El encuentro de CL con el papa Francisco. Colaboradores de las profecías del Papa

Sociedad · Massimo Borguesi
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26 octubre 2022
Según Francisco, don Giussani ya es patrimonio de toda la Iglesia. Pero el carisma solo seguirá siendo auténtico si se declina de manera creativa en las circunstancias actuales.

“Habéis venido en gran número, desde Italia y desde varios países. El movimiento no ha perdido su capacidad de convocatoria y movilización”, dijo el papa Francisco al pueblo de Comunión y Liberación que fue a encontrarse con él el pasado sábado 15 de octubre, con motivo del centenario del nacimiento de Luigi Giussani. Lo decía ante una plaza abarrotada de gente, como no se veía en San Pedro desde antes del Covid.

Este encuentro había generado grandes expectativas, lo que es más que comprensible después de la carta del cardenal Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, enviada el 10 de junio a CL, donde se afirmaba que “la doctrina de la ‘sucesión del carisma’ –propuesta y alimentada durante la última década en el seno de CL por quien estaba a cargo de su conducción, con secuelas aún cultivadas y favorecidas con motivo de algunas intervenciones públicas– es gravemente contraria a las enseñanzas de la Iglesia. Los moderadores y presidentes de los movimientos eclesiales no reciben por sucesión personal el carisma del fundador ni son, por tanto, sus únicos intérpretes. Si así fuera, nos encontraríamos ante de un intento indebido y equívoco de apropiación y personalización del carisma por parte de quien tiene la función de guía; de ahí derivaría una autorreferencialidad inadmisible en la Iglesia”. Una afirmación grave que resonaba como una desaprobación a los líderes del movimiento tras la muerte de don Giussani el 22 de febrero de 2005. Inusitadamente dura hacia un movimiento que, con todos sus límites, ha ofrecido una contribución esencial, sobre todo en los años 70-90, en la presencia cristiana en Italia y en el mundo. El sábado el Papa usaba un tono distinto.

“Sé, queridos amigos, hermanos y hermanas, que los períodos de transición, cuando el padre fundador ya no está físicamente presente, no son nada fáciles. Muchas fundaciones católicas a lo largo de la historia han experimentado esto. Tenemos que agradecer al padre Julián Carrón su servicio de guía del movimiento durante este periodo por mantener firme el timón de la comunión con el pontificado”.

Carrón, responsable del movimiento de CL desde 2005 hasta el 15 de noviembre de 2021, ya no está en el banquillo de los acusados. Es aquel que en años complicados, también cuando dentro de CL la figura del Papa argentino no estaba del todo clara, mantuvo al movimiento estrechamente vinculado al Papa, no tuvo dudas en este aspecto. Quedan, eso sí, las cuestiones sobre las que el Papa ha querido reclamar atención paternalmente. Cuestiones documentadas por “un empobrecimiento en la presencia de un movimiento eclesial tan importante como Comunión y Liberación, del que la Iglesia, y yo mismo, esperamos más, mucho más. Los tiempos de crisis son tiempos de recapitulación de vuestra extraordinaria historia de caridad, cultura y misión; son tiempos de discernimiento crítico de lo que ha limitado el potencial tan fecundo del carisma de don Giussani; son tiempos de renovación y relanzamiento misionero a la luz del momento eclesial actual, así como de las necesidades, sufrimientos y esperanzas de la humanidad contemporánea. La crisis nos hace crecer. No debe reducirse al conflicto, que anula. La crisis hace crecer”.

El Papa espera de CL “muchos más”, un juicio que expresa al mismo tiempo una valoración crítica y una estima. Francisco considera que “un movimiento eclesial tan importante como Comunión y Liberación” es fundamental no solo por lo que aportó en el pasado sino por lo que puede ofrecer en el presente. Por eso, CL no debe perderse ni dispersarse en divisiones internas, en el juego de los bandos. Este sería su fin. Las distinciones pueden ser útiles y fecundas, ayudan a desarrollar personalidades maduras y críticas. Las contraposiciones no, se deslizan hacia el maniqueísmo en contiendas que se oponen a la acción del Espíritu.

“Seguro que don Giussani reza por la unidad en todas las articulaciones de su movimiento. Sabéis muy bien que la unidad no significa uniformidad. No hay que tener miedo a las diferentes sensibilidades y a la confrontación en el camino del movimiento. No puede ser de otra manera en un movimiento en el que todos sus miembros están llamados a vivir personalmente y compartir corresponsablemente el carisma que han recibido. Esto es muy importante: la unidad es más fuerte que las fuerzas de dispersión o el arrastre de viejas oposiciones”.

CL debe luchar por mantenerse unido, por ser una compañía cristiana que puede y debe aportar acentos distintos. Esa es su riqueza. La legítima diversidad no debe llevar a la exclusión. Giussani no lo habría tolerado y el Papa no lo quiere en este momento. Por su parte, Francisco ha querido volver a reiterar su reconocimiento y estima por el sacerdote de Desio.

“Quiero expresar mi gratitud personal por el bien que me hizo, siendo un joven sacerdote, meditar algunos de los libros de don Giussani; y lo hago también como Pastor universal por todo lo que supo sembrar e irradiar por doquier para bien de la Iglesia. […] Don Giussani fue padre y maestro, estuvo al servicio de todas las angustias y situaciones humanas que encontró en su pasión educativa y misionera. La Iglesia reconoce su genio pedagógico y teológico, desplegado desde un carisma que le fue dado por el Espíritu Santo para el ‘bien común’. No es la mera nostalgia la que nos lleva a celebrar este centenario, sino la memoria agradecida de su presencia: no solo en nuestras biografías y corazones, sino en la comunión de los santos, desde donde intercede por todos los suyos”.

