Trump y la Unión Europea: peligro (I)

Mundo · Ángel Satué
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13 febrero 2017
El show de Trump ha dado el salto de la pantalla a la arena de las relaciones internacionales. El showman-businessman venido a “político” declaró recientemente obsoleta a la OTAN, criticó gravemente la política de acogida de refugiados de Merkel, afirmó que la Unión es un pretexto para Alemania poder controlar Europa, se ha salido del Tratado Transatlántico de Inversiones con la Unión Europea y propuso a un candidato a embajador –Malloch– ante la Unión Europea en cuyo bagaje encontramos su apoyo al Brexit, su oposición al euro y, para más inri, se jactó de haber colaborado para acabar con la Unión Soviética, y que podría hacer lo propio con otra Unión (la europea). Esto es en política exterior lo que viene a ser en gastronomía comerse un percebe a las bravas, cosa que, por cierto, servidor vio de otro americano en una cena informal con su Administración. Es lo que sucede cuando aparece un liderazgo superpersonalista y autoritario. Nunca hay suficientes paños calientes.

El show de Trump ha dado el salto de la pantalla a la arena de las relaciones internacionales. El showman-businessman venido a “político” declaró recientemente obsoleta a la OTAN, criticó gravemente la política de acogida de refugiados de Merkel, afirmó que la Unión es un pretexto para Alemania poder controlar Europa, se ha salido del Tratado Transatlántico de Inversiones con la Unión Europea y propuso a un candidato a embajador –Malloch– ante la Unión Europea en cuyo bagaje encontramos su apoyo al Brexit, su oposición al euro y, para más inri, se jactó de haber colaborado para acabar con la Unión Soviética, y que podría hacer lo propio con otra Unión (la europea). Esto es en política exterior lo que viene a ser en gastronomía comerse un percebe a las bravas, cosa que, por cierto, servidor vio de otro americano en una cena informal con su Administración. Es lo que sucede cuando aparece un liderazgo superpersonalista y autoritario. Nunca hay suficientes paños calientes.

La respuesta de Europa ha sido inequívoca, pero aún se queda en palabras. Aún en estado de shock por una ruptura del orden internacional conocido hasta la fecha, y la necesidad de tener que volar sola después de un letargo de 70 años, nuestro Donald, el bueno, Tusk, presidente del Consejo europeo, ha llegado a afirmar que “la presidencia de Trump es un riesgo para Europa”. Véase que no dice la Unión, sino que aquí está pensando, como buen polaco, en el oso ruso, en el este de Ucrania, en el Cáucaso, por no hablar de los estados bálticos.

Sirva esta metáfora: un nuevo vecino ha venido, y es un macarra de cuidado, que ni come ni dejará comer. Los niños formales europeos no saben qué hacer, y el chivato o pepito grillo se ha ido con los donuts y varias ojivas nucleares. Además, hay otro macarra al este (mucho) y un chino enorme que no sabe si seguir comiendo o ayudar a los asustados chavalitos.

Al tiempo, nuestro Donald tuiteó que “debemos recordar verdades olvidadas: una Europa unida para evitar otra catástrofe histórica. Los tiempos de la unidad europea se corresponden con los mejores de nuestra historia”.

Con este tweet, el presidente del Consejo Europeo se lanzaba a defender Europa el pasado 31 de enero, antes de la cumbre informal de Malta, en clara alusión a la situación geopolítica de 2017, mencionando veladamente las guerras mundiales, el nazismo, el fascismo y el comunismo, la guerra fría y, en definitiva, el drama del hombre europeo de finales del siglo XX y primeros del XXI. Pero, ¿por qué? ¿Estamos ante un envite tan grande para Europa como para sacar a pasear nuestros monstruos familiares? Cuesta creerlo. Es más bien pasar a la mayoría de edad.

Recordar verdades. Verdades olvidadas. Sin duda, es una buena noticia que desde la atalaya del Consejo europeo, que impulsa y define las orientaciones políticas generales de la Unión, se recuerde a los europeos que existen al menos dos verdades, en lo que llaman la era de la postverdad (relativismo que anunciara el Papa BXVI): (1) que nos unimos para evitar otra catástrofe histórica; (2) que los tiempos de la unidad europea son los mejores en la centenaria historia europea.

Recordar estas verdades también en el discurso preparatorio de la pasada reunión informal de los 27 de la Unión, en Malta, solo se puede explicar, al igual que el ascenso del nuevo presidente norteamericano, si ponemos el acento en un emergente nuevo orden mundial y en los cambios geopolíticos que vivimos, con sus riesgos, amenazas y retos, y en la oportunidad de ir hacia una Unión europea de corte casi federal.

En mi opinión, tanto el tweet como el discurso fueron al mismo tiempo un “aviso de salón a EE.UU.”, que es donde se hace la política europea, al menos de momento, y un aviso a navegantes al pueblo europeo, para que, como Ulises, nos atemos al barco para no acabar cediendo al canto de las sirenas de comunistas, populistas, nacionalistas, xenófobos, tradicionalistas y proteccionistas, que –me atrevo a decir– son ideologías que recogerán el sentir del hombre medio europeo, como hemos visto el pasado junio con el Brexit. Una alerta “ante la nueva Administración norteamericana que hace nuestro futuro altamente impredecible”.

Es decir, hay miedo y la percepción de que estamos amenazados y, peor aún, acogotados, y de que hay verdaderos genios en utilizar el miedo que nos pueden hacer sucumbir ante él. Y el príncipe del miedo ya sabemos quién es.

Cabe preguntarse si hemos de dar una respuesta tras otra a cada ocurrencia del presidente Trump, o a cada tweet. Vemos que la relación es, del lado yankee, o gringo, totalmente personalista (Trump), y que la Unión amaga con declaraciones personalistas, fuera del plano institucional de la Unión, donde los europeos nos movemos mejor que nadie.

¿Merece la pena descender a la arena? No. Tenemos muchos siglos a la espalda para que nuestra estrategia se condicione por la táctica, como aludía Javier Solana el pasado viernes. Vean ustedes al Vaticano. El pueblo americano se merece un diálogo entre instituciones.

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