Alesha Sigov, Kiev

Mentiras sobre Ucrania

Mundo · Carta a una amiga rusa
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5 marzo 2014
Publicamos por su interés la carta de una de las personas que han apoyado el cambio en Ucrania a una amiga rusa.

Publicamos por su interés la carta de una de las personas que han apoyado el cambio en Ucrania a una amiga rusa.

No soy un político, no soy un militante y ni tampoco soy un periodista. Soy solo un ciudadano de Kiev que ama profundamente su ciudad y su país. Los amo hasta tal punto que me siento realmente en casa, cierto y sereno, cuando estoy en cualquier otra parte del mundo. Me pide que comparta con usted mis pensamientos, y lo hago con gran alegría. Porque hay ciertas cartas que se desea más escribir a un amigo que no al omnívoro internet.

Estoy cansado. Estoy cansado de pensar continuamente en la política. Cansado de resistirme a ser arrastrado por este incontenible río de informaciones que siempre hay que atravesar con cuidado para poder encontrar una brizna de verdad. Pero estoy firmemente convencido de una cosa: si tuviera que dejarme arrastrar precisamente ahora, me sentiría cansado por el resto de mi vida. ¡Y eso no entra en absoluto en mis planes! Por eso, la única vía de salida es combatir el cansancio, hacer algo. Me sorprende cuántos cientos de personas a mi alrededor hacen lo mismo: es una reacción en cadena. Pero ahora no estamos hablando de esto. Estamos hablando de Ucrania y Rusia. Y, Dios lo quiera, de la verdad.

¿Qué es lo que está pasando aquí?

1. La anulación de la ley sobre las lenguas. El Parlamento, para obtener el consenso del Maidan, ha tomado una decisión puramente populista: anular la ley de las lenguas, porque la mayor parte de la gente del Maidán era ucraniano parlante. ¿Cómo ha reaccionado a esto el Maidán? La mayoría ha pensado que se habían vuelto locos: ¿qué pintaba ahora esta ley cuando nuestra exigencia era la de abrir un proceso para juzgar a quienes han asesinado a decenas de personas? Y, más aún, ¿qué pinta una ley que lo único que puede hacer es ofender a la Ucrania oriental? De todos modos, la ley de las lenguas no ha sido anulada, porque Turchinov, que hace las veces de presidente, se ha negado a firmar el decreto.

2. El sector de la derecha (es decir, el mal absoluto). El líder del sector de derecha, Dmitrij Jarosh, se ha reunido hace unos días con el cónsul de Israel para asegurarle que el antisemitismo es algo inaceptable para ellos. No digo que el sector de la derecha no sea de derechas, digo solo que es algo absolutamente tratable.

3. Banderovcy/fascistas/nazistas/extremistas. Admitamos incluso que existan y que hayan llegado ya a Kiev, donde uno de cada dos (si no más) tiene un apellido ruso, hebreo, polaco, alemán u otro. ¿Cómo lo han hecho?, ¿han llegado sigilosamente y han persuadido a los cuatro millones de habitantes de Kiev?, ¿o quizá los rusos piensan todavía que Kiev no ha sostenido el Maidán y que los periodistas occidentales han estado todos pagados para no decir al mundo la verdad? Sé por experiencia que los franceses y los alemanes son siempre más ágiles que los rusos para reaccionar contra la retórica radical de derecha. Y, sin embargo, ahora callan.

4. La propaganda rusa. Es difícil imaginar cómo se siente uno cuando todos los días (yo particularmente) nos vemos sepultados por las toneladas de escombros, mentiras y provocaciones por parte del Kremlim. Pongo algunos ejemplos: A)

la televisión rusa muestra una larga cola de coches que huyen en la frontera Rusia-Ucranis (y en realidad, se trata de la frontera con Polonia); B) un habitante de Crimea habla de continuas amenazas (y luego se ha descubierto que se trataba de un actor profesional al que habían pagado); C) las mujeres que lloran en Sebastopol diciendo que han llegado desde una Odesa “infectada” (y en realidad, esas mismas mujeres estaban en Jarkov el día anterior); D) el héroe de Jarkov que ha hizado la banderea rusa (era un provocador llegado directamente, ni más ni menos, que de Moscú). Y mucho más.

5. La eliminación de Lenin. Yo no amo a Lenin y estoy contento de que ya no esté en  la plaza Bessarabskaya de Kiev. Pero entiendo que quitar los monumentos de Lenin y encima destruirlos, querría decir, en este preciso momento, asustar mortalmente a muchas personas. Al fin y al cabo, toda ciudad tiene derecho a decidir a quién debe erigir los monumentos de sus calles. Pero, de todos modos, ¿es tan evidente el silogismo: hemos tirado a Lenin, ahora nos matarán a todos?, ¿qué significa este pánico? Los monumentos de Lenin los han quitado no los misteriosos fascistas, sino gente que odia el comunismo y de esta gente hay en cada región de Ucrania.

6. No niego que haya personas de derechas en Ucrania. Como tampoco niego que en Jarkov, Sebastopol, Doneck y otras ciudades, miles de personas hayan participado en las manifestaciones pro-Rusia. Esta es nuestra realidad ucraniana. A nosotros nos toca encontrar caminos para la pacificación, para el respeto y la comprensión recíprocas. Nos toca a nosotros vivir con esto.

Y no entiendo a los que quieren hacernos la guerra. Ciertamente usted no, como no lo quieren tampoco tantos otros amigos rusos. No lo quieren todas las personas que han salido valientemente a las plazas para protestar. Y también difícilmente irán a combatir quienes los han etiquetado vilmente. Y los que se pasan el día incitando a la guerra en internet serán los últimos en partir. Y yo, si fuera necesario, iré a defender a Ucrania. Ya me he enrolado como voluntario. Yo, que no quiero luchar. Yo, que seré siempre vuestro amigo de Kiev.

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