Cuando el estado no es neutral

Mundo · A.T.
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6 diciembre 2012
El estado que tiene la marca del «laicismo» francés,en lugar de ser verdaderamente «neutral», acaba por «ejercer un poder negativoen relación con las demás identidades, sobre todo con las religiosas, que seencuentran en las sociedades civiles y tiende a marginarlas, cuando no lasexpulsa, del ámbito público». Lo afirmó esta tarde el cardenal Angelo Scola,arzobispo de Milán, en el tradicional discurso a la ciudad que pronunció en lavigilia de la fiesta de San Ambrosio, que este año inaugura las celebracionespor los 1700 años del Edicto de Constantino.

Scola recordó que el edicto tiene un significadohistórico porque representa el acta de nacimiento de la libertad religiosa ydel estado laico. El cardenal también recordó el pasaje fundamental delConcilio Vaticano II que, con la declaración "Dignitatis humanae", sumó lalibertad religiosa a los derechos inalienables de la persona. Notó que hoy eltema sigue teniendo mucha actualidad: un reciente estudio demuestra que entre2000 y 2007 «fueron 123 los países en los que se verificó alguna forma depersecución religiosa y, desgraciadamente, el número está en constanteaumento».

Al hablar sobre el nexo entre la libertad religiosa yla paz social, Scola indicó que, al contrario de lo que se podría pensar, losconflictos no disminuyen, sino aumentan, cuando el estado reduce «los márgenesde la diversidad religiosa». De hecho, entre más vínculos imponga el estado,más aumentan los contrastes religiosos, porque «imponer o prohibir por leyprácticas religiosas» provoca el aumento de «los resentimientos y frustracionesque después se manifiestan en el escenario público como conflictos».

La cuestión de la relación entre la libertad religiosay la orientación del estado fue el tema sobre el que reflexionó másprofundamente el cardenal. Scola recordó que la evolución de los estadosdemocráticos-liberales cambió «el equilibrio sobre el que tradicionalmente se sosteníael poder político». Con este cambio desaparecieron algunas «estructurasantropológicas», reconocidas como «dimensiones constitutivas de la experienciareligiosa», como el nacimiento, el matrimonio, la procreación, la educación, lamuerte. Se han ido «absolutizando en políticas de los procedimientos dedecisión que tienden a autojustificarse de incondicionadamente».

El cardenal explicó que «el presupuesto teórico» deesta evolución nació con el modelo francés de "laicité" y se «basa en la ideade la indiferencia, definida como "neutralidad", de las instituciones estatalescon respecto al fenómeno religioso». Una forma para favorecer, a primera vista,la libertad religiosa de todos, pero esta concepción «muy difundida en lacultura jurídica y política europea» ha terminado por convertirse en «un modelohostil hacia el fenómeno religioso». Y hoy, añadió el arzobispo de Milán, «enlas sociedades occidentales, y sobre todo europeas, las divisiones másprofundas son las que hay entre la cultura secularista y el fenómeno religioso,y no -como se piensa a menudo erróneamente- entre los creyentes de diferentesreligiones».

Al no reconocer este dato, «la justa y necesariaaconfesionalidad del estado ha acabado por disimular, bajo la idea de la"neutralidad", el apoyo del estado a una visión del mundo que se basa en laidea secular y sin Dios». El estado ha hecho suya una cultura específica, lasecular, que «a través de la legislación se convierte en la cultura dominante»y termina por «ejercer un poder negativo en relación con las demás identidades,sobre todo con las religiosas».

«Bajo la apariencia de la neutralidad y objetividad delas leyes -explicó Scola- se cela y se difunde, por lo menos en los hechos, unacultura fuertemente connotada por una visión secularizada del hombre y delmundo, que no tiene apertura a la trascendencia». Si es el estado el que hacesuya esta visión, se limita «inevitablemente la libertad religiosa». Según elcardenal hay que replantear la aconfesionalidad del estado, que no se debe interpretarcomo «alejamiento», sino que debe «abrir espacios en los que cada sujetopersonal y social pueda aportar para la construcción del bien común».

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