¿Nos salva la ansiedad? Redescubrir el valor de nuestra fragilidad

Sociedad · Epochal change
Me gusta 0 | 0
16 enero 2026
Por su interés transcribimos el encuentro titulado: "¿Qué es un ídolo? Sobre los deseos, las relaciones y la conciencia de uno mismo", con la participación de los profesores Cesare Maria Cornaggia y Giulio Maspero.

A continuación, presentamos un diálogo muy enriquecedor entre Giovanni Debenedettis, el profesor Cesare Maria Cornaggia y el profesor Giulio Maspero, coautores del libro Ansia, idolatria (Ansiedad, idolatría). Este volumen ofrece una interpretación sorprendentemente  original de la ansiedad: esa misma condición que domina nuestro mundo contemporáneo, que afecta a las generaciones jóvenes y, en el fondo, a cada uno de nosotros.
En el libro se entrelazan un análisis psicológico claro y vivaz, respaldado por ejemplos concretos y casos clínicos, con un atrevido paralelismo entre la «categoría médica» de la ansiedad y la «categoría teológica» de la idolatría. El resultado es una comparación que da pie a múltiples reflexiones: teológicas y filosóficas, pero también profundamente existenciales, arraigadas en la vida cotidiana y en experiencias que todos podemos reconocer. Es precisamente esta perspectiva la que arroja una luz nueva e inesperada sobre un tema tan urgente como actual.

Giovanni Debenedettis: Buenas noches, bienvenidos y bienvenidas al segundo encuentro de la quinta edición de «In Hoc Libro», el taller de filosofía organizado por los estudiantes de la Pontificia Universidad Lateranense bajo la supervisión del profesor Vimercati.
La cita de hoy se titula «¿Qué es un ídolo? Sobre los deseos, las relaciones y la conciencia de uno mismo».
Esta tarde conversaremos con los autores del libro Ansia, idolatria, publicado en 2024 por Inschibboleth Edizioni. Los autores del libro, y nuestros invitados de hoy, son el profesor Cesare Maria Cornaggia, a quien saludo cordialmente. Buenas noches, profesor.
Cesare Maria Cornaggia: Gracias, buenas noches.
Giovanni Debenedettis: Buenas noches. Y el profesor Giulio Maspero, a quien saludo con igual cordialidad.
Giulio Maspero: Un cordial saludo.

Giovanni Debenedettis: Buenas noches y gracias por su participación. La doctora Federica Peroni, psicóloga y psicoterapeuta sistémico-relacional, es también coautora del libro, mientras que el prólogo corre a cargo de Luca Doninelli. Este es el volumen que vamos a descubrir en el diálogo de hoy.
Comencemos con la presentación de nuestros dos invitados. El profesor Cesare Maria Cornaggia es médico psiquiatra. Desde 1983 trabajó como investigador en la Clínica Neurológica de la Universidad de Berlín, para luego regresar a Italia. Algunas de sus numerosas áreas de investigación incluyen el análisis lingüístico en enfermedades mentales y neurológicas, así como los aspectos conductuales y psiquiátricos de la discapacidad intelectual. Ha sido durante mucho tiempo profesor asociado de Medicina Física y Rehabilitación en la Universidad de Milán-Bicocca y actualmente ejerce como psiquiatra y psicoterapeuta en Milán. Cuenta con un gran número de publicaciones científicas en su haber: 290 trabajos desde 1978 hasta la actualidad. En 2022 publicó además Dalla parte del desiderio: da una paternità, un metodo nella cura (Del lado del deseo: de una paternidad, un método en la cura).
El profesor Giulio Maspero, teólogo y sacerdote desde 2003, se doctoró en Física Teórica por la Universidad Estatal de Milán y, posteriormente, obtuvo la licenciatura y el doctorado en Teología Dogmática por la Universidad de Navarra. Actualmente es catedrático de Teología Dogmática en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, titular de la cátedra «El misterio de Dios». Entre sus numerosas publicaciones, cabe destacar Il Mistero di Dio Uno e Trino (El misterio de Dios Uno y Trino), de 2014, y el texto de 2021, escrito tras la pandemia, Rigenerare la società con le relazioni (Regenerar la sociedad con las relaciones). Además, es decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.
He aquí, pues, el libro que vamos a presentar: Ansia, idolatria. Ofrece una interpretación original de la ansiedad, protagonista de nuestro mundo contemporáneo, y no solo de las generaciones jóvenes. En el texto encontramos, junto a un análisis de tipo psicológico acompañado de ejemplos clínicos, una comparación entre la ansiedad y la categoría teológica de la idolatría. Podemos definir la ansiedad como una categoría médica que aquí se compara con la teológica. Esta comparación suscita múltiples reflexiones en el ámbito teológico y filosófico, pero también sugiere una reflexión existencial más amplia, basada en la realidad concreta de la vida.

