No hay paz sin libertad

Editorial · Fernando de Haro
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15 mayo 2022
“El más consolador, el más deseable y el más excelente de todos los dones”, así definía la paz Agustín de Hipona.

Después de dos meses de bombardeos sobre la ciudad de Mariupol, convertida en un montón de ruinas, hemos comprendido mejor las dimensiones de esta carnicería que salpica de sangre Europa. El deseo del final del conflicto es cada vez más vivo. Desde finales de febrero hemos visto los campos y las ciudades de Ucrania sembrados de cadáveres. El asedio a la acería de Azovstal, con sus combatientes amputados y acosados por el hambre, con sus civiles exhaustos, se ha convertido en uno de los símbolos de lo que está suponiendo la “operación especial”, la invasión puesta en marcha por Putin.

Esta guerra se parece demasiado a la de Siria y a la de Iraq. Basta haber pisado las calles de Alepo para comprender las dimensiones de lo que está ocurriendo. Para hacerse cargo de lo que significa el cerco a una ciudad que deja a miles de personas sin agua, sin comida, sin refugios para las bombas. Basta haber visto bloques de edificios atravesados, como si fueran de cartón, por misiles que perforan el hormigón de varios pisos. Basta haber visto calles enteras, desiertas, en la que todas las casas han sido reducidas a escombros. Basta haber estado en un campo de refugiados en Líbano, Jordania o Grecia para comprender el precio altísimo de la falta de paz. Basta haber visto, en la frontera polaca, la cara de ansiedad, miedo y desesperación de los que han escapado de sus casas. Basta ver llorar a una madre por la separación de su marido y de su familia, para comprender cuál es el don más deseable. Basta haberse despertado en la noche con el ronco sonido de una bomba rasgando el cielo y sembrándolo todo de incertidumbre, para entender cuál es el más excelente de todos los regalos. La paz es la más consoladora de las gracias. Otra cosa es el pacifismo de salón que se alimenta de viejos esquemas mentales, de terceras vías que no existen, de equidistancias imposibles.

¿Qué paz es posible en esta segunda fase de la guerra? Es difícil pensar en una solución que no garantice un mínimo de libertad para el pueblo invadido. El discurso del 9 de mayo nos ha dejado claro que, a falta de poder exhibir algún tipo de victoria, Putin seguirá recurriendo a la propaganda, a la culpabilización de Occidente y a una supuesta guerra defensiva de Rusia. Nos hemos acostumbrado a considerar normal que el líder de un régimen autocrático no diga nunca y en ningún sitio algo que se asemeje a la verdad. Pero sin que la realidad, tal como es, no se abra paso de algún modo no hay paz posible.

Putin no ha conseguido rodear del todo a las fuerzas ucranianas del Donbas. El ejército ruso ha conseguido avances pero son mínimos. Y los ucranianos, con una táctica que se parece mucho a la guerrilla, han llevado a cabo operaciones ofensivas. La liberación de Jarkov ha sido un claro ejemplo. Putin ha reunido todas las fuerzas que tenía disponibles para que el último empujón fuera definitivo y arrollador, pero una vez más, no ha sido suficiente. Hay informes que apuntan que varios altos mandos han rechazado las órdenes para exponer excesivamente a sus soldados.

Es posible que la segunda fase de la guerra se parezca a la primera. Va camino de convertirse en un conflicto largo. Kiev, después de todo lo que ha luchado y de todas sus bajas, no puede aceptar que Moscú se quede con parte del país. Putin no puede retroceder, para él es inaceptable, de momento, la idea de que su ejército tenga que replegarse. Sería de gran ayuda que, con realismo, admitiera que puede enfrentarse a una derrota desastrosa. Pero antes de que eso suceda, si sucede, Putin puede seguir causando mucho daño al pueblo ucraniano y puede bloquear los puertos del Mar Negro. El alto el fuego es muy complicado en este momento. Para conseguirlo lo antes posible sería necesario que la guerra no aumentara en intensidad. Cualquier solución que no respete mínimamente la libertad de los ucranianos se puede llamar como se quiera, pero no será la paz.

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