Entrevista a Daniel Gascón

Para una discusión fructífera es necesario buscar los mejores argumentos del otro bando

Entrevistas · Juan Carlos Hernández
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25 enero 2023
Conversamos con Daniel Gascón sobre su nuevo libro “Fake news” (Debate) donde el autor habla de la actualidad política desde el prisma del humor ya que toda sátira es profecía.

En este nuevo libro es como si al personaje del hipster lo hubieras puesto a escribir “El golpe posmoderno”

Es verdad que es una mezcla de ellos, de hecho el hipster es como un spin-off de estas cosas. Uno intenta analizar la realidad de una manera seria pero un día se me ocurrió, un poco a modo de prueba, que la forma de la sátira también podía permitirme mostrar sucesos de una manera distinta, no tan ceñida a la actualidad y que serviría para mostrarlos con una distancia. Y una de las ideas que se me ocurrió fue lo del hipster en la España vacía y escribí también algunas historias como la de Tolstói y Dostoievski (ndr: imagina un país polarizado entre sus seguidores) o como la historia del chico de Vox que se enamora de una indepe que se recogen ambas en este último libro. Fake news tiene mucho de los que has dicho de estar unido a Un hipster en la España vacía y al Golpe posmoderno porque trato mucho de los asuntos que he escrito como el independentismo y también cuestiones como la polarización y el lenguaje de la política.

Hablabas de las dos facciones irreconciliables, que imaginas en tu libro, los lectores de Tolstói y los seguidores de Dostoievski. Me ha venido a la mente cuando algunos han hablado de la manifestación del sábado pasado en Cibeles como de una manifestación fascista pero también me valdría cuando en la campaña electoral de Ayuso a todo lo que estaba a su izquierda se le calificaba de comunista. ¿Abusamos de las palabras fascista y comunista? Una vez puesto el calificativo ya no hay matices y se ha acabado el debate.

Es una especie de inflación y crees que el otro grupo es más intolerante que el tuyo. Hay algo que es previo a las redes, pero que estas lo han acentuado, y es que tú ves en el bando contrario sobre todo al más extremo, a veces al más zoquete y del tuyo, en cambio, a esos no lo ves. Es una tendencia que tenemos todos. Para que la discusión fuera más fructífera tendrías que buscar los mejores argumentos del otro bando. Para aprender o para contestar mejor o para ver si tienes que modificar algo de tu juicio. Normalmente buscamos al más tonto del otro bando como si representara a todos. O nos quedamos con la versión más extrema de los otros como si representará la versión media.

“Vivimos a gusto en la polarización porque es un atajo mental”

En el prólogo del libro se dice que no existe el pensamiento existe el posicionamiento y en una viñeta un lector dice “a mi periódico le exijo que confirme mis prejuicios”. Nos quejamos de los políticos pero la prensa y los lectores también tenemos nuestra corresponsabilidad ante la falta de este pensamiento crítico. En este sentido, me parece honestamente, que Letras Libres, entre otros, hace una gran labor.

Los periodistas tenemos también mucha culpa en la polarización y nos quejamos mucho de ella pero vivimos muy a gusto en este clima porque es un atajo mental.

¿Falta independencia por parte de la prensa?

La propia debilidad económica de los medios de comunicación y, sobre todo de los periódicos, hace que sean menos independientes del poder político porque te ponen los anuncios. Hay una parte que tiene que ver con una debilidad económica por eso es importante que la prensa sea sostenible. Cuantas más fuentes tienes menos dependes. Un medio que solo tenga suscriptores pues también puede acabar siendo rehén de ellos y además, como siempre pasa, los suscriptores pueden ser como los militantes, que los que más hablan son los más extremos. Lo hemos visto en medios más ideológicos, como El Diario, donde a los lectores les molestaba un artículo y pedían que se fuera un colaborador. Y otras veces si dependes mucho empresarialmente de grandes compañías o de la publicidad institucional pues también tiene sus límites. Lo mejor es lo que dice Enrique Krause hay que depender poco de muchos.

La excusa fácil, tanto para los periodistas como para los ciudadanos, es decir que los políticos son malos y son peores que los demás. Y a lo mejor son los políticos que merecemos pues de hecho les votamos.

En la polarización ¿hay una cierta postura impostada? En el fondo nuestras experiencias son más cercanas de lo que parece, como se muestra en el capítulo “Me enamore de una independentista”. Seguramente no estamos tan lejos y nuestras experiencias se pueden compartir.

Hay muchas áreas de la vida que no están colonizadas por eso que no es ni política ni ideología. Respecto a lo que decías del posicionamiento ocurre que si mi partido dice esto pues decidimos que yo también lo tengo que pensar. Supuestamente la izquierda combate las desigualdades pero tanto en la izquierda como en la derecha hay muchas incongruencias. A veces el partido gira y nosotros giramos con él rápidamente. Digo el partido podrías decir tu “grupo”.

