Niza. Entre laicidad y geopolítica

Mundo · Alessandra de Poli
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11 noviembre 2020
Los atentados terroristas en Francia y en el consulado francés de Yeda, en Arabia Saudí, coincidieron el pasado 29 de octubre con el día que se celebraba el nacimiento del profeta y la última jornada de relativa libertad antes de un nuevo confinamiento. Al principio estos hechos no parecían estar relacionados pero llegaban en un momento ya bastante tenso y marcado por otros acontecimientos violentos, como el ataque frente a la antigua redacción de la revista satírica Charlie Hebdo por parte de un joven paquistaní, la decapitación del profesor Samuel Paty, la publicación de más viñetas caricaturizando al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con las consiguientes reacciones de parte del mundo islámico.

Los atentados terroristas en Francia y en el consulado francés de Yeda, en Arabia Saudí, coincidieron el pasado 29 de octubre con el día que se celebraba el nacimiento del profeta y la última jornada de relativa libertad antes de un nuevo confinamiento. Al principio estos hechos no parecían estar relacionados pero llegaban en un momento ya bastante tenso y marcado por otros acontecimientos violentos, como el ataque frente a la antigua redacción de la revista satírica Charlie Hebdo por parte de un joven paquistaní, la decapitación del profesor Samuel Paty, la publicación de más viñetas caricaturizando al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, con las consiguientes reacciones de parte del mundo islámico.

La cuestión se desarrolla por tanto a varios niveles. Por un lado continúa el desafío geopolítico entre Macron y Erdogan. Por otro, se plantea la cuestión nunca resulta de la libertad de expresión, relacionada a su vez con la movilización del mundo musulmán. De hecho, coincidiendo con las manifestaciones anti-francesas en diversos lugares del mundo islámico, se invocó un boicot a los productos franceses mientras Al Azhar anunciaba que un comité de juristas estaba preparando una causa contra Charlie Hebdo. Niveles de conflicto que se cruzan, episodios que traen ecos de los atentados de 2015. Conviene poner en orden varios elementos.

Desafío geopolítico dentro y fuera de Francia

Según Olivier Roy, lo que está realmente en juego en este conflicto no es el islam. El objetivo de Erdogan es derrocar a Arabia Saudí de su pedestal como país guía del mundo sunita. Una operación nada fácil para la que el “sultán” se ha creado muchos enemigos, pero que continúa en varios frentes: Libia, Siria, Mediterráneo oriental y ahora también Nagorno-Karabakh. A nivel interno, “las viñetas tienen poco que ver. En todo caso, el vaso rebosó con la norma (francesa) que pide un registro de imanes. Erdogan quiere desatar la rabia de la diáspora turca”, ha dicho el sociólogo francés. De hecho, el proyecto de ley sobre el separatismo islámico prevé privar a Turquía “de su principal punto de apoyo en el islam de Francia, el de los imanes turcos y los profesores de lengua turca en las escuelas públicas”.

Marco Lombardi sigue la misma línea que Roy, afirmando que «Erdogan simplemente defiende su proyecto de expansión otomana. Ha puesto en marcha un relanzamiento de la presencia turca en toda la vieja zona de influencia otomana y en consecuencia utiliza de manera instrumental todas las ocasiones que se le presentan”.

A la luz de estas consideraciones, es fácil intuir por qué Turquía (junto a Qatar, único aliado estable de Ankara) se ha erigido como promotora del boicot contra los productos franceses después del cruce de acusaciones mutuas con Macron. “Erdogan se indignó por los comentarios de Macron sobre el islam. El presidente francés anunció una polémica campaña para modificar la práctica de la fe (islámica) en Francia, advirtiendo que algunos musulmanes difunden en el país creencias que se apartan de los valores de la república y que se traducen a menudo en la creación de una contra-sociedad”, publica el Washington Post. Erdogan ha dicho que Macron necesita un tratamiento mental y Francia ha retirado a su embajador en Ankara.

Según Haaretz, la amenaza turca es “ilusoria” porque a nivel económico Ankara se encuentra en graves dificultades, hasta el punto de que podría ser necesaria financiación por parte del Fondo Monetario Internacional para mantener a flote la lira turca, tras varias semanas en caída libre. Evidentemente esto es un problema porque la guerra cuesta muchísimo dinero.

Según el portal Politico, la esperanza de Erdogan es que los ataques a Macron desvíen la atención del deterioro de la situación económica interna. Pero seguir en esta línea supone un riesgo político para Erdogan, sobre todo con la victoria de Biden en las elecciones norteamericanas. “Es probable que su administración adopte una postura más dura con Turquía de la que tenía Donald Trump”.

Por tanto, en un intento de debilitar al enemigo francés, ¿se ha convertido Erdogan en patrocinador del islam radical? Según Matteo Colombo, es importante pensar en la eficacia del mensaje yihadista, a pesar de la derrota territorial del Estado islámico. “En este momento, los grupos terroristas vinculados a esta ideología tienen la ocasión de instrumentalizar la tensión que hay entre Francia y una parte del mundo musulmán para llevar adelante su agenda política. Concretamente, estas organizaciones pueden aprovechar el tema de la guerra de Occidente con el islam, que desde su punto de vista no se justifica con factores políticos contingentes sino con una hostilidad profunda e incurable. Para los grupos terroristas de matriz yihadista, la única respuesta posible a esa hostilidad es la violencia”. El conflicto, siempre según Roy, es entre laicidad y religión, por lo que la violencia islamista también se impone porque el islam convencional no encuentra su espacio.

