Y el aborto… ¿a mí qué me importa?

Cultura · Vicente A. Morro López
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14 septiembre 2014
Después de proclamar que «la guerra es una locura», el Papa Francisco ha dicho en la homilía de la Eucaristía celebrada en el cementerio militar de Redipuglia, recordando el comienzo de la Primera Guerra Mundial y a los caídos en esa y en todas las guerras, que «todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… pero sus vidas quedaron truncadas. La humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”… Para ser honestos, la primera página de los periódicos debería llevar el titular: “¿A mí qué me importa?”. En palabras de Caín: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”»Esto que ha dicho el Papa sobre la guerra lo podemos aplicar también al aborto. Por desgracia, también en él, la humanidad ha dicho “¿A mí qué me importa?” No es casualidad, sino pura coherencia, que el Papa en su viaje a Corea el pasado mes de agosto, en la localidad de Kkottongnae, rezara también en un cementerio de víctimas del aborto, al que ha calificado de «crimen abominable.» ¡Cuánto Caín en nuestra sociedad que no se siente en la obligación de ocuparse ni preocuparse de la vida de los demás, y menos si son no nacidos! ¡Cuántas vidas truncadas por el aborto! ¡Cuántas mujeres han visto sus sueños y proyectos truncados! Cementerio Militar Monumental de Redipuglia

Después de proclamar que «la guerra es una locura», el Papa Francisco ha dicho en la homilía de la Eucaristía celebrada en el cementerio militar de Redipuglia, recordando el comienzo de la Primera Guerra Mundial y a los caídos en esa y en todas las guerras, que «todas estas personas, cuyos restos reposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… pero sus vidas quedaron truncadas. La humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”… Para ser honestos, la primera página de los periódicos debería llevar el titular: “¿A mí qué me importa?”. En palabras de Caín: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”»

Esto que ha dicho el Papa sobre la guerra lo podemos aplicar también al aborto. Por desgracia, también en él, la humanidad ha dicho “¿A mí qué me importa?” No es casualidad, sino pura coherencia, que el Papa en su viaje a Corea el pasado mes de agosto, en la localidad de Kkottongnae, rezara también en un cementerio de víctimas del aborto, al que ha calificado de «crimen abominable.» ¡Cuánto Caín en nuestra sociedad que no se siente en la obligación de ocuparse ni preocuparse de la vida de los demás, y menos si son no nacidos! ¡Cuántas vidas truncadas por el aborto! ¡Cuántas mujeres han visto sus sueños y proyectos truncados!

Y el aborto… ¿a mí qué me importa? Esta es la postura que nos ha conducido a una sociedad tan injusta e inhumana, a una situación de extrema gravedad en la cuestión de la defensa de la vida humana.

Y el aborto… ¿a mí qué me importa? ¿Qué me importa que haya mujeres que se vean abandonadas por todos, presionadas por todos, engañadas por todos, y que lleguen a ver el aborto como solución a sus problemas? ¿Soy yo acaso el guardián de estas hermanas mías? ¡Que se apañen, yo tengo mis problemas!

Y el aborto… ¿a mí qué me importa? ¿Qué me importa a mí que haya políticos que prefieran desentenderse ahora de este problema? Parece que, una vez más, el Partido Popular está dispuesto a incumplir otra de sus promesas electorales. Por lo visto, por mero cálculo electoralista –seguramente equivocado, además, como suele ocurrir-, el PP estaría dispuesto a abandonar la reforma de la ley del aborto, haciendo de nuevo seguidismo de las políticas zapateristas: ni defensa de la vida, ni del matrimonio, ni apoyo a la familia, ni derogación de la LOE y rectificación de la política educativa. La defensa de la vida no puede someterse a cálculos interesados, cambiando vidas humanas por “posibles” o reales votos. ¿Cuántos votos justificarían, señores del PP, que no deroguen la actual legislación de aborto libre y que no promulguen una nueva Ley (y si es posible, mejor incluso que el Anteproyecto que anunciaron)? Mejor quiere decir que proteja más la vida del ser humano concebido no nacido y a la madre, no que se ajuste más a las imposiciones del pensamiento único políticamente correcto y de la ideología de género.

Y el aborto… ¿a mí qué me importa? ¿Qué me importa a mí que antes hubiera políticos que aprobaron una Ley que desprotegía totalmente al concebido en las primeras catorce semanas de su vida? ¿Qué me importa a mí que antes hubiera políticos que apoyaran el aborto por cuestiones meramente ideológicas, sin pensar en el sufrimiento al que podían conducir a decenas de miles de mujeres? Políticos que vieran el aborto como un derecho, como una simple “decisión” –de la madre solo, por supuesto-, como algo que liberaba a las mujeres (¿existen “las mujeres” o la mujer concreta que se ve enfrentada a una tragedia?) de la “trampa” –esclavitud- de la maternidad.

Y el aborto… ¿a mí qué me importa? ¿A mí qué me importa que haya empresarios que se lucren con el más sangriento de los negocios, que se aprovechen del sufrimiento de las madres en dificultades? ¡Ese no es mi problema! Yo no tengo la culpa de eso y no puedo hacer nada, no tengo poder.

¿A mí qué me importa? Yo tengo mi vida y mis problemas. Además, ya hay asociaciones y grupos que eligen dedicarse a ayudar a las mujeres: está REDMADRE, está Provida, están las Casas Cuna, ¿no? Yo a lo mío.

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