¿Acierta Sarko? Esta vez, quizás no

Mundo · Nuria Madrid
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6 abril 2011
El comienzo de la semana ha estado marcado en Francia por la Convención por la Laicidad, organizada por la UMP, el partido de Sarkozy. El presidente de la República está decidido a recuperar la popularidad perdida. La operación en Libia y la intervención en Costa de Marfil le están dado la ocasión de adquirir iniciativa en política internacional. Pero en el interior necesita frenar el avance de la extrema derecha de Le Pen. ¿Sólo eso explica la Convención sobre la Laicidad? No.

Sarkozy ha sido siempre un político preocupado por la presencia pública de la religión. El comienzo del siglo XXI, el siglo postmoderno, está siendo más, o tan religioso, como el III, el del sincretismo, o como el inicio del XIII, el de la gran síntesis medieval. Y Francia, como siempre, está en el centro de la historia, o eso pretende. No es extraño que los viernes muchos musulmanes paralicen las calles de París para la oración ritual, provocando problemas de tráfico. Seguramente quieren provocar, tienen intenciones políticas. ¿La solución es la privatización de lo religioso? La derecha francesa, como la española, preferiría hablar de otras cosas -"¿no es acaso triste que en la Universidad Complutense el problema sea el de las capillas?", dicen en los últimos días algunos chicos del PP-. ¿Solución? La UPM hace una lista de recomendaciones: que no se pueda recurrir a los motivos religiosos para impedir un tratamiento en un hospital, que no se pueda impedir la identificación por el uso del burka, que no se pueda rezar en las calles, que no se pueda reclamar un menú especial por razones de credo. Prohibiciones de muy diverso tipo para conductas muy diferentes que requieren más finezza.

Un caso práctico: el de la oración en la vía pública. No se puede prohibir que se rece en la calle, la dimensión religiosa forma parte de la ciudad. ¿Qué ocurriría con la madrugá de Sevilla si se aplicara el mismo criterio? Por eso la "ley Stasi", la ley que prohibió los símbolos religiosos "ostensibles" en la vecina Galia no es un buen modelo. Sí ha sido una gran aportación que Sarkozy haya apostado por la laicidad positiva. Los límites entre una recepción positiva de la aportación que la religión tiene que hacer a la vida pública y los problemas de orden público que genera una libertad religiosa desvinculada de los derechos fundamentales no son fáciles de precisar. Hace falta alejarse del electoralismo y ser muy preciso.

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