Entrevista a Antonio Rubio Plo

Las aventuras de la inteligencia

Cultura · Juan Carlos Hernández
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17 diciembre 2023
Conversamos con Antonio Rubio Plo sobre su último libro "Las aventuras de la inteligencia" una mirada humana sobre nuestros autores favoritos.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? De todos los viajes, ¿Cuál te ha marcado más?

Este libro surgió por la idea de que los viajes, al menos como yo los entiendo, no han de ser únicamente un ir, entrar, ver, salir, y pasar al siguiente sitio. Eso, a lo mejor, es más propio para un viaje por una agencia de viajes como en una película antigua que se llamaba “Si hoy es martes, esto es Bélgica” tenían un viaje programado y realmente no sabían a dónde iban, solamente sabían que era martes. No pretendía eso. Viaje casualmente, en el sentido que no lo tenía preparado, con mi familia y después empezó a tenerlo yo un poco más organizado y decir voy a tal sitio u al otro y en gran parte fue a través de Francia y sobretodo París. Los viajes me han enamorado de París completamente. Un amigo me decía “París donde surge la Revolución francesa con el terror, y París es el mundo de una sociedad burguesa, libertina que retrata muy bien Balzac y otros autores, ¿Qué espíritu ves ahí?”

Para eso me remitiría a uno de los capítulos del libro sobre la filósofa Raïsa Maritain, la esposa de Jacques Maritain, que recomiendo porque hace un canto de amor a París y que no me resisto reproducir ahora mismo

Yo no puedo escribir tu nombre, ciudad bien amada, sin una nostalgia profunda, sin un inmenso dolor […] ¡Ciudad de grandes sufrimiento, de grandes amores! […] ¡Símbolo de belleza y memorial de la cristiandad! Ciudad de grandes pecados, pero ¿quién está sin pecado? ¡Ciudad donde el bien sobrepasa el mal, y la verdad al error! ¡Capital de la libertad! ¡Tú, donde el aire es tan ligero y el cielo tan dulce!

Dedico 11 de los 23 capítulos a París y eso indica lo que me ha marcado más.

Yo diría que es un libro que nos permite acercarnos a la humanidad de algunos de nuestros autores favoritos y, por tanto, comprender mejor sus obras. Esa mirada tuya sobre los autores está llena de compasión. 

Es una mirada de compasión, de misericordia, de no quedarse únicamente en las apariencias externas, de ir más allá y uno encuentra todo. Como la anécdota del Evangelio apócrifo en la que Jesús va con sus discípulos y había un perro muerto y en descomposición y Jesús se fija en su dentadura tan hermosa a pesar de que el cadáver olía mal. Hay que saber buscar y lo de San Pablo de “valorarlo todo y quedaros con lo bueno”. Porque siempre hay algo bueno.

«A pesar de los esfuerzos de Pablo VI, Greene hubiera preferido que El poder y la gloria estuviera en la lista de libros prohibidos»

De Graham Greene dices que no le gustaba que lo definieran como un escritor católico que no es lo mismo que un católico escritor. ¿Por qué?

Seguramente Greene huía de la idea de formar parte del elenco de escritores oficialmente católicos, recomendados en ambientes católicos porque sus libros no eran precisamente muy católicos en el sentido moral. Por ejemplo, uno de sus personajes más conocidos que era el sacerdote en «El poder y la gloria» no era precisamente un ejemplo moral católico en muchas ocasiones. En otras sí porque la gracia aparece cuando menos se lo espera. Lo primero es ser un católico o un cristiano y luego desarrollar su actividad, su profesión de escritor en este caso porque lo otro parece más una etiqueta, un añadido.

Hay una anécdota que relato en el libro en una audiencia con Pablo VI donde este le comenta que hizo lo posible y lo consiguió para que “El poder y la gloria” no fuera incluido en el índice de “libros prohibidos” en los años 50. Y Greene le contestó: “¡qué lástima! ya que se hubieran vendido más ejemplares».

