendo algunos roles en la ciudad. Los militares y el PAM (Programa de Mundial de Alimentos) están repartiendo comida. Otra organización se encarga de instalar sistemas de agua potable por toda la ciudad. Unicef se ocupa de la protección y cuidado infantil. En nuestro abrigo nos estamos centrando, por el momento, en cubrir el resto de necesidades básicas, dentro de nuestras posibilidades: tiendas de campaña para que les proteja de la lluvia y el sol, sábanas, colchones para dormir, kits de higiene para evitar enfermedades, alimentos y pañales para bebés, utensilios de cocina, etc. Pero hay mucho trabajo previo a la distribución.

Primero se organiza el abrigo. Se forma un comité central y varias comisiones: salud, seguridad, estadística, educación, agua y saneamiento, etc. El objetivo es implicar a las familias en el desarrollo del abrigo y en las distribuciones de la ayuda, queremos decidir con ellos cómo gestionar el abrigo y qué pasos hemos de dar. Una vez organizado el abrigo y con la colaboración de las diferentes comisiones, hacemos la sensibilización de la población. Mediante megáfonos, carteles, etc., los promotores de CESAL acompañados de los líderes dan a conocer cómo nos hemos organizado y el método de reparto de la ayuda. No siempre llega la ayuda para todos, ni al mismo tiempo. Por ello, hemos clasificado las familias en grupos de vulnerabilidad. Las familias que reciben primero la ayuda deben cumplir alguno de estos criterios: mujeres embarazadas y lactantes, enfermos y heridos, ancianos y minusválidos, familias numerosas con muchos niños de menos de 5 años.

Esta semana nos llegan nuevos camiones de CESAL con materiales básicos de emergencia. Tenemos resuelta la logística del almacenaje de productos y su distribución, gracias a la colaboración de la Cáritas de Puerto Príncipe, nuestro socio local. No os podéis ni imaginar los rostros de las familias cuando reciben una tienda y saben que van a dormir bajo techo. Toda esta ayuda ha sido gracias a vosotros, que os habéis movilizado con vuestras donaciones de forma admirable.

El equipo de trabajo en Haití crece. Ya disponemos de 10 técnicos locales dedicados completamente al abrigo, pertenecientes a la Cáritas y a AVSI bajo la coordinación de CESAL. Este miércoles llega una cooperante de CESAL, Sonia Molina, con lo cual voy a tener mucho más apoyo. También estamos organizando grupos formados por voluntarios de las facultades de ciencias de la educación e ingeniería. Las horas aquí no alcanzan para todo lo que hay que hacer. Estamos completamente exhaustos y agotados. Son los ejemplos de vida que nos regalan los haitianos cada día lo que nos mantiene enteros, como si bebiéramos la poción mágica de Asterix. Son sus miradas, sus risas, sus abrazos, sus canciones y mucho agradecimiento hacia nuestra labor humanitaria.

www.cesal.org

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