Queda en todo caso la duda de si existe una acción dirigida. Aunque Turquía haya “condenado firmemente” el atentado de Niza, miembros de la comunidad turca en Lyon violaron el toque de queda aprobado por la pandemia de coronavirus con eslóganes pro-Erdogan y amenazas contra la comunidad armenia. De hecho, en el conflicto de Nagorno-Karabakh, Turquía apoya militarmente a Azerbaiyán en lo que supone la enésima demostración de cómo se mezclan la política exterior y los desórdenes internos. También en Lyon, un joven afgano armado con un cuchillo que “parecía dispuesto a pasar a la acción” y que ya había sido identificado por los servicios secretos fue arrestado por la policía. Sin embargo, el hombre que fue abatido por la policía en Avignon no estaba vinculado al terrorismo de matriz islámica, aunque probablemente perteneciera a un grupo de extrema derecha.

El terrorista de Niza parece ser un joven tunecino de 21 años llamado Brahim Aouissaoui. Desembarcó en la isla de Lampedusa a finales de septiembre y habría llegado a Francia el 9 de octubre tan solo con un documento de la Cruz Roja italiana y un ejemplar del Corán. Según Arianna Poletti, la mayoría de los tunecinos que llegan a Italia son repatriados pero, cuando los centros de repatriación se llenan, algunos consiguen un pase para cruzar la frontera. Sin embargo, la identificación es confusa y a menudo se pierde su rastro. Parece por tanto un caso diferente a los anteriores atentados terroristas, donde los autores eran sobre todo musulmanes de segunda generación radicalizados en Francia, pero habrá que seguir esperando el resultado de las investigaciones.

Perspectivas de futuro en la relación entre laicidad e islam

El clima es muy tenso en Francia, como describe el New York Times. Las afirmaciones de Macron sobre el “separatismo islamista” y la necesidad de crear un “islam ilustrado” han causado cierta “desorientación en los casi seis millones de musulmanes franceses, la mayor parte de los cuales condenan la violencia, pero temen que se los etiquete de terroristas”. De hecho, algunos ya han pasado al ataque, afirmando que casos como el de Samuel Paty muestran una “continuidad sustancial entre el islamismo ordinario y el terror sanguinario”.

En un artículo colectivo publicado en Le Monde después del asesinato de Samuel Paty, un grupo de intelectuales de Oriente medio advierte del riesgo de ceder al enfrentamiento puramente ideológico que representan el nihilismo islámico y el racismo anti-musulmán. “El mundo actual, en su diversidad y unidad, está en crisis. Nada une más a sus componentes entre sí. Los musulmanes y su religión forman parte de él, nos guste o no. Emmanuel Macron no se equivoca al decir que el islam está en crisis. Muchos intelectuales del mundo musulmán, creyentes o no, lo repiten desde hace décadas, y con palabras más duras. Pero no ha dicho nada de la otra crisis que sufre nuestro mundo y que agrava la más específica del islam. Ni ha mencionado el hecho de que la crisis del islam, que se manifiesta especialmente con el recrudecimiento del yihadismo nihilista en su seno, se está agravando al intensificarse, en Occidente y en otros lugares, la xenofobia y el racismo”.

Según Vittorio Emanuele Parsi, existe el riesgo de que “dos sociedades crezcan una dentro de la otra, una hostil a la otra, dispuestas a dilapidarse y a hacer pedazos cada idea del espacio común republicano”. Para impedirlo, el Estado francés “no debe ser ni mostrarse solo indiferente ante los riesgos de discriminación hacia una parte de su población o a las peores consecuencias y perspectivas económicas y sociales para los musulmanes en Francia. Las instituciones francesas no pueden evadir su responsabilidad ante los ‘banlieue’ (barrios de la periferia) y sus habitantes, pues de lo contrario de nada valen las necesarias –cuando están justificadas– intervenciones represivas contra una u otra organización islamista”.

Por último, Bloomberg recuerda que el primer ministro de Paquistán, Imran Khan, se ha unido a Erdogan al criticar el tratamiento de los musulmanes en Francia, de un modo un tanto hipócrita, dado su silencio ante el tratamiento de los uigures en China, confirmando que esta cuestión puede estar vinculada a la percepción de respectivas relaciones de fuerza. También se ha unido al coro el ex primer ministro de Malasia, que en un tuit delirante afirmó que “los musulmanes tienen derecho a matar a millones de franceses” por su pasado colonial.

Bobby Ghosh afirma que “después del atentado de Niza, los tres tienen la posibilidad de alzarse sobre sí mismos. El presidente francés querrá reafirmar de nuevo su compromiso con la libertad de expresión, pero también debería dirigirse hacia la rabia y ansia de los ciudadanos musulmanes franceses. Debe tranquilizarles ante el hecho de que no estarán en el punto de mira de las acciones de ciertos extremistas. (…) A su vez, Erdogan y Khan deberían condenar con contundencia los atentados de Niza –las melosas expresiones de “lamento” no bastan– y servirse de sus fuerzas del orden para reprimir a quienes han promovido el odio e invocado la violencia contra Francia. Ahora es más importante que nunca lo que puedan decir estos líderes”.

Oasis

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