Libro de los ponentes

Para romper el hielo en el diálogo de hoy, dirigiré la primera pregunta al profesor Maspero: ¿Por qué, en su opinión, la ansiedad es la enfermedad de nuestra sociedad y de dónde surge esta comparación teológica entre la ansiedad y la idolatría?
Giulio Maspero: Muchas gracias, también por la amable presentación y por tomarse en serio este libro, que nace de una amistad.
Se trata de un texto transdisciplinar, pero la transdisciplinariedad solo se puede ejercer desde la amistad. El uso de categorías diferentes —la combinación de un término técnico-diagnóstico del ámbito psicopatológico como ansiedad y una categoría teológica como idolatría— se basa en primer lugar en la relación entre Cesare, Federica y yo. Trabajamos juntos, como debería ocurrir en una universidad. Nos dimos cuenta de que había puntos de contacto extremadamente interesantes. Además, todos somos creyentes; gracias a Dios, no por mérito propio.
¿Por qué la ansiedad? Es fácil: porque se impone fenomenológicamente. Vemos a personas paralizadas por ella. Yo soy sacerdote, no tengo una práctica clínica como los dos coautores, pero hablo con la gente como director espiritual y confesor. La ansiedad está en todas partes, es «gaseosa». No es necesario salir a buscarla, se impone a la vista.
Lo interesante es la relación con la idolatría: esta ansiedad, en el fondo, es una demanda de relaciones verdaderas. Nace de una carencia, de una crisis relacional. ¿Qué es el ídolo desde el punto de vista teológico? Es una idea o concepto que ocupa el lugar simbólico de Dios y, en cierto sentido, causa ansiedad. No estamos haciendo un juicio moral —no decimos que quien sufre ansiedad es idólatra—, pero sostenemos que hay una analogía. ¿Por qué? Porque a nivel cultural hemos eliminado el sentido del límite. El deseo humano, signo de nuestra perfección, ya no tiene dirección, no encuentra relaciones que lo guíen. En consecuencia, la persona queda invadida por ideas, incapaz de relacionarse con lo real, porque lo real es limitado. Al entrar en contacto con la realidad siempre hay frustración: la realidad nunca es como la idea.
En este sentido, acercar ansiedad e idolatría es una operación audaz, pero creemos que se corresponde con lo que observamos a menudo. En el pasado, separábamos estos dos ámbitos radicalmente, como si el espíritu no tuviera nada que ver con la psique. A menudo bromeo con Cesare diciéndole que a él le pagan por escuchar a la gente y a mí no, por lo que hacemos cosas diferentes, pero compartimos el mismo objeto. No podemos prescindir de los resultados del otro, porque la sociedad en la que vivimos es politeísta: produce ídolos y, por lo tanto, en nuestra lectura, produce ansiedad.
Giovanni Debenedettis: Me parece que esta comparación ya surge de una relación, trazando el camino hacia la esencia del libro. Me dirijo ahora al profesor Cornaggia. En la página 21 escriben que la ansiedad es hoy, a todas luces, el mal de la nueva era, y casi olvidamos que es un mecanismo fisiológico y saludable, nacido para protegernos de las amenazas. Entonces, ¿por qué el mecanismo es sano en sí mismo y cuándo se vuelve patológico?
Cesare Maria Cornaggia: Gracias. Me gustaría aclarar de inmediato por qué es un mecanismo sano. La ansiedad es una herramienta para protegernos de peligros hipotéticos. Tiene una función adaptativa: prepara y organiza a nuestra persona para reaccionar adecuadamente al mundo exterior.

Ante un peligro, el corazón bombea con más fuerza, la sangre fluye a los músculos preparándolos para la acción, y nos volvemos más alertas. Entonces, ¿cuándo la ansiedad deja de ser adaptativa? Cuando estamos ansiosos sin que exista un peligro externo real. En este caso, reaccionamos a un peligro interno, a una fragilidad que desconocemos.

