Entrevista al padre Pizzaballa

Sin perdón no hay justicia

Meeting · Federico Ferraù
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26 agosto 2014
La guerra en Tierra Santa continúa. Lo mismo sucede en Siria, así como en Iraq, donde el Califato se abre paso entre la sangre de las víctimas. A su vuelta del viaje apostólico a Corea del Sur, el Papa Francisco ha exhortado a detener “al injusto agresor”, sin por ello hacer guerras de conquista, según una lógica de choque de civilizaciones, de contraposición total.

La guerra en Tierra Santa continúa. Lo mismo sucede en Siria, así como en Iraq, donde el Califato se abre paso entre la sangre de las víctimas. A su vuelta del viaje apostólico a Corea del Sur, el Papa Francisco ha exhortado a detener “al injusto agresor”, sin por ello hacer guerras de conquista, según una lógica de choque de civilizaciones, de contraposición total. Algo que, a juzgar por el debate sobre cada palabra pronunciada o no por el Papa, muchos parecen esperar. Hablamos con Pierbattista Pizzaballa, franciscano custodio de Tierra Santa, que intervino en el encuentro inaugural del Meeting de Rimini.

El Papa, a su vuelta de Corea, ha dicho que la oración por la paz con Abu Mazen y Shimon Peres no fue un fracaso. ¿Está usted de acuerdo?

Por supuesto. No se puede medir la eficacia de la oración como si fuera un producto de mercado. La oración nos inserta en una dimensión distinta, no mensurable. Es más, precisamente esa oración fue un signo muy potente, un signo que nos indica que Oriente Medio no es solo destrucción sino también, si se quiere, capacidad de diálogo y de encuentro.

¿Aunque la “puerta abierta” por Francisco parezca cerrarse un poco más cada día?

La puerta está abierta. Es el humo de las bombas lo que no permite verlo. Esa porta nunca se cerrará. Hay bombas y persecución, pero también hay mucha gente que trabaja por la paz. No se debe leer la realidad mirando solo al momento actual, hay que hacerlo con la perspectiva más amplia de la fe.

Ante una tregua que sigue sin respetarse y una paz que no se ve por ningún lado, ¿qué siente usted?

Uno se queda atónito ante tanta violencia, pero sabemos que antes o después terminará. Lo que más nos preocupa, y lo digo de un modo intencionadamente paradójico, no es tanto la violencia de este momento sino el odio y el rencor que genera. Por esta razón, aquel gesto de oración resulta muy importante, nos indica el camino a seguir después de que termine esta fase de violencia.

Hace poco más de un año el Papa Francisco condenaba el ataque a Siria. Hoy, por pedir una intervención de la ONU, le acusan de moverse con retraso, de invocar una intervención sobre unas bases muy frágiles, incluso de “buenismo”. ¿Qué le parece?

Basura. Sobre todo porque el Papa no es un líder político y no hace declaraciones políticas. Además, no ha dicho nada nuevo respecto a la doctrina de la Iglesia por lo que respecta a la intervención armada. ¿Buenista? Como líder religioso que es, ofrece perspectivas y sostiene como ningún otro a los fieles que tienen que afrontar una situación tan dramática.

¿Cuál es el punto de vista de la fe?

Un cristiano sabe muy bien que la realidad no se ve en toda su verdad si no se pone en relación con Cristo. Quien lo olvida y quiere juzgar los discursos o las afirmaciones del Papa solo en clave política, social o mediática, se sale totalmente del camino. Dicho esto, los políticos deben hacer su trabajo.

¿Tampoco cree que Francisco haya respondido tarde ante lo que sucedía?

Si hay alguien que ha hablado como religioso del problema en Oriente Medio, no solo desde el punto de vista de los cristianos sino también del drama humanitario que se está produciendo, ha sido precisamente el Papa. Quienes le acusan –políticos, analistas, organismos internacionales– tal vez sean los que debían haberse movido a tiempo. El Papa no tiene divisiones que enviar, y por otro lado no hace falta el apoyo del Papa para ir a Iraq.

