Entrevista a Philippe Ariño

´Yo homosexual, abrazado por la Iglesia´

Mundo · I.S.
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18 julio 2013
Que Philippe Ariño sea un tipo decididamente a contracorriente es un dato objetivo. Francés, nacido en 1980 de una familia profundamente católica, profesor de español, ensayista, blogger, homosexual declarado desde que tenía 17 años: hasta aquí su biografía no parecería diferente de la de muchos de sus coetáneos, sino porque, hace dos años, Philippe deja a su pareja, con la que estaba desde el 2009. “Desde entonces he abrazado el camino de la continencia que la Iglesia pide a las personas homosexuales”, cuenta sin rodeos en un mundo “sexocéntrico” en el que los vocablos “abstinencia” y “castidad” aparecen retazos de un pasado muerto y sepultad en la mayor parte de las personas, sea cual sea su orientación sexual. En su blog L`Araignée du desert, la “araña del desierto” se esmera en precisar que no quiere ser etiquetado como un “ex gay”, como el “Luca era gay y ahora está con ella” cantado por un discutible Povia, sino simplemente, como una persona que se ha sentido plenamente acogida por lo que es. Una simple “araña”, podría decir alguien, para volver a la metáfora del título, pero una araña amada.

Que Philippe Ariño sea un tipo decididamente a contracorriente es un dato objetivo. Francés, nacido en 1980 de una familia profundamente católica, profesor de español, ensayista, blogger, homosexual declarado desde que tenía 17 años: hasta aquí su biografía no parecería diferente de la de muchos de sus coetáneos, sino porque, hace dos años, Philippe deja a su pareja, con la que estaba desde el 2009. “Desde entonces he abrazado el camino de la continencia que la Iglesia pide a las personas homosexuales”, cuenta sin rodeos en un mundo “sexocéntrico” en el que los vocablos “abstinencia” y “castidad” aparecen retazos de un pasado muerto y sepultad en la mayor parte de las personas, sea cual sea su orientación sexual. En su blog L`Araignée du desert, la “araña del desierto” se esmera en precisar que no quiere ser etiquetado como un “ex gay”, como el “Luca era gay y ahora está con ella” cantado por un discutible Povia, sino simplemente, como una persona que se ha sentido plenamente acogida por lo que es. Una simple “araña”, podría decir alguien, para volver a la metáfora del título, pero una araña amada.

Muchos acusan a la Iglesia de ser “homófoba” mientras que tú dices que te has sentido acogido y has querido incluso emprender el camino de la continencia. ¿Por qué?

Antes de empezar el recorrido de la Iglesia no era feliz, y veía que no lo eran tampoco muchas de las personas que estaban a mi alrededor y he decidido, por primera vez, obedecer a aquello que la Iglesia pide a las personas homosexuales. Desde ese momento he descubierto no sólo una unidad que nunca había tenido antes, sino sobre todo me he sentido amado sin tener que renegar de lo que soy.

Entonces ¿no has tenido que cambiar para ser acogido?

No, me ha bastado fiarme de la Iglesia y esto, paradójicamente, me ha permitido aceptarme como plenamente homosexual: no he cancelado lo que soy, sino que lo he exaltado.

¿De qué manera?

He entendido que mi verdadera identidad es la de hombre e hijo de Dios, y esto es esencial, después llega mi deseo afectivo, que no niego, porque existe, pero la Iglesia, separándolo de la práctica, lo reconoce y no me fuerza a renegar de él. Pero ya no es el punto central sobre el que gira mi vida: por primera vez me he sentido verdaderamente feliz y responsable.

Por lo tanto ¿has visto un cambio real en tu vida?

Sí, he visto en mí una explosión de vida: en las amistades, en las relaciones, en la espiritualidad, pero incluso a nivel artístico y profesional. Me he dado cuenta de que cuando una persona se reduce y de identifica sólo con su deseo homosexual se aliena, se aleja de sí mismo y de los demás, mientras que la continencia me permite ser plenamente consciente de mí mismo, y al mismo tiempo, libre de la violencia y de la esclavitud de la práctica física.

¿Por qué dices que poner en práctica la homosexualidad es algo violento?

La práctica homosexual es violenta porque anula completamente la diferencia objetiva entre sexos, mientras que la Iglesia es quizá la única que la hace notar. Todo el debate sobre este tema está centrado, desde siempre, en la dicotomía heterosexual-homosexual pero de esta manera se desplaza la mirada del dato principal: antes está el hecho de ser hombre o mujer, una diversidad indiscutible de cuerpos; después, la orientación sexual.

La ley que ha sido aprobada hace poco en Francia y que equipara los matrimonios entre hombre y mujer con los de personas del mismo sexo, se ha olvidado de las diferencias de las que hablas.

Claro: los políticos han aprovechado el hecho de que la gente no sabe suficiente del tema de la homosexualidad para hacer de los derechos de los gays su bandera, para ganarse a una parte del electorado. La ley de Hollande es en realidad violentísima, porque banaliza las diferencias entre sexos poniendo todas las parejas al mismo nivel.

¿En qué sentido dices que es una ley que “banaliza”?

Paradójicamente, la ley por excelencia contra la homofobia es la más homófoba de todas: es como si fuera una “pequeña concesión” para las parejas homosexuales que ahora pueden aparentar algo que, por naturaleza, ellos nunca serán. En una tomadura de pelo que se añade una laceración a la herida de todos los que viven con conciencia su vida y, de hecho, más allá de las apariencias, no son pocos en el frente Lgbt que no se han tomado bien la noticia.

¿Crees que vale el mismo razonamiento para América, donde la legislación ha abierto el matrimonio para todos?

Exactamente. Por la obsesión de equiparar los derechos, se ha cancelado de golpe aquello que no podrá ser nunca igual. El resultado será sólo confusión, en la que la única visión correcta de las cosas es la que da la Iglesia, que trasciende el concepto de orientación sexual y va derecho a lo esencial, es decir, ser hombre o mujer.

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