Aquí me gustaría dar un paso atrás y citar a Martin Heidegger. Él decía que lo que distingue al hombre del animal no es la postura erguida, sino su capacidad de sentir angustia (Angst). Heidegger no se refería a la ansiedad reactiva ante el peligro, sino a la angustia de la nada, del «ser-para-la-muerte», a la angustia que sentimos cuando estamos solos ante algo que debemos llenar de sentido. Heidegger definía la ansiedad como la condición del ser humano ante su finitud —somos un infinito dentro de un finito— y ante su libertad.
Por lo tanto, hablamos tanto de una ansiedad sana ante el peligro como de una no sana cuando el peligro está ausente. Pero esta también se nutre de una ansiedad ontológica, intrínseca al hombre, ligada a la pregunta de sentido sobre nuestro estar en el mundo.
Giovanni Debenedettis: Gracias. Es precisamente esta ansiedad ontológica la que me da pie para la siguiente pregunta: ¿cuál es la relación entre la ansiedad y la conciencia de uno mismo? Profesor Maspero, ¿qué diría usted?
Giulio Maspero: Sin duda, la ansiedad es humana. Es una señal de que somos imagen y semejanza de Dios, precisamente porque percibimos la brecha entre nuestro deseo y la realidad, entre lo finito y lo infinito. La ansiedad es un arma de doble filo: tiene un aspecto de grandeza, pero puede volverse contra nosotros.
El reto es tomarse en serio el valor religioso de esta ansiedad ontológica. El ser humano no puede eludir este deseo de infinito. O la ansiedad es «buena» —y nos impulsa a encontrar en las relaciones un camino hacia el infinito— o se vuelve «mala»: nos paraliza el miedo. Desde una perspectiva teológica, todos tienen un Dios, aunque sea inconscientemente. Es imposible ser agnóstico en la práctica; lo demostramos con nuestras elecciones. Cuando volcamos la vida en lo finito, contradiciendo el deseo de infinito del corazón, se genera ansiedad. Nos sentimos paralizados porque el camino real siempre difiere de cómo lo imaginamos. Se trata de ayudar a las personas a tomar conciencia de su finitud, pero también de su infinitud.
Giovanni Debenedettis: Profesor Cornaggia, ¿qué añadiría?
Cesare Maria Cornaggia: Comparto totalmente lo dicho por Giulio. Tomando prestada la definición del teólogo Julián Carrón, diría que la autoconciencia es la capacidad de abrazarnos a nosotros mismos. ¿Cuándo puedo abrazarme? Cuando puedo cuidarme y quererme. Esta predisposición nace de la conciencia de nuestro destino. Pero eso solo surge si tengo claro que mi destino es bueno.

Saber aceptar cómo somos es fundamental: decir que, con todas nuestras limitaciones, somos «algo valioso». Esto nos capacita para entrar en el mundo. Imagina, en cambio, la angustia de quien piensa que debe ser diferente para enfrentarse al mundo. Por lo tanto, aceptar nuestra naturaleza y saber que estamos hechos para un destino bueno significa afrontar la realidad. Cuando la realidad es un «dato» —un don que se nos ha dado—, entonces está bien tal como es. Ser consciente de esto es el mejor ansiolítico. Si falta esta conciencia, la realidad se vuelve una montaña difícil de escalar.
Giovanni Debenedettis: Profesor Maspero, en el libro cita el Génesis para mostrar cómo la idea prevalece sobre la relación. ¿Cuál es la conexión?
Giulio Maspero: Este es un enfoque de la ansiedad desde el origen. Al leer el Génesis como libro de sabiduría, se nota una característica única: no parte de dioses en conflicto, sino de un Dios único y bueno que crea por voluntad propia. En el Génesis, todo se crea por parejas (cielo/tierra, hombre/mujer) y la relación es expresión de la bondad de Dios.
Con el pecado original, el hombre comenzó a pensar en sí mismo independientemente del Donante. Esto provocó un pensamiento basado en el miedo, no en la relación. El demonio miente a Eva, insinuando que Dios no quiere que sean como Él. Pero es falso, porque ya son a Su imagen. Cuando el hombre piensa al margen de la relación con quien da, sigue ideas y se vuelve incapaz de soportar la realidad. Adán se esconde y nace el conflicto. Hoy estamos inmersos en una dialéctica que genera ansiedad. La gente se siente inadecuada. Es vital decirles: «Dios te creó de la nada. Por lo tanto, en ti no hay nada que no provenga de Dios, que es bueno». Esto abre un camino para superar la ansiedad negativa.
Giovanni Debenedettis: En la página 54 escriben: «El ídolo es una necesidad disfrazada de deseo». Profesor Cornaggia, ¿cómo encaja esto?
Cesare Maria Cornaggia: Es importante distinguir los términos. La necesidad es corporal y urgente (como el hambre), y reaparece una vez satisfecha. El deseo tiene otro origen. Proviene de de-sidera («falta de estrellas»); es la percepción de una falta ontológica, de un infinito interior. El deseo nos impulsa hacia adelante, no por satisfacción inmediata, sino desde esa carencia profunda.
Como psiquiatra, veo la superposición. Transformamos el objeto de deseo en un ídolo: «Solo seré feliz cuando consiga eso». Pero eso es esclavitud, porque condicionas tu felicidad a un objetivo. Y al llegar, descubres que has confundido el deseo (satisfacción última) con una necesidad, que exige ser satisfecha de nuevo.
Giovanni Debenedettis: Pasemos a la página 63 sobre el límite. Profesor Maspero, ¿cómo nos ayuda la experiencia del límite?
Giulio Maspero: En resumidas cuentas: la experiencia del límite, cuando es relacional, nos libera de la ansiedad. Cuando un niño llora, experimenta un límite, pero si ese límite está habitado por sus padres, se convierte en encuentro.

