Desde el escaño

Por un Monti Bis

España · Eugenio Nasarre
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11 diciembre 2012
Todo lo que ocurre en Italia nos atañe. Siempre ha sido así en nuestrahistoria, pero en la dramática hora que vive Europa esa constante se acentúamás, si cabe. Italia y España son los dos grandes países del sur de Europa. Susdestinos no pueden contemplarse por separado ante los grandes desafíos a losque se enfrenta la Unión Europea. La crisis económica, por motivos ciertamenteno coincidentes, les ha golpeado duramente. Pensar que los males deItalia nos pueden beneficiar constituye una ceguera.

Por eso nos debe importar mucho la crisis que ha estallado en Italia. Lacrisis tiene un hecho desencadenante: la nueva irrupción de Berlusconi, que sepone al frente de su maltrecho partido. El retorno de Berlusconi plantea a lademocracia italiana problemas de gran gravedad que sobrepasan los confines dela península hermana. Berlusconi, desacreditado ante la sociedad europea ybuena parte de la opinión pública italiana, solamente tiene una baza en estaselecciones: abrazarse a un programa populista y antieuropeo. Berlusconi esastuto y ha debido observar, mediante los datos demoscópicos que posee, que hayun serio malestar en la sociedad italiana, al sufrir las medidas de rigor yausteridad. Este clima es propenso a los populismos de la peor especie, a losque buscan fuera el chivo expiatorio, el culpable de los males. Hayvariantes de esos populismos. En nuestra casa lo hemos experimentado con el delirantediscurso de Mas: Madrid nos roba, Madrid nos expolia.

Las elecciones italianas del mes de febrero se convierten, así, encruciales no sólo para Italia. Son unas elecciones en las que se ventila unmodo de entender Europa y un modo de entender la democracia. Italia necesitaahora una democracia regenerada, una democracia decente, y unas políticas quecontribuyan a la salvación del proyecto europeo. Porque no podemos olvidarnunca las palabras de Schuman: "si hubiera habido Europa, no habría habido guerra".

El centro-derecha italiano, que sigue representando a la mayoría del país,tiene ante sí una gran responsabilidad. Debe encontrar la expresión política delos valores y de las orientaciones que puedan sacar a Italia de la crisis yrefuercen, con las rectificaciones que procedan, el proyecto europeo. La únicapersona capaz de aglutinar y liderar a esa Italia decente, moderada europeístay que cree en la sociedad civil es Mario Monti. Es cierto que en el año de sugobierno no ha resuelto ni mucho menos todos los problemas que afligen a lositalianos. Es más: hoy los italianos, en términos exclusivamente materiales,viven algo peor que hace un año. Pero su programa de reformas, aunque arduo ensu realización, es convincente y ha devuelto dignidad a la realidad políticaitaliana.

No sé si Monti dará el paso que una buena parte de la opinión públicaitaliana le reclama. Los apoyos que ahora conserva, según los últimos sondeos,son muy apreciables: más del 40 por 100 de los italianos lo secundaría. Monti sólopodrá ofrecer un camino de rigor, austeridad y sacrificios, es decir, seguir elcamino emprendido. Hay suficientes sectores en la sociedad y política italianade valía para acompañarlo en esta travesía. Sería una gran señal para elconjunto de Europa.

La decisión la sabremos en los próximos días. Creo que será determinantepara el proceso electoral italiano. Soy consciente de que el proyecto europeono es hoy un camino de vino y rosas. Pero también lo soy de que el triunfo delos populismos, tanto los de la derecha como los de la izquierda, conducirían aEuropa a una crisis irreversible. El partido se juega ahora en Italia. 

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