Sanmontenares y el viejo puente

España · Alcalde de Sanmontemares
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14 febrero 2014
En Sanmontemares no llueve, es el cielo que lagrimea. En el pueblo no hace frío, es que el calor no ha llegado todavía. En la villa aquel vecino no es tonto, es que tiene una vida que le ha llevado a ser así, y hay que aceptarlo. En Sanmontemares no hay seres excepcionales, ni nadie que quiera destacar por encima de los demás. Todos se saben diferentes.

En Sanmontemares no llueve, es el cielo que lagrimea. En el pueblo no hace frío, es que el calor no ha llegado todavía. En la villa aquel vecino no es tonto, es que tiene una vida que le ha llevado a ser así, y hay que aceptarlo. En Sanmontemares no hay seres excepcionales, ni nadie que quiera destacar por encima de los demás. Todos se saben diferentes. Todos se sienten igualmente necesarios. Todos se reconocen a ellos mismos cuando colaboran con su vecino, y no esperan del vecino nada más, si acaso, que se deje acompañar en sus necesidades. Sanmontemares es una comunidad. Es una familia.

Es la condición cultural española un temperamento cambiante, muy próximo a un frente borrascoso, que arrasa, ahoga y hiere todo lo que más se quiere. Es Sanmontemares probablemente esa excepción, de larga tradición moderada, como su clima y sus cosechas.

El alcalde pasea al caer la tarde en bicicleta por la vereda del cementerio, y todos saben que va a visitar la tumba de su gran amigo, Manuel, comunista pragmático, que siempre quiso yacer donde lo hiciera su mujer, Catalina, devota. Más allá de sus ideas, ellos aprendieron a amarse.

Todos saben que el alcalde anda triste, preocupado. Cuando va hablar con Manuel es que algo pasa. No saben lo que es, pero se lo pueden imaginar. Todos saben que el pueblo se desgarra. Que los jóvenes se marchan lejos. Que muchos de los que vienen no son aceptados, o hacen las labores más duras sin apenas garantías y ningún derecho. Que una minoría de estos busca imponer una hegemonía cultural y religiosa en su país de acogida. Que se tira la comida de algunos restaurantes, mientras en la zona de las casas del río hay familias subsidiadas por el municipio. Que se ha robado en puestos de confianza para el municipio. Que la prosperidad ha confundido alegría y felicidad con placer y hedonismo. Familias rotas. Droga en los dos institutos. Y tantas cosas. Sí, Sanmontemares no es una isla, ni un paraíso, pero algo tiene que siempre afronta los problemas. 

A veces piensa que es necesario volver a la orilla que cada cuál sienta como más cercana y tratar de volver a construir el puente….pero le da miedo que a él mismo le de por quedarse en ese lado de la orilla, o que otros se queden en el contrario, y como consecuencia el pueblo quede dividido por su centro.

Pero el viejo puente siempre ha estado allí. El viejo puente es necesario. Él sabe cómo se construye. Al otro lado también saben. Alguien sabrá. El río, si se desbordara haría innecesario el puente, y los trabajos para su construcción estériles. Pero asociado al puente está el dique que encauza el agua, la atempera. Un dragado y una obra del siglo XIX, que sería cuestión de rehabilitarla. Trabajos como apuntalar, dragar el cauce, poner balizas de control,…

Pero mientras unos discuten sobre si debe haber salmones, truchas o carpas en el río, y si esto afectará o no al pato salvaje, y otros piensan en hacer negocio con el proceso de construcción, al alcalde le pesa que nadie piense que Juana tiene que andar 2 km para comprar el pan, que tiene a escasos 30 metros, cruzando el puente. Y Juana vive sola, apenas ve a sus nietos, y está enferma.

Como alcalde siempre ha sido un independiente, aunque hizo política de partido en el pasado, y así le fue. Sin embrago, como en su pueblo, nada. En San montemares es distinto. Habla con todos. Aglutina a todos. Como el viejo puente. Y la pobre Juana necesita de todos. Necesita, como tantos, su puente. Que es su vida, su sustento. 

– ¿Qué puente teníais, Manuel, Catalina y tú? ¿Qué puente cruzábais todos los días? ….Te entiendo, …El viejo puente de siempre. El que os unió a los dos, a vuestro anhelo más secreto, más personal y menos privado….Vuestro amor. Ese era vuestro secreto…. Gracias, Manuel, una vez más. Viejo zorro. Debe de haber otro como tú en esta orilla,…en la de los vivos. La realidad es que estamos llamados a vivir en la misma orilla, todos.

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