Pacto anticrisis

´La responsabilidad es del Gobierno´, entrevista a José Andrés Gallego

España · Roberto de la Cruz
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28 febrero 2010
Tras la reunión el pasado jueves de la comisión anticrisis -encabezada por los ministros de Economía, Fomento e Industria- el Ejecutivo se ha comprometido a presentar este lunes un documento con medidas que traten de superar las generalidades que llevó a la reunión de la semana pasada. El Partido Popular se muestra escéptico. CiU ha amenazado con levantarse de la mesa si percibe que el Ejecutivo trata de ganar tiempo. El PNV ha señalado que no se va a dejar dar el "abrazo del oso" por parte del Ejecutivo. Entrevistamos a José Andrés Gallego, catedrático de Historia Contemporánea de España. Su obra es referente para comprender lo que sucede en la España de comienzos de siglo.

Ante el reconocimiento de la gravedad de la situación económica, el partido de Gobierno ha decidido buscar un pacto con el resto de fuerzas parlamentarias. ¿Cree necesarias estas alianzas ante la actual coyuntura? ¿Qué efectividad cree que pueden tener?

Sin duda, son imprescindibles. Un problema que deja sin trabajo ni sueldo a cuatro millones de personas y a quienes viven de su sueldo tendría que haber sido, hace mucho, anterior a cualquier otra preocupación. La efectividad dependerá, claro es, del Gobierno en primer lugar: de que asuma las propuestas mejores para resolver esa situación, aunque sean las más impopulares. Si me pregunta si tengo la esperanza de que ocurra así, tengo que decir que no hay razón alguna para confiar en ello. Jamás he oído al presidente del Gobierno una respuesta directa y clara a los problemas que se le han planteado y no ha creado él.
Por tanto, en segundo lugar, la responsabilidad es de los miembros del Gobierno y del Partido Socialista, que son quienes pueden decir que este cuento se acabó, aunque les cueste la poltrona. Y me sorprende su silencio. Callan ante el sufrimiento de cuatro millones de personas más sus parientes. De la oposición, más vale no hablar. No existe. Y tampoco los empresarios y los representantes sindicales dan muestras de que "existan" realmente.

El Gobierno pide que se arrime el hombro y apela al consenso. El principal partido de la oposición no quiere aplicar otras recetas económicas diferentes a las suyas. ¿Es el consenso la solución? ¿Qué echa en falta de las diferentes posiciones? ¿Puede ayudar la experiencia de circunstancias ya vividas?

Una crisis económica tiene tres aspectos fundamentales: los aspectos técnicos, que no se resuelven con consenso, sino con medios técnicamente adecuados; en segundo lugar, los aspectos éticos, que se resuelven con consenso, si es posible, y, si no lo es, por medio de la denuncia ética, de quien pueda tirar la primera piedra; en tercer lugar, con la participación de todos, para lo cual los gobernantes tienen que ser capaces de gobernar de manera que impulsen, entusiasmen incluso, den esperanza… y se les pueda creer. La experiencia de las circunstancias ya vividas son precisamente el problema. Hace falta -en suma- solvencia técnica, solvencia ética e inspirar confianza. Y eso no se consigue con palabras, por lo menos a estas alturas.

Las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas reflejan que la clase política se está convirtiendo en uno de los principales problemas para los españoles. ¿A qué cree que se debe?

A que se ha convertido en una oligarquía. Llamar a esto "democracia" hace temblar los huesos -si quedan- de Platón y Aristóteles. Hay que denunciar el enorme equívoco que supuso, ya en el siglo XIX, llamar "democracia" a un sistema que no es participativo. En el XX, lo que hay que denunciar es que aquellos "partidos" de amigos se hayan convertido en empresas de legitimación (puramente legal) del poder omnímodo de esas gentes. Que, en la crisis actual, sólo uno de ellos (una) haya hecho un gesto -y pequeño- de solidaridad que pase por reducir sus propios sueldos es, simplemente, clamoroso y revelador. ¿Quién puede confiar en quien pide sacrificios y no se sacrifica? No sólo los sueldos, sino los privilegios fiscales y, en general, económicos de los parlamentarios españoles, más la financiación forzada de partidos y sindicatos por su incapacidad de captar socios que paguen, en vez de cobrar, es una prioridad a mi juicio.

Entre los españoles crece la desconfianza hacia los representantes políticos. ¿Se está trasladando la confianza a alguna otra instancia social?

No me parece. Si acaso, se está reforzando -quizás inconscientemente- la seguridad que da el parentesco. Creo advertir que la gente confía más en que los suyos no le dejarán morirse de hambre, si llega el caso, que en los gobernantes (de derecha y de izquierda). Es una especie de situación "aconejada" en la que cada uno defiende a los suyos y lo espera todo de ellos e intenta pasar desapercibido, sobre todo de los del fisco, que se han logrado presentar como las amas de cría de los políticos.

¿Qué destacaría de la forma en que la sociedad española está afrontando la crisis? ¿Cree que hay diferencias significativas con el resto de las sociedades europeas?

A favor, lo que le acabo de decir: la seguridad de la familia, que da fe de su fortaleza. En contra, esa pasmosa pasividad, que nos hace volver la cara hacia otro lado y sobrevivir de manera que no nos enteremos de los millones de personas que no pueden llegar a fin de mes. Recuerdo muchas veces el tremendo dictamen de Ortega, cuando hablaba del español como de un pueblo encanallado. Habría que decirle que, a lo mejor, es así, pero que no deja de ser alentador que, si lo que he leído es verdad, sólo hayan enviado a Haití más dinero los norteamericanos del Canadá y los Estados Unidos. Quizá tenga que ver con el hecho de que los pobres no se pongan a pedir limosna a la puerta de los ministerios ni de las sedes de partidos y sindicatos, sino en el Metro y a la puerta de las iglesias. Y ése es un síntoma tan significativo como las subidas y las bajadas de la bolsa, a despecho de la palabrería. Las moscas van adonde de veras hay miel, por muchos anuncios disuasorios que se les pongan.

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