Martin Hengel: la historicidad del cristianismo

Mundo · José Miguel García
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28 julio 2009
El 2 de julio ha muerto Martin Hengel (1926-2009), profesor emérito del Nuevo Testamento y Judaísmo antiguo en la renombrada universidad de Tubinga. Sin duda ha sido uno de los exégetas más influyentes del siglo XX y comienzos del actual. Durante muchos años ha sido un investigador incansable de los orígenes históricos del cristianismo. Mediante un uso inteligente de las fuentes, ha mostrado la debilidad de las bases sobre las que se apoya cierta exégesis crítica. Por ejemplo, puso en evidencia la falsedad histórica que introdujo R. Bultmann al pretender una oposición radical entre el mundo helenístico y el palestinense, ya que en la época de Jesús la lengua y cultura griegas habían penetrado ampliamente en el pueblo judío que habitaba en Palestina. Como prueba de ello señalaba que el cuarenta por ciento de las inscripciones funerarias encontradas en la Jerusalén del período neotestamentario eran griegas

De igual modo rechazó la idea romántica de que los evangelios son el producto creativo de la comunidad, uno de los principios en que se fundamenta bastantes conclusiones de la Escuela de las formas. Defendió con valentía, manteniendo una posición contracorriente, el valor histórico de la primera parte de los Hechos de los Apóstoles. Dentro de su preocupación por conocer los orígenes del cristianismo, dedicó parte de su investigación a profundizar en la figura de san Pablo, uno de los grandes protagonistas de la difusión del cristianismo; prestó especial atención a sus raíces judías, formación rabínica y los primeros años de su adhesión a la fe cristiana.

El uso inteligente de las fuentes históricas le llevó a concluir que las posiciones defendidas por la Iglesia, y que con frecuencia son menospreciadas como tradicionalistas por los ámbitos llamados progresistas y la prensa, tienen un fundamento histórico y no surgen de principios dogmáticos. Es más, hizo ver cómo la predicación cristiana se fundamenta no en enunciados teológicos, sino en hechos y acontecimientos sucedidos en un lugar y tiempo determinados. La fe no crea el acontecimiento; por el contrario, el acontecimiento genera la fe. Un ejemplo de ello es su estudio titulado El Hijo de Dios, donde muestra la ausencia de todo fundamento de la teoría que identifica la divinidad de Jesús como inspirada en los mitos paganos. La pretensión divina de Jesús, presente desde los orígenes de la Iglesia, procede de la misma conciencia de aquel judío que predicó y murió crucificado por mandato de Poncio Pilato. Por ello, rechazó como falsa la oposición que ha introducido tanta exégesis actual entre el Cristo de la fe y el Jesús histórico.

Defendió con energía el valor histórico de los evangelios y la antigüedad de la tradición recogida en estos libros pues tiene su origen en los testigos oculares de los acontecimientos narrados. Ciertamente no son relatos asépticos o crónicas modernas; la historia está entretejida de teología, o dicho de otro modo, los acontecimientos están leídos a la luz de las promesas realizadas por Dios al pueblo de Israel. Es más, los evangelios fueron escritos para comunicar la fe en Jesús de Nazaret; por tanto, anuncian la verdad revelada sobre la identidad de este hombre, su misión salvífica. Una verdad cristológica que se desarrolló en el tiempo y fue explicitada por los mismos evangelistas.

Muchos trabajos de Hengel son de investigación, otros son de alta divulgación, pero en todos ellos el conocimiento jamás es frío, siempre refleja el asombro y el agradecimiento del autor ante acontecimientos tan gratuitamente sorprendentes, tan ricos de bien para la vida del hombre. En realidad, el hombre sin prejuicios no puede no sorprenderse que un crucificado haya sido anunciado desde el comienzo del cristianismo como Hijo de Dios y salvador de los hombres. Quizá por esta unidad de estudio y fe conmovida, en ciertos ambientes, Hengel ha sido considerado un estudioso conservador. A veces, incluso, se ha utilizado este calificativo con el fin de descalificar sus investigaciones. Ciertas posiciones ideológicas se defienden de los datos y pruebas mediante el recurso a expresiones y calificativos negativos, con los que se intenta evitar el duro esfuerzo de la crítica científica u ocultar la ausencia de fundamento de la hipótesis exegética que se propone como cierta. Con su estudio, Hengel ha colaborado a mostrar la racionabilidad de la fe, su sólido fundamento histórico.

Al final de su vida habrá recibido el premio del buen servidor prometido en el evangelio. Ahora ya conoce lo que con tanto esfuerzo y fatiga buscó penetrar con su inteligencia y anunció a los hombres mediante su magisterio oral y escrito; ahora ya goza del abrazo de Aquel que reconoció y amó como su salvador.

 

 

 

 

El 2 de julio ha muerto Martin Hengel (1926-2009), profesor emérito del Nuevo Testamento y Judaísmo antiguo en la renombrada universidad de Tubinga. Sin duda ha sido uno de los exégetas más influyentes del siglo XX y comienzos del actual. Durante muchos años ha sido un investigador incansable de los orígenes históricos del cristianismo. Mediante un uso inteligente de las fuentes, ha mostrado la debilidad de las bases sobre las que se apoya cierta exégesis crítica. Por ejemplo, puso en evidencia la falsedad histórica que introdujo R. Bultmann al pretender una oposición radical entre el mundo helenístico y el palestinense, ya que en la época de Jesús la lengua y cultura griegas habían penetrado ampliamente en el pueblo judío que habitaba en Palestina. Como prueba de ello señalaba que el cuarenta por ciento de las inscripciones funerarias encontradas en la Jerusalén del período neotestamentario eran griegas

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