¿Qué es el hombre para que se le cure?

Mundo · Teresa Suárez
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10 noviembre 2008
Este fin de semana se ha celebrado en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid la Jornada ¿Qué es el hombre para que yo lo cure? organizada por la Asociación Medicina y Persona. El acto constaba de dos mesas redondas en las cuales se quería crear un clima de debate.

La primera mesa trató el tema ¿Qué es la calidad de vida? Esta cuestión sale a debate de forma cada vez más habitual, pero sólo para recordar que hay vidas que no se deberían vivir, que no tienen la calidad suficiente para ser vividas con dignidad. La Dra. Gema Muñiz, internista del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, introdujo la mesa redonda hablando de la dignidad de la persona desde que nace hasta que muere. Desde su experiencia profesional, afirmó que es falso que los enfermos tetrapléjicos no quieran vivir; explicó cómo luchan por una mayor funcionalidad y cómo encuentran un sentido para seguir viviendo.

El profesor Gabriel Albiac, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, escritor y columnista, recordó la importancia de un respeto sagrado por cada persona y nos alertó de la funesta tentación de sacralización del profesional sanitario, que se erige en dios, autoconcediéndose un poder sobre la vida y la muerte, decidiendo quiénes tienen una vida de calidad suficiente y quiénes deberían ser eliminados.

Por último, el Dr. Mario Melazzini, oncólogo y enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), mostró en vivo lo que significa una vida de calidad, desde una silla de ruedas y con una gran limitación física en el contexto de una enfermedad tan grave y dolorosa como es la ELA. El Dr. Melazzini afirmaba que la dignidad tiene carácter ontológico y no puede estar en función de una determinada calidad de vida, entendida ésta en términos utilitaristas. Utilizó un símil muy significativo: el carnet por puntos. Como si la calidad de vida fuese una especie de carnet por puntos: vas en silla de ruedas, te quito dos puntos; no puedes alimentarte solo, te quito tres; no hablas, te quito cinco… total: ¡no te quedan puntos suficientes como para tener derecho a vivir! Desde su silla de ruedas y con una gran dependencia, afirmaba una y otra vez que la vida es una aventura difícil pero bella ¡mi vida es bella! Recordó la necesidad de todo enfermo (y la responsabilidad de los sanitarios, en consecuencia) de ser cuidado aun cuando no se pueda ser curado: aliviar el dolor, hacer lo cotidiano más fácil, compartir el malestar emocional: "el enfermo puede llegar a olvidar la limitación de su cuerpo si es mirado con ternura". La dignidad está también en la mirada del que cuida.

La segunda mesa llevaba por título ¿Es el paciente el centro de nuestro trabajo? El objetivo de esta mesa era juntar a responsables de diversas áreas para plantearles esta pregunta. Estuvieron en la mesa un gestor de la sanidad pública (D. Manuel Molina Muñoz, Director General de Ordenación e Inspección de la Comunidad de Madrid), un gestor de la sanidad de gestión privada de fondos públicos (D. Alberto de Rosa Torner, Director General de Ribera Salud), el directos médico de un laboratorio farmacéutico (Dr. Jesús M. Hernández, Director Médico Europa, Lilly & Co) y un médico de "a pie" (Dr. Javier Gutiérrez, Presidente de Medicina y Persona, Adjunto de Traumatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal). Se creó un debate rico e intenso entre los ponentes y los asistentes sobre la formación de los profesionales, las listas de espera, las derivaciones, las ventajas de la gestión privada, etc. pero siempre mirando la realidad como una posibilidad. La conclusión final fue que el profesional sanitario puede y debe exigir a los gestores y a los laboratorios un apoyo serio y efectivo, pero que en última instancia está él frente al paciente, una persona frente a otra (no un médico ante un diagnóstico o un traumatólogo ante una cadera rota). Y que sólo ejerciendo la libertad de levantar la mirada, sólo teniendo en cuenta a la persona que se tiene delante se puede rescatar la propia vocación y disfrutar diariamente del trabajo de curar y cuidar.

Para apoyarse mutuamente en este ejercicio de la libertad y en la necesidad que tenían de mantener viva su vocación nació Medicina y Persona, una asociación de profesionales de la sanidad.

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