Una de las viñetas que me han parecido de mayor genialidad es una donde los investigadores sociales dicen “indultaremos a los culpables, ignoraremos a las víctimas, desacreditaremos al tribunal y alcanzaremos la concordia”

Es como la ley que, a modo de broma, me inventé. Toda sátira es profecía. Creo que es una descripción de lo que ha sucedido después porque cuando lo escribí aún no se habían producido los indultos a los independentistas. Es una concordia falsa porque está basada en una trampa.

Hay artículos que dicen menos que esa viñeta

Una de las cosas divertidas de las viñetas es intentar encontrar la síntesis y, a veces, la encuentras y, a veces no.

“La llegada de los partidos populistas ha provocado una cierta aceleración de la polarización”

El libro está lleno de juicios agudos sobre la actualidad pero ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Eso es mucho más complicado.

¡Es una pregunta difícil! Daría para escribir otro libro.

Sí, muchas veces en la discusión política cuando hablas de democracia surge la pregunta sobre ¿qué es lo que ha cambiado? Porque suelen ser cosas graduales. Por ejemplo, ya había habido colonización de las instituciones por parte de los partidos, o se habían dado otros momentos muy polarizados, luego están las redes sociales que pueden polarizar pero ha habido momentos de gran polarización y no existían las redes sociales. Por otra parte, no hay una guerra, la gente está muy dispuesta a insultarse en las redes pero afortunadamente parece que eso no llega a la vida real. Es un fenómeno complejo pero creo que sí ha habido una cierta aceleración en los últimos años que coincide con la llegada de los partidos populistas y esto ha sido decisivo. También el procés en Cataluña, que es otro fenómeno nacional-populista, ha generado una fragmentación muy dura con una dinámica que se ha extendido al resto de España. Hay muchos factores. Es curioso también que el 15M inspiró un movimiento regeneracionista y de descolonización de las instituciones, que ahora parece muy descartado. No sabemos si cambiará esta dinámica. El otro día Peyró escribía que veía una nueva corriente moderada. Ya lo veremos.

Para que una democracia esté asentada hace falta un sujeto como el que había en España en la transición. ¿La diferencia está en el sujeto?

La transición y su resultado es la época más admirable por muchas razones: por desarrollo político, económico, apertura cultural y es un momento que resulta, a pesar del elemento de chapuza y miedo, exitoso y es lo más admirable que conozco de nuestra historia. Seguramente había unas élites escarmentadas,existía el sentimiento de no repetir la Guerra Civil y un contexto donde la democracia se equiparaba con la prosperidad, la idea de llegar a Europa.

Lee también: “El nacionalismo ha empleado las tácticas propias del populismo

Han crecido en los últimos años toda una serie de movimientos identitarios: feministas, nacionalistas… todos pueden llevar su punto de verdad pero algo que es verdadero se absolutiza y se degenera. En algún momento del libro habla del vacío existencial me parece que algo que no hay que subestimar, el deseo del hombre de felicidad, de justicia como motor de lo humano. ¿Te parece este vacío existencial un factor decisivo?

Seguramente hay una parte de defensa de causas bien intencionadas, nobles… que hay que defender y seguramente este exceso y ahora ha habido una cierta de atomización de los lugares de trabajo, de la identidad de los partidos políticos, de la identidad religiosa y, a veces, la parte de autodefinición ideológica es más fuerte. Se vuelve más tribal y, a lo mejor, para muchos no es tanto una búsqueda de sentido exactamente sino más bien una cuestión tribal y de comunidad. Una manera de ver el mundo que me acerca a algunos.

Hay otra viñeta donde dice “nuestro punto de vista como pedagogos es que leer buenos libros desincentiva la lectura” ¿Cómo has descubierto tú esta pasión por la lectura?

Cuando era niño mi padre trabajó en mil cosas pero quería ser escritor y cuando yo tenía siete u ocho años empezó a trabajar en un periódico y yo le veía que en su tiempo libre estaba leyendo o escribiendo y para mí era algo que tenía que ver casi con el juego, si quieres también con la vocación, pero era algo que hacías en tu tiempo libre por placer y a mí todavía me pasa eso. Trabajo mucho pero también tengo la sensación de que estoy de vacaciones. Y creo que ese ha sido el impulso muy particular y disparatado pero a la vez muy natural.


Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es responsable de la edición española de Letras Libres, columnista de El País y colaborador en El Periódico de Aragón, La Sexta y La Cope. Es autor de varios libros como El golpe posmoderno un ensayo sobre la crisis catalana y otros de ficción como Un Hipster en la España vaciada.

 

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