Es un libro valiente en el que no se censura ninguna cuestión controvertida. Por ejemplo, se afirma citando a Unamuno que “la fe que no duda es una fe muerta”. Y en otro momento te refieres a Newmann que dice que “la fe no es algo estático”

Cuando se separa la fe de la vida, la vida también acaba separándose de la fe. Si uno no es coherente llega un momento en que esto es un pegote, un añadido, un compromiso moral o una tradición pero no forma parte de tu vida. Esto lo solía recordar el filósofo danés Kirkegaard que hablaba del cristianismo de los que iban al servicio religioso y el resto de la semana no se acordaban mucho.

En un tiempo que no es culturalmente favorable ¿Corremos el riesgo los católicos de encerrarnos en una burbuja? ¿Qué nos perdemos si actuamos así?

Perdemos todo, nos acomodamos en nuestra zona de confort y creemos que estamos protegidos en nuestra isla, la tentación de convertir el mundo en un inmenso “monasterio” de alguna forma en el que de ahí no salimos. Y nos acabamos convirtiendo, los católicos, en una imitación de algunas comunidades protestantes de los EE.UU. Acabamos siendo un pequeño grupito que se relacionan sólo entre ellos, que se casan entre ellos y tienes sus hijos y cuando esos hijos acceden al mundo esa vida que les ha inculcado contrasta y se produce una ruptura

Has hablado de las consecuencias negativas pero el diálogo que tienes con los autores creo que hace crecer tu fe, es ocasión para verificar tu fe.

No me aparta de mi fe no es tanto porque uno tenga convicciones firmes sino también es la acción de la gracia. Donde abundo el pecado sobreabundo la gracia. Esa frase de San Pablo vale para aplicarla aquí y yo la utilizo para abordar “El poder y la gloria” de Graham Greene.

Lo que mencionabas de Unamuno sobre una fe que no duda es una fe muerta. Efectivamente, la fe muchas veces va acompañada, en la vida, de sentimiento, de ocasiones que parece tambalearse en las que no se ve una salida y podemos dudar y la reacción que viene después, por la gracia hace que no sea una fe muerta.

La fe no es algo estático… la fe sin obras y no solamente las obras externas sino el salir de nosotros mismo tiene mucho que ver.

«No se puede concebir la humanidad sin la relación con el otro»

Hoy en día, en muchas ocasiones, todo parece estar marcado por un emotivismo y por un narcisismo. En vez de mirar a un paisaje bonito y sorprendernos ante el espectáculo nos hacemos un selfie. Y nos falta precisamente este salir de nosotros mismo que citabas antes.

Precisamente hablas de Dickens que afirma que cuando muere la humanidad muere la ciudad. En nuestro país se vive un ambiente cada vez más polarizado. ¿Tiene que ver con esta pérdida de humanidad con la polarización que sufrimos?

Más allá de todas las cuestiones políticas relacionadas es que la ciudad se convierte en un lugar de aislamiento e individualismo. Cada vez son más los hogares donde viven personas solas y es una tendencia al alza. La mentalidad imperante de que tienes que ser tú mismo, superar las dificultades tú mismo, todo uno mismo… al final se pierde humanidad porque no se puede concebir, la humanidad, sin la relación con el otro.

Muchos jóvenes sólo tienen soledad, trabajo y vivir mal. Hay una insatisfacción, no hay futuros, no hay proyectos, tienen que vivir solos en un piso pequeño, con las exigencias de un trabajo cada vez más exigente y después esa inseguridad pues a lo mejor les lleva a relaciones con sus amigos de mera utilidad o las relaciones de pareja que se convierte en una sucesión de una pareja tras otra. Esa insatisfacción la tenemos a gran escala en nuestras ciudades. Se dice que con los sueldos no se puede hacer otra cosa pero yo he visto gente con sueldos más elevados y veo la misma mentalidad.

Ricardo Dudda relacionaba en un artículo la soledad como caldo de cultivo para sociedades con líderes autoritarios, la tentación de un líder fuerte.

Desde el poder hay líderes que aprovechan esa soledad para llevarse detrás a toda una generación que es más fácilmente manipulable como si fuera el flautista de Hamelin. La soledad hace que uno se trastorne y sea más manipulable

Esta insatisfacción también puede ser ocasión para percibir la belleza de algo más grande.

