Retóricas de convivencia

España · Fernando de Haro
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5 octubre 2023
Por desgracia, este deseo de concordia, de superar los bloques, se ha convertido en una bandera que se utiliza para descalificar al adversario. Hasta las causas más altas se pueden marchitar.

Puigdemont no quiere ni ver a Salvador Illa en el equipo de negociación de Sánchez con el independentismo. Tiene su lógica, el PSC se convirtió en Cataluña en el ganador de las elecciones generales. Elecciones que supusieron un retroceso de Junts y de ERC. Los socialistas catalanes, como David Pérez en este periódico, defienden que es necesario “mantener tu posición con convicciones, pero también intentar entender al otro”. Y añaden que “hay gente cansada de todo lo que ha pasado. Y hay personas que, sin necesidad de renunciar a sus ideas,  – a nadie se le pide que deje de ser independentista- quieren que Cataluña funcione”. La música suena muy bien y no hay por qué dudar de la sinceridad de las posiciones del PSC.

Por desgracia, este deseo de concordia, de superar los bloques, -no hay nada más noble- se ha convertido en una bandera que se utiliza para descalificar al adversario. Hasta las causas más altas se pueden marchitar. En su intervención en el debate de investidura Feijoo defendió la concordia. Lo mismo ha hecho Sánchez.

No por invocar un valor este se materializa. No por invocar la concordia se construye la concordia. Al final todo se queda en retórica. Sánchez habla de diálogo y convivencia pero no quiere dialogar con la mitad del Congreso. Feijóo, al mismo tiempo que ponía como referente la Transición, hacía una crítica tan áspera a Sánchez que reconocía que todos los puentes han volado. ¿Por qué al PP le parece tan descabellada la propuesta de Esperanza Aguirre de abstenerse en la investidura de Sánchez? A Sánchez le falta sentido de la lealtad. Pero el PP tiene una larga tarea de oposición en la que tendrá que hacer gestos para desbloquear, para superar las trincheras. No queremos más palabras sin realidad.

Todo el debate sobre la constitucionalidad de la amnistía se centra en si está dentro de los límites de la Constitución o si los supera. En realidad, plantear el debate en estos términos supone que la partida está perdida. Si la Constitución y las instituciones son un simple “límite”, un catálogo de lo que no se puede hacer, se está admitiendo que su valor como acuerdo que va más allá de la letra de ley ya no existe. Ya sabemos cuál va a ser el resultado de la sentencia al recurso de la ley de amnistía. Aunque todavía no haya ley. El Tribunal Constitucional le dará el visto bueno con 7 votos a favor (los de los progresistas) y 4 en contra (los de los conservadores). Unos y otros han convertido al Tribunal Constitucional en una tercera cámara que representa a las mayorías del Congreso y del Senado.

 

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