Ante el drama en Iraq y Siria, ante la extrema violencia de las persecuciones, ¿no le parece que se está cumpliendo el diagnóstico de Samuel Huntington del “choque de civilizaciones”?

No. Mire, la mirada que debemos tener hacia lo que sucede siempre necesita ser redimida, no puede despreciar a la Providencia. La barca de Pedro siempre está sacudida por las olas, y siempre hay alguien –incluso dentro de la barca– que cree saber mejor qué es lo que hay que hacer. Pero el cristiano sabe muy bien que el mal no es la última palabra del mundo y que aunque Satanás batalle no podrá vencer. No, no podemos ceder a lógicas de contraposición. Nunca.

Entonces, la idea de un enfrentamiento entre cristianismo e islam…

Nace de un esquema netamente político, no religioso, y por tanto equivocado o al menos incompleto, como un instrumento para contraposiciones de las que derivan consecuencias propias del ámbito de las decisiones políticas. No creo que sea tarea ni del Papa ni de la Iglesia entrar en este ámbito. La tarea de la Iglesia es educar, y educar en la acogida del otro. Hay cosas, como el valor de la vida, sobre las cuales no se puede discutir. Por eso nadie tiene el poder de cortar cabezas. Esto debe ser dicho con claridad y, si es posible, evitado, pero sin buscar el enfrentamiento, ni cultural ni religioso ni civil.

¿Usted estaría a favor, teniendo en cuenta las palabras del Papa Francisco, de la intervención de una coalición o de ciertas fuerzas occidentales para detener a los perseguidores?

Las agresiones deben detenerse, pero con los fanáticos no creo que se pueda hablar. La cuestión es que la fuerza, por sí sola, fuera de una perspectiva y un contexto de construcción, no resuelve el problema.

¿Qué quiere decir?

Que hay que pensar no solo en cómo detener a los violentos, sino también en qué hacer después.

¿En sus palabras hay una crítica implícita a todos los intentos de exportar la democracia, como ha sucedido en Iraq durante diez años?

Yo diría que no es una crítica implícita; es explícita.

¿La paz se puede conseguir de verdad o es solo un fin deseable?

Depende de lo que se quiera meter dentro de la palabra. “Paz” es una palabra hermosa, de la que quizá se haya abusado. La paz final solo llegará cuando el Señor la instaure de manera definitiva. Entretanto, los que estamos aquí debemos construirla continuamente, porque nunca se da de una vez por todas.

El pasado 25 de mayo, en la Basílica del Santo Sepulcro, Francisco dijo: “No nos dejemos robar la esperanza”, es decir, la Resurrección. ¿Quién “roba” hoy la esperanza? ¿Y qué deben hacer los cristianos para no dejársela robar?

Roba la esperanza quien no cree, quien cae presa de la lógica del miedo o quien se deja llevar por una lógica anticristiana. Y esto vale para todos, cristianos y no cristianos. El cristiano, precisamente en estas circunstancias tan dramáticas, debe responder siendo aún más cristiano. No podemos prescindir de la Cruz.

Se habrá encontrado con personas que le hayan manifestado su voluntad de irse, de abandonar su patria, ¿qué les responde?

Si por un lado, el humano, lo comprendo, por otro trato de hacerles entender las razones importantes que existen para quedarse. Pero siempre con mucho respeto y comprensión, porque hay que ser muy concretos, no solo reclamar a un ideal. Este debe proponerse siempre con un respeto total a la libertad.

¿Existe una tarea que solo los cristianos pueden realizar en Oriente Medio y en Tierra Santa?

Los cristianos deben poder vivir libres, como los demás. Luego hay una misión que es propia del cristiano, pero no sé cómo se puede realizar en este momento. Quizá por ahora no sea posible.

¿Cuál es esa tarea tan difícil?

El perdón. No puede hablarse de justicia sin hablar de perdón. Pero quizás este, repito, no es el momento. Hay que esperar en silencio.

¿Qué quiere decir?

Cuando hay gritos es imposible escuchar al que habla. Hay un momento para todo, dice el Eclesiastés, pero en este tiempo de tan gran mal y dolor, es difícil hablar de perdón. Pero debemos mantener la perspectiva, esa es nuestra tarea.

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