Si hay una búsqueda claro que sí. Como aquella frase de San Agustín que decía “tarde te amé”. Lo buscaba fuera y lo tenía dentro de mí. Pascal también estaba en esa línea. También comprenderá que el Dios escondido está dentro de él y habrá que descubrirlo y cuando lo descubras ese Dios irá al encuentro, irá a buscar a otros porque ese Dios es expansivo. No tiene nada que ver con el “monasterio” de la que hemos hablado antes en el que se siente uno “seguro”.

«Lo divino y lo humano están bien relacionados. No hay que elegir entre Montparnasse y Montmartre»

Hay un momento en el libro en que describe la escena Marie Noël en la estación de tren donde en el andén tiene que elegir entre Montparnasse y Montmartre. La división entre lo divino y lo humano le atormenta. ¿Se pueden separar lo divino de lo humano?

Montparnasse es un barrio de París donde residieron muchos intelectuales en las primeras décadas del siglo XX y luego está Montmartre donde fue martirizado San Dionisio el primer obispo de París y ahí se edifico la Basílica del Sagrado Corazón que, en principio, está rodeado de un ambiente muy poco católico porque el barrio de Montmartre es el barrio de los pintores, de la bohemia… de los excesos de todo tipo. Sin embargo, durante 140 años no ha dejado de estar expuesto el Santísimo Sacramento en la Basílica pese a las guerras y a distintos acontecimientos. Es un lugar donde encuentras todos los días una misa a las 10 de la noche. ¡Nunca he visto nada igual! Ahí puede aparecer la gracia y más abajo encontramos, bajando las escaleras de Montmartre encontramos el Barrio de Pigalle, de cierta mala fama y, sin embargo, todo está ahí.

Marie Noël es una escritora francesa que tiene un director espiritual, llamado Arthur Mugnier, que era al mismo tiempo un hombre que frecuentaba los ambientes intelectuales además de ser sacerdote. La escritora le comenta en una carta, su experiencia después de salir de una exposición en el Petit Palais, museo de Bellas Artes de la ciudad, donde se habían expuesto grande obras de la pintura italiana. En ese momento en el andén de enfrente ponía dirección a Montparnasse y en el otro ponía dirección a Montmartre. Por un lado el ambiente intelectual, Monte de Apolo o Monte Parnaso y, por otro, donde fueron martirizados San Dionisio y sus compañeros. ¿Qué elijo? Yo soy una persona católica pero vivo en un ambiente intelectual en el que la mayoría de los que me rodean creen tener superado todo el tema de la fe cristiana o son anticlericales. ¿Qué puedo hacer? Me refugio en Montmartre y me quedo tranquila en mi fe católica o me voy a Montparnasse y vivo como una más y disfruto… Dice en un momento Marie Noël «yo quiero ir a los dos sitios, no tengo que renunciar a una cosa por la otra». Lo divino y lo humano están bien relacionados. Y por eso su director espiritual le dirá cuándo tiene que ir a un congreso sobre poesía que no tema de hablar de esa poesía porque lo puede hacer tan bien o mejor que los otros intelectuales que van a ir. No hay que elegir entre Montparnasse y Montmartre.

Que le aconsejarías al lector del libro

Que debe ser una invitación a ir más allá de los tópicos, de los cánones establecidos a la hora de abordar a los distintos escritores. En todos podemos encontrar algo, todos nos van a sorprender en una lista larga de 23 autores, dejamos ahí a criterio del lector que quiera saber más sobre ellos

Puedo dar fe que para mí ha sido así leyendo tu libro. La próxima vez que vuelva a leer a Unamuno o a Greene… lo voy a hacer con una simpatía humana que no tenía antes. 

Está bien aunque muchas veces cuando leamos a estos autores habrá cosas que no estemos de acuerdo, pero es enriquecedor el hecho de buscar el lado humano, el lado positivo y tratar de ponerse uno en los zapatos de la otra persona.


 

ANTONIO RUBIO PLO

Las aventuras de la inteligencia. Viaje sentimental y espiritual por Francia e Inglaterra

PPC. 352 páginas. 18,0 €

Puede comprarlo aquí

Foto: Editorial PPC


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