Los cristianos árabes se preguntan por la carta abierta

Mundo · Paul Hinder
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21 abril 2008
No hay duda de que la "Carta abierta y llamamiento de los líderes religiosos musulmanes" con ocasión del Eid al-Fitr (Banquete de la Caridad, el pasado 13 de octubre) se debe considerar como un hecho histórico. Una carta o mensaje de este tipo, dirigida a los principales líderes cristianos, es algo sin precedentes. Las 138 firmas de musulmanes de casi todo el mundo son dignas de tomarse en consideración. Como ha declarado el cardenal Tauran, es la primera vez que un documento así cita no sólo el Corán o algunas fuentes cristianas no canónicas, como por ejemplo el evangelio de Bernabé, sino también la Biblia, de reconocimiento canónico.

Los musulmanes invitan a los cristianos a una palabra común sobre la base de dos mandamientos que comparten ambas religiones: el amor a Dios y el amor al prójimo. Ambos mandamientos aparecen como territorio común, presente tanto en el Corán como en la Biblia. Deberían ser suficientes como para establecer una base recíproca para ayudar a las dos confesiones en la resolución de sus problemas más urgentes y evitar el choque entre ambas, lo que tendría resultados desastrosos para el mundo entero.

Seguramente, hay personas más competentes que yo para hacer un análisis sobre este texto. Me refiero, por ejemplo, al padre jesuita Christian W. Troll o a Samir Khalil Samir, entre otros muchos estudiosos cristianos especializados en el islam. Antes que nada, quisiera expresar mi gratitud a los autores de la carta. Son musulmanes que nos tienden la mano, y nosotros debemos tomarla. Creo que la "carta abierta" no va a quedar sin una respuesta positiva por parte de los cristianos, incluso a pesar de que haya muchas cuestiones aún pendientes.

Cada esfuerzo por acercarse a una comprensión común es bienvenido, por pequeño que parezca. Es verdad, luego necesitamos aclarar si "el amor de Dios" y el "amor al prójimo" tienen el mismo significado en ambas religiones. Otro punto crucial podría consistir en el hecho de que los cristianos no pueden ver a Jesucristo simplemente como un profeta más, sino que profesan su divinidad como Hijo vivo de Dios dentro de la fe en un solo Dios en tres Personas. Aun así, la carta abierta puede ser un primer paso crucial hacia el descubrimiento de un ámbito común que nos permita decir una palabra común. ¿Esta palabra será clara, además de común?

Viviendo todos los días en un país musulmán y siendo obispo para los fieles católicos en seis países de la Península Árabe, incluida Arabia Saudita, estoy particularmente contento con este lenguaje conciliador, que revela la buena intención de sus autores. Al mirar a alguno de los firmantes, se podría preguntar si algunas de sus declaraciones o publicaciones anteriores se van a reinterpretar a la luz de esta carta, o si la credibilidad de ésta tendrá que sufrir a causa de los antecedentes de sus autores.

Estaré más que contento si resulta correcta la primera de estas dos suposiciones. En realidad, no podemos hablar del amor de Dios ni del amor al prójimo sin pretender una posición clara respecto a la dignidad humana de cualquier persona y del derecho, de un hombre o de una mujer, a vivir y crecer en libertad. Ambas religiones deben mirar de forma crítica su propia historia y llegar a una respuesta clara, sin condiciones ni "pero", con aplicaciones concretas.

Para los cristianos, el amor va más allá del prójimo, pues comprende también al enemigo, pertenezca o no a la propia religión, pues nuestro Padre celestial "hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace caer la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5,45). En ningún caso, por tanto, Dios podría ser invocado como instigador de odio hacia el otro ni como impulsor del mal perpetrado a otros, sean quienes sean.

Comparto plenamente la declaración de Aref Ali Naced en su carta de agradecimiento por el mensaje del Vaticano con ocasión de la conclusión del Ramadán 2007: "Debemos estar unidos en la condena de toda crueldad, incluso contra una sola alma entre las criaturas de Dios, porque eso equivale a atacar a toda la humanidad. Debemos estar unidos en la compasión hacia toda crueldad, venga de donde venga".

Respecto al amor de Dios y el amor del prójimo, judíos y cristianos tienen literalmente un ámbito común, mencionado explícitamente en la carta de los 138 musulmanes. Examinando el contenido y las citas de la carta abierta, me sorprende que se dirija sólo a los líderes cristianos y no a los hebreos. ¿No será una ocasión perdida? Esta ausencia es tanto más deplorable cuanta más importancia cobre el hecho de que los judíos están implicados en la situación política del Medio Oriente: una respuesta a esta pregunta se puede encontrar, al menos parcialmente, en la aplicación de los dos mandamientos principales por parte de todos. Una palabra común debería incluir, por tanto, también a los hebreos. ¿Acaso el Corán no se dirige a judíos y cristianos cuando habla de las "gentes del Libro"?

El camino para vencer los miedos y prejuicios y para sanar las heridas de la memoria colectiva en ambas partes será muy largo. Después de muchas dificultades, la Iglesia católica culminó un paso importante en el Concilio Vaticano II al declarar explícitamente el respecto hacia las religiones no cristianas, especialmente judíos y musulmanes, y al afirmar el principio de la libertad religiosa como base de un auténtico seguimiento de Dios para el individuo.

Cristianos y musulmanes están llamados no sólo a aceptar, sino también a crear las condiciones socio-políticas que permitan al ser humano buscar a Dios según su propia conciencia, de hombre o de mujer, y creer libremente, sin amenazas ni violencia de nadie. ¿No es ésta una verdadera consecuencia de los dos mandamientos del amor? Si estamos de acuerdo en esto, podremos también hablar libremente, respetuosamente y sin miedo de las diferencias que existen entre las religiones. ¡Que Dios, nuestro Padre del cielo, nos bendiga y nos indique el recto camino!

Paul Hinder es obispo de la Península Arábiga

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