Populismo y poder

Mundo · Óscar Ortiz Antelo*
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3 febrero 2012
El populismo no tiene ideologías, no es socialista ni capitalista, solo tiene intereses, busca el poder a como de lugar, concentrarlo y perpetuarlo. Sube con el pretexto de servir a los pobres, de atender sus necesidades pero no se dedica a ellos, los utiliza y manipula sus esperanzas. Prostituye la democracia y rápidamente deriva en autoritarismo. Al final del día, el populismo solo sirve al gobernante y a su entorno. Los abusos y la corrupción en la que caen los vuelve presos del poder, saben que la única forma de protegerse es continuar en el gobierno a cualquier costo. Los populistas se vuelven el fin, el gobierno un medio para su beneficio.

En muchos países subdesarrollados, el populismo es la principal fuente de la pobreza y causa permanentes de oportunidades perdidas. Ello no quiere decir que los problemas y las causas que los populistas esgrimen no sean reales. Generalmente, han comprendido los problemas que efectivamente la gente siente y sufre en el día a día y que no encontraron respuesta  ni atención en anteriores gobiernos.

Por eso al populismo no solo hay que denunciarlo. Hay que competir con él con solidaridad y programas sociales responsables, sabiendo distinguir lo que son medidas prebendalistas que vuelven a la gente dependiente de la ayuda estatal de lo que deben ser políticas públicas solidarias que constituyen una ayuda temporal para que quienes no tuvieron oportunidades tengan condiciones de superar la pobreza. Es el camino que han comenzado a seguir naciones como Brasil, Chile, Colombia y México y que marcaron el progreso de las naciones desarrolladas. Para cerrar estos comentarios comparto dos párrafos extractados de un excelente artículo sobre el populismo escrito por Marcos Aguinis.

No lo confiesa, pero es irrefutable: el populismo se basa en el corto plazo. No tiene ni quiere tener una visión estratégica, aunque mienta por sistema, y diga lo contrario. Por eso recurre a términos como "modelo" o "socialismo del siglo XXI". Ese modelo y ese socialismo no existen. Sólo existen el poder y el dinero para unos pocos. Poder y dinero que se incentivan de forma recíproca y embolsan a creciente ritmo. Por dinero y por poder se llega a la aceptación de todo, en busca del blindaje que ofrece la impunidad. "Profundizar el modelo" es robar y acumular más poder para unos pocos. En los populismos decaen los valores y se enloda la dignidad.

El populismo, para ganar y sostenerse, ofrece bienestar hoy (o aparente bienestar), sin importarle el mañana. Estimula el facilismo y la irresponsabilidad para conseguir adeptos, por lo cual la productividad baja. No estimula la formación de mano de obra calificada, ni estimula nuevas fuentes de trabajo. No disminuye de forma drástica la pobreza, sino que brinda a manos llenas el consuelo de la limosna. El permanente ascenso social no es logrado por ningún populismo. Esa no es su verdadera intención. El líder y su aparato burocrático "proclaman" que se solidarizan con los pobres. Pero es mentira, porque equivaldría a su suicidio. Sin pobres el populismo fallece.

*Ex presidente del Senado de Bolivia

El Deber

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