Crisis financiera

¿Sólo la intervención del Estado puede salvar la economía?

Mundo · Giorgio Vittadini
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2 octubre 2008
Muchos comentarios sobre la grave crisis financiera restan importancia a lo sucedido e invocan el modelo inglés. Un modelo que ha apostado por los servicios financieros y que ha generado un crecimiento en el Reino Unido, durante una década, mayor que el de la media europea. Pero en periódicos tan prestigiosos como el Herald Tribune o The Guardian se puede leer que conservadores ingleses como James O'Shaughnessy, responsable de la política de investigación, o como el canciller en la sombra George Osborne, están abandonando las tesis del ultraliberalismo financiero de la época de Tatcher.

La idea que sostienen es que también en Gran Bretala la "financiarización" excesiva de la economía ha tenido efectos perniciosos a largo plazo por el distanciamiento de la economía real. Antes de 1973 sólo el 10 por ciento de las inversiones se consideraban especulativas, mientras que hoy sólo el 2,3 por ciento de los préstamos de los bancos están destinados a la industria. Hay también una creciente desigualdad distributiva: en el 73, el 50 por ciento más pobre de la población controlaba el 12 por ciento de la riqueza, excluyendo las propiedades inmobiliarias. Hoy sólo posee el 1 por ciento de esa riqueza y el valor de los salarios reales ha disminuido.

¿Qué hacer entonces con un sistema que, a pesar de las apariencias, supone el riesgo de generar desigualdades cada vez más grandes y no permite el desarrollo? La solución no está en un estatalismo que nacionalice las pérdidas privadas. Es necesario mirar la situación real de la gente. Sin ocultar la necesidad de realizar una reforma del sistema macro-económico, los nuevos conservadores británicos se han marcado como objetivo aumentar la autosuficiencia de la población fomentando el carácter emprendedor, la pluralidad de formas de la propiedad y dando facilidades para conseguir capital que esté destinado a la financiación de la economía real. Todo ello acompañado por un relanzamiento del sistema económico local, por medio de la descentralización de las funciones económicas y administrativas, y de las finanzas públicas.

Esto es, por otra parte, lo que se está discutiendo desde hace tiempo en Italia: el rechazo de la vuelta al Estado asistencial; la centralidad de la economía real para sostener las pequeñas y medianas empresas y para defender las exportaciones; la recuperación de unas finanzas privadas encaminadas a sostener grandes inversiones, también públicas; el federalismo fiscal y la subsidiariedad horizontal. Todo esto indica que existe una nueva filosofía económica a nivel internacional.

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