Volcados en el testimonio

Mundo · José Luis Restán
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 0
11 abril 2008
Con motivo de la Jornada por la Vida 2008, el cardenal Rouco ha dirigido un mensaje a los católicos madrileños en el que subraya con fuerza la prioridad del testimonio, en un contexto cultural marcado por el relativismo y el agnosticismo. Se trata de una urgencia histórica apremiante, ha dicho el arzobispo de Madrid, tras preguntarse cómo será posible parar el curso social de la cultura de la muerte.

Efectivamente, como dijeron los obispos portugueses tras el referéndum que ha dado luz verde al aborto en nuestro país vecino, las sociedades occidentales experimentan hoy una profunda mutación cultural, un oscurecimiento de la conciencia que vacía de sustancia la afirmación teórica de la dignidad sagrada de todo ser humano, cuando no la arrumba definitivamente al desván de los trastos viejos. El cardenal Rouco lo dice también de otra forma: el escándalo masivo del aborto, de la experimentación que conduce a eliminar embriones humanos y la tentación de la eutanasia "sólo puede ser deshecho por la respuesta clara y amorosa de la vida, porque la vida es siempre un bien".

El vibrante reclamo del cardenal Rouco a proponer el Evangelio de la vida en todos los ambientes sociales nos mueve a varias reflexiones. En primer lugar, destaca el acento puesto sobre el testimonio, que siempre implica una relación con el otro, una toma en consideración de su situación personal, una invitación a caminar juntos, un lugar donde la experiencia propuesta pueda ser verificada. No basta, menos aún en este contexto de tremenda disolución, la afirmación contundente de un principio, por verdadero que éste sea: es necesario que la verdad (la verdad de la dignidad infinita de toda vida humana) sea aprehendida a través de una experiencia, y en eso a los católicos españoles nos falta un trecho largo por recorrer.

En segundo lugar, la batalla jurídico-política no desaparece; al contrario, debe librarse con mucha mayor inteligencia y realismo, y eso implica comprender que es subsidiaria respecto del ámbito socio-cultural, o mejor aún, existencial. En este sentido, un breve viaje por la historia resulta aleccionador. Mientras en el viejo Imperio Romano, con normas y costumbres sociales marcadamente contrarias a la defensa de la vida más débil e indefensa, se abrió paso con fuerza irresistible la cultura de la vida que encarnaban las comunidades cristianas (hasta llegar a impregnar el orden social), en la Europa de la segunda mitad del siglo XX, supuestamente con un ordenamiento en buena parte tributario de la tradición cristiana, la cultura de la muerte ha ganado terreno palmo a palmo. La diferencia está en la presencia o ausencia de un sujeto activo capaz de testimoniar eficazmente el valor de la vida y de convertirlo en cultura. Una lección que hoy no deberíamos olvidar, porque además nos espera una tarea para varias generaciones, como lo fue la siembra paciente de una nueva Europa por parte de los monjes benedictinos.

Por último, la intervención del cardenal Rouco ha venido a coincidir en el tiempo con un discurso de Benedicto XVI en el que recuerda el deber primario de la Iglesia de acercarse con amor maternal a quienes están heridos por haber recurrido al aborto. El Evangelio, recuerda el Papa, es siempre evangelio de misericordia, capaz de levantar a la persona de cualquier caída y de sanar cualquier herida. Sin esconder la gravedad moral de la tragedia del aborto, con su trama de oscuras responsabilidades, los católicos no podemos olvidar ni marginar esta dimensión esencial de la misericordia a la hora de afrontar este desafío de nuestra época. En realidad, la misericordia que perdona y sana es la otra cara del testimonio, indisolublemente unida a la proclamación de la verdad.

Sólo el testimonio clamoroso del bien que es la vida, comunicado de persona a persona y también públicamente a través de obras e instituciones varias, podrá vencer la oscuridad, el miedo y la ideología que amasan hoy la denominada cultura de la muerte. El subrayado claro del cardenal Rouco viene a coincidir con el último consejo que dejó Monseñor Sebastián a los participantes del Encuentromadrid 08: "haced un esfuerzo para abrir vuestras actividades a gente nueva, gente herida, gente necesitada".

 

Noticias relacionadas

Paladas de ceniza
Mundo · Fernando de Haro
El trabajo de la misión de la OMS en China para conocer los orígenes del virus nos indica hacia dónde vamos. La misión llegó más de un año después de que todo hubiese empezado. Sus miembros solo pudieron realizar las visitas que les había programado el Gobierno. ...
15 febrero 2021 | Me gusta 5
Ramy Essam, el megáfono de la revolución egipcia
Mundo · Riccardo Paredi
Hace diez años, el 25 de enero de 2011, un joven egipcio de 23 años llamado Ramy Essam salió a la plaza de Tahrir junto a millones de compatriotas pidiendo “pan, libertad y dignidad”. ¿Qué le diferenciaba del resto de manifestantes? Su guitarra y su voz. ...
29 enero 2021 | Me gusta 2
Una ayuda para levantarnos
Mundo · Francisco Medina
El pasado 31 de diciembre se publicó en el Boletín Oficial del Estado un Real Decreto-Ley (el Real Decreto-Ley 36/2020, de 30 de diciembre), conteniendo una serie de medidas destinadas, en principio, a la ejecución del llamado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, así como a la...
15 enero 2021 | Me gusta 4
Cuando “muere” la verdad, solo vale una presencia
Mundo · Luca Doninelli
Leo siempre con gran interés los editoriales de Páginas Digital y me ha llamado mucho la atención el de esta semana, “En el Capitolio el fin de un mundo”, que tal vez merecería un verbo en el título para quitar de la cabeza al lector la idea de que en el Capitolio solo se haya acabado “un...
15 enero 2021 | Me gusta 2