Toy Story 3

Cultura · Víctor Alvarado
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28 julio 2010
John Lasseter y su productora se están convirtiendo en unos expertos en despertar sentimientos y en sugerir valores con sus historias, que merecen la pena ser tenidos en cuenta. Nos da la impresión de que esta fábrica de sueños, llamada Pixar, realiza estudios antropológicos con una acertada visión del pensamiento del ser humano antes de inventarse un relato animado que sea fiel a sus principios. Y es que este largometraje refleja una realidad que muchas personas hemos experimentado hacia nuestros juguetes y cómo ha ido evolucionando nuestra relación con ellos. Por cierto, mis juguetes están guardados en una caja para mi futuro hijo.

La cinta gira en torno a los juguetes de Andy que, intuyendo que su dueño se está haciendo mayor y les quiere enviar a una guardería, empiezan a replantearse sus vidas.

Este largometraje está dirigido por Lee Unkrich, que ha partido de varios trabajos de la factoría como Buscando a Nemo (2000). El director consigue mantener la frescura de la primera, contando ideas diferentes a las anteriores, pero sin resultar reiterativas a pesar de girar alrededor del mundo infantil. Su trabajo es excelente y, en algunos aspectos, mejorando a las anteriores, respaldándose en un guión potentísimo de Michael Arndt, que nos ofrece todos los ingredientes para garantizar el éxito.

Las situaciones cómicas creadas son divertidísimas, mientras que las dramáticas tienen mucho sentido y pueden servir para reflexionar sobre la lealtad, la amistad y la familia, destacando la importancia de encontrarse unidos hasta en los peores momentos junto con el miedo a no ser aceptado y sobre los efectos negativos del rencor mantenido a los largo del tiempo.

Por último, les recordamos que no deben perderse el corto anterior a la proyección de Toy story 3 (2010) y la desternillante historia de amor entre Ken y Barbie. Además, la cinta nos obsequia con varios guiños cinematográficos como La gran evasión (1962) o a Mi vecino Totoro (1988), el entrañable personaje del animador japonés Hayao Miyasaki, muy admirado por Lasseter.

Conclusión, tanto padres como hijos no deben perderse este film, que emocionará a unos y entretendrá a los otros.

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