En latín hay dos palabras para límite: Limes (frontera que cierra) y Limen (umbral que abre). La relación transforma el Limes en Limen. Es una operación profundamente paterna: el padre introduce a la realidad, ayudando a superar la frustración de que lo real no coincida con lo ideal. Hoy, los jóvenes sufren por falta de límites habitados. La sociedad rechaza las prohibiciones, pero debemos afrontar la frustración de la realidad, y para ello se necesita un mediador, un padre.
Giovanni Debenedettis: Profesor Cornaggia, ¿cómo se manifiesta la importancia del «otro» en la cura?
Cesare Maria Cornaggia: No hablaría solo de método de cura, sino de método de vida. Nacemos de una relación. Antes de ser un «yo», somos un «tú». La palabra clave es «reconocimiento». Necesitamos relaciones profundas para reconocernos a través del otro.
El gran deseo es tener relaciones donde podamos mostrar nuestras partes oscuras y verlas acogidas. La terapia parte de la relación, pero esto vale para toda relación humana.
Giovanni Debenedettis: Profesor Maspero, usted cita a Descartes como decisivo en el paradigma ansioso. ¿Por qué?
Giulio Maspero: Durante la pandemia, viendo a las parejas reunirse, me pregunté: ¿qué relación tenía Descartes con las mujeres? Su madre murió cuando era niño. Ninguna madre diría que la mente está separada del cuerpo; somos nuestro cuerpo. Descartes buscó ideas claras y distintas. Pero quien tiene una relación real con una mujer sabe que la realidad siempre excede a las ideas.
Descartes dedujo el ser del pensamiento (Cogito, ergo sum), pero es un «pensar en soledad». Pensar solo lleva al ídolo. La realidad, en cambio, nos pone en crisis y nos lleva hacia el infinito.
Giovanni Debenedettis: Profesor Cornaggia, ¿qué es la «sociedad patoplástica»?
Cesare Maria Cornaggia: Primero: cada sociedad produce una patología característica; la nuestra produce un malestar indefinido.
Segundo: la sociedad es «patoplástica» porque moldea y mantiene esta patología. Lo hace aboliendo la realidad como dato y sustituyéndola por una construcción subjetiva. Si yo debo construir la realidad, ¡qué responsabilidad enorme! Además, se pretende abolir los límites para evitar el conflicto. Pero el límite es identidad. Sin límites, no sé quién soy. Así pasamos del diálogo a la dialéctica: el que más grita gana. El hombre se queda solo.
Giovanni Debenedettis: Para cerrar, profesor Maspero, ¿cuál es la conexión entre alma, cuerpo y ansiedad?
Giulio Maspero: No hay separación entre alma y cuerpo, sino distinción. La emoción se siente en el cuerpo (el estómago) pero linda con el alma. El sentimiento es más profundo, bebe de la psique. En el corazón del alma están las relaciones. Freud descubrió —quizás inconscientemente en sentido religioso— que ciertos sufrimientos físicos nacían de heridas relacionales. Hoy integramos esto introduciendo la raíz del deseo de infinito: el alma misma.
Giovanni Debenedettis: Profesor Cornaggia, ¿cuál es la contribución de la psicoterapia?
Cesare Maria Cornaggia: Paradójicamente, no me detendría en la psicoterapia como tal. Necesitamos volver a las relaciones sanas, evitar mandar a todo el mundo al psicólogo. Gran parte del malestar surge de una pregunta de sentido no verbalizada. La respuesta es el reconocimiento del otro. Más que terapeutas, necesitamos hombres de verdad con los que confrontarnos sin miedo.
Giovanni Debenedettis: Gracias a ambos. Me llevo la idea de que nuestra naturaleza es buena y que, por nuestra carencia, podemos abrirnos a la relación. Gracias y hasta pronto.

 


Recomendación de lectura: El hombre en una sociedad patoplástica

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Noticias relacionadas

Los diez artículos del año
Sociedad · Páginas Digital | 0
¿Te has perdido alguno de estos artículos publicados este año 2025? Hemos seleccionado una lista de aquellos que no debes perderte o que merece la pena volver a leer....
27 diciembre 2025 | Me gusta 0
¡Feliz Navidad, mundo griego!
Sociedad · Ignacio Carbajosa | 0
Esta es, sin duda alguna, la gran noticia: ha nacido Aquel que mira con simpatía radical toda nuestra humanidad inquieta… y se conmueve ante nuestra rica creatividad que busca saciar esa inquietud....
25 diciembre 2025 | Me gusta 3