Por qué releer ´Cartas de lejos´, de Josep Pla

Cultura · José Manuel Mora
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26 junio 2014
Cuando leí por vez primera Cartas de lejos, descubrí que, hasta aquel momento, apenas había viajado. ¿Qué es viajar, si no se sabe mirar? ¿Y qué mejor modo de mirar que escribir lo viajado? Quinientas fotos digitales pronto ingresarán en el olvido; cuatro adjetivos bien afinados sobre una cuartilla serán eternos.

I.

Cuando leí por vez primera Cartas de lejos, descubrí que, hasta aquel momento, apenas había viajado. ¿Qué es viajar, si no se sabe mirar? ¿Y qué mejor modo de mirar que escribir lo viajado? Quinientas fotos digitales pronto ingresarán en el olvido; cuatro adjetivos bien afinados sobre una cuartilla serán eternos. Desde aquella primera lectura, he llevado conmigo el libro de Pla a muchos sitios; poco importaba que no fuera Londres, Oxford, Hamburgo, Amsterdam, Bruselas, Bergen, Colonia o cualquier otro de los de las crónicas del ampurdanés… Pla te presenta de nuevo la luz, el aire, el cromatismo, la sorpresa, la imaginación y los sentidos, como cuando tuvimos la experiencia de conocer a la humanidad en el rostro de un desconocido, porque nos quedamos a solas ante su retrato.

II.

Lo sigo metiendo en la maleta, va como diapasón, como falsilla: basta leer una de sus felices estampas de cinco paginitas para coger el tono anímico, para ir abocetando la composición, la atmósfera, los contrastes. Para recordar que tan importante como el nuevo lugar, son unos ojos nuevos; y no olvidar que el viaje no termina hasta que se cuenta.

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