No podría haber mayor reconocimiento. El sábado, el Papa reconoció en cierto modo que el sacerdote de Desio no pertenece solo a CL sino que ya es patrimonio de la Iglesia universal, su persona pertenece al grupo de los santos. Precisamente por eso, su movimiento no debe perderse por el camino, sobre todo no debe quedarse atascado mirando hacia el pasado con nostalgia. Ese sería el mayor error. Mirar al presente y al futuro con una perspectiva misionera, custodiando el pasado, es la perspectiva adecuada también para valorar el carisma.

“En este sentido os preguntaréis: ¿cómo responder a las exigencias de cambio del momento actual custodiando el carisma? En primer lugar, es importante recordar que no es el carisma el que debe cambiar: debe ser siempre acogido de nuevo para dar fruto en el mundo de hoy. Los carismas crecen igual que crecen las verdades del dogma y de la moral: crecen en plenitud. Son las formas de vivirlo lo que puede suponer un obstáculo o incluso una traición a la finalidad para la que el carisma fue suscitado por el Espíritu Santo”.

El carisma sigue siendo auténtico no si se repite mecánicamente, sino solo si se declina de manera creativa en las circunstancias actuales. Según el Papa, “el potencial de vuestro carisma está aún en gran parte por descubrir, aún queda mucho por descubrir; por eso os invito a evitar cualquier repliegue sobre vosotros mismos, por miedo –el miedo nunca lleva a buen puerto– o por cansancio espiritual, que lleva a la pereza espiritual. Os animo a encontrar los caminos y los lenguajes adecuados para que el carisma que don Giussani os ha transmitido llegue a nuevas personas y nuevos ambientes, para que pueda hablar al mundo de hoy, que ha cambiado desde los inicios de vuestro movimiento”.

El mismo Giussani mostró su creatividad cuando hablaba, cada vez de una manera nueva, hasta a tres generaciones de jóvenes: la que estudió en los años 50-60, marcada por una clima existencialista-ilustrado; la hiperpolitizada de los años 70, movilizada por la ideología marxista; y la neoburguesa y despolitizada de la era de la globalización. Esto, según el Papa, es lo que el movimiento de CL debe hacer ahora: conservar su propio carisma renovándose porque el mundo de hoy ha cambiado respecto a lo inicios del movimiento. Aparte de eso, para que el carisma se pueda mantener vivo hacen falta otras dos condiciones. Una se refiere a la dimensión educativa. Don Giussani nunca quiso fotocopias de sí mismo, no educó a los jóvenes para que repitieran un mensaje.

“Don Luigi tenía una capacidad única para desencadenar una búsqueda sincera del sentido de la vida en el corazón de los jóvenes, despertando su deseo de verdad. Como verdadero apóstol, cuando vio que esta sed se abría paso en los jóvenes, no tuvo miedo de presentarles la fe cristiana. Pero sin imponer nunca nada. Su enfoque generó muchas personalidades libres, que se adhirieron al cristianismo con convicción y pasión; no por costumbre, ni por conformismo, sino de forma personal y creativa. Don Giussani tenía una gran sensibilidad para respetar el carácter de cada persona, su historia, su temperamento, sus dones. No quería que todos fueran iguales, ni que todos le imitaran. De hecho, esos jóvenes, al ir creciendo, se convirtieron, cada uno según su inclinación, en presencias significativas en diversos ámbitos, en el periodismo, en la escuela, en la economía, en las obras de caridad y de promoción social”.

La otra condición se refiere al amor a la Iglesia. El movimiento solo puede tener un respiro ideal si permanece en total comunión con la Iglesia y con el Papa. El carisma necesita a la Institución eclesial y la Institución necesita al carisma. Esta es la dialéctica católica que se funda no en la antítesis sino en la ósmosis entre dos polos que son complementarios.

Por último, en el discurso del Papa resonaba una invitación personal y estimulante que revela también una cierta “soledad” del Papa en la Iglesia italiana. Francisco pidió explícitamente a CL que le acompañe, que le apoye en su pontificado, que no le deje solo.

“Os invito a acompañarme en la profecía por la paz –¡Cristo, Señor de la paz! El mundo cada vez más violento y bélico me da mucho miedo, lo digo de verdad, me da pavor–, en la profecía que señala la presencia de Dios en los pobres, en los abandonados y vulnerables, condenados o desechados en la construcción social; en la profecía que proclama la presencia de Dios en cada nación y cultura, respondiendo a las aspiraciones de amor y verdad, de justicia y felicidad que pertenecen al corazón humano y que palpitan en la vida de los pueblos. Que esta santa inquietud profética y misionera arda en vuestros corazones. Nunca os quedéis parados”.

Se trata de una invitación particular, de un certificado de estima por parte del Papa. Comunión y Liberación está llamado a colaborar en una triple acción “profética” del pontificado, a comprometerse en la lucha por la paz en Ucrania; por la ayuda, material y espiritual, a los pobres y marginados; y por la valoración del sentido religioso como el lugar de diálogo y paz entre los pueblos del mundo. Se trata de acciones proféticas animadas por la presencia del Dios de la Misericordia. La crisis de CL, como la de tantos movimientos y asociaciones actualmente, puede ser una gran ocasión para crecer. El Papa mostró el sábado toda su paternidad a una realidad que ha dado mucho a la Iglesia y todavía puede dar mucho en este momento. La multitud festiva que se dio cita en la plaza de San Pedro, impactante con sus cantos y los espléndidos testimonios de la africana Rose desde Kampala y la joven de ascendencia marroquí Hassina, correspondió a esa paternidad. Comprendió la ternura del Padre y la tarea que le encomendaba.

 

Artículo publicado en: https://www.ilsussidiario.net/news/lincontro-di-cl-con-francesco-collaboratori-delle-profezie-del-papa/2423781/

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