Declaración de Emergencia Climática: oportunidad para los cristianos

Mundo · Francisco Medina
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17 febrero 2020
El pasado 21 de enero, el Consejo de Ministros aprobó la Declaración de Emergencia Climática y Ambiental en España, en virtud de la cual el Gobierno se compromete a adoptar, en los primeros 100 días, una batería de 30 medidas en el marco de la lucha contra el cambio climático; algunas de las cuales se concretarán en normas del ordenamiento jurídico; entre ellas, un proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética (que, en su día, había sido esbozado por el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital cuando Álvaro Nadal estaba al frente); o un proyecto de Ley para alcanzar las emisiones netas cero en 2050.

El pasado 21 de enero, el Consejo de Ministros aprobó la Declaración de Emergencia Climática y Ambiental en España, en virtud de la cual el Gobierno se compromete a adoptar, en los primeros 100 días, una batería de 30 medidas en el marco de la lucha contra el cambio climático; algunas de las cuales se concretarán en normas del ordenamiento jurídico; entre ellas, un proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética (que, en su día, había sido esbozado por el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital cuando Álvaro Nadal estaba al frente); o un proyecto de Ley para alcanzar las emisiones netas cero en 2050.

Otras medidas incluyen la hoja de ruta para la descarbonización de la economía; la aprobación del segundo Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático; o la creación de una Asamblea Ciudadana del Cambio Climático; o la Estrategia de Transición Justa, en la que se articularán los convenios que se firmen con los sectores industrial y de servicios. También se habla de una Estrategia de Lucha contra la Desertificación y de una Estrategia Nacional Forestal. La Estrategia frente al Reto Demográfico viene acompañada de otras acciones ambiciosas, como la transformación del sector financiero público y privado a través de un Plan Nacional de Acción de Finanzas Sostenibles y los llamados bonos verdes a emitir por el Tesoro Público. O la Estrategia de Economía Circular. Y ya se ha presentado el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 para su aprobación por la Comisión Europea.

Ahora bien, la pregunta es: esta batería de medidas contenidas en la Declaración, ¿está en sintonía con el sentir de los ciudadanos? En el documento “Los españoles ante el cambio climático. Apoyo ciudadano a los elementos, instrumentos y procesos de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética”, del Real Instituto Elcano, se refleja que la lucha contra el cambio climático y la cuestión de la transición energética no son aspectos alejados de la vida de la ciudadanía, así lo indican en cuatro aspectos:

1.- La preocupación por el medio ambiente y el cambio climático: en el que la respuesta de los españoles, cuando se formula una pregunta abierta (no dirigida), es mayoritaria la mención al cambio climático o sus impactos como aspectos que más les preocupan; como resulta mayoritaria la constatación de que estamos realizando acciones gravemente dañinas para el medioambiente.

En cuanto al nivel de conciencia ecológica, medido según el índice NEP (rango de 1 a 5 puntos), la puntuación media de la población española, según el Informe, vendría a situarse en los 3,69 puntos –aproximadamente, la media de los países desarrollados–.

2.- El conocimiento sobre la realidad del cambio climático: sólo un 3% tiene dudas sobre su existencia; y la atribución de sus efectos a la acción del hombre es prácticamente unánime, aunque es minoritario el hecho de que tales cambios sean ya perceptibles; y una mayoría piensa que no hay acuerdo en la comunidad científica. Es mayoritaria la opinión de quienes piensan que España no hace lo suficiente para tomar medidas (un 81%).

3.- En cuanto a los daños causados por el cambio climático y su posible mitigación, hay acuerdo en que el Estado dedique parte del Presupuesto a medidas destinadas a paliar sus efectos (prevención de incendios, aislamiento de edificios o repoblación forestal), aunque un 38% de los encuestados sostiene que hay otras prioridades. Un 44% no quiere pagar más en el impuesto de circulación frente al 51% que sí está dispuesto a hacerlo para ayudar a mitigar los efectos del cambio climático.

4.- En relación a las políticas a adoptar para mitigar el cambio climático, hay una gran mayoría que cree que España ha de aprobar una Ley de Cambio Climático y Transición Energética y es partidaria de una política de reducción de emisiones de CO2 y de gases de efecto invernadero.

Llama la atención –como bien señala el referido informe– que las empresas, el gobierno y otros países sean considerados los principales responsables de los efectos del cambio climático, y se conceda nulo espacio a la propia responsabilidad personal. Se evidencian ciertas tendencias ideológicas mezcladas con la preocupación genuina por el cambio climático, que habrán de ser advertidas y pasadas por la criba de la realidad. Frente a lo que muchos puedan afirmar, el hecho de que los partidos de izquierda hayan hecho bandera de la cuestión ecológica y del cambio climático no necesariamente permite concluir que exista una sensibilidad mayor –por naturaleza ideológica–, aunque, ciertamente, en la izquierda ha habido una mayor atención a la cuestión social.

Y es que en la cuestión medioambiental ha pasado como en otros ámbitos de la vida política (educación, sanidad, estado del bienestar…): que la concepción individualista que albergaba el pensamiento liberal económico –Adam Smith, David Ricardo– o el político –el individuo frente al Estado, la articulación de un sistema de protección del individuo frente al Estado sin los contrapesos de la dimensión social de la vida humana o, en la otra cara, el elenco de derechos del individuo del pensamiento francés– ha llevado a privilegiar una concepción de la libertad sin responsabilidad; es decir, de la libertad sin un horizonte generador de solidaridad ha sido constatado por el resultado de los efectos de una globalización desenfrenada, en el que todo es provisional. Y que eso tenía consecuencias medioambientales fue constatado por el Club de Roma ya en 1972, en su documento los límites del crecimiento.

Sin embargo, la preocupación por la creación ya era parte del ADN del hecho cristiano desde sus mismos orígenes y es parte del contenido de la Doctrina Social de la Iglesia. La llamada conversión ecológica, acuñada por Juan Pablo II, ha encontrado continuidad en el magisterio de Benedicto XVI y en la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco. Iniciativas como el Global Catholic Climate Movement están llamadas a quedarse y aportar el testimonio del amor a la casa común, como reflejo de un cristianismo que se toma en serio las exigencias del mundo de hoy, de una Iglesia que recoge la llamada del Papa Francisco a atender el clamor de la tierra y de los pobres. La Exhortación sobre el Sínodo de la Amazonía es un claro ejemplo de que los cristianos no podemos desentendernos del mundo que habitamos.

Por eso, y con independencia del oportunismo o los intereses subyacentes que puedan constatarse, lo cierto es que debería ser algo pacífico el hecho de la tramitación de un proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética o la cuestión de la transformación del modelo económico y financiero y la Economía Circular. Seguramente, sectores como el automovilístico o el de los hidrocarburos tendrán que reconvertirse –en la Declaración de Emergencia Climática ya se prevé que no se autoricen permisos nuevos de investigación, exploración y concesiones de explotación (fracking)–. Por ello, la transición energética ha de contar con la sociedad civil; no puede ser brusca. Los planes diseñados desde despachos, generalmente, son desastrosos si no tienen en cuenta lo que sucede fuera, en la calle. Tampoco vale esconderse ante los nuevos escenarios. En esta transición hacia la descarbonización de la economía, los cristianos, porque amamos la realidad y porque nos ha sucedido Algo, tenemos